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miércoles, 29 de julio de 2015

El Anticristo

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El Anticristo

(Los Cuadernos – 20 de agosto de 1943 - María Valtorta)
Dice Jesús:
«Si se observara bien cuanto sucede desde hace algún tiempo, y especialmente desde los inicios de este siglo que precede al segundo milenio, se debería pensar que los siete sellos han sido abiertos. Nunca como ahora Yo me he inquietado por volver entre vosotros con mi Palabra y reunir las tropas de mis elegidos para marchar con ellos y con mis ángeles a presentar batalla a las fuerzas ocultas que trabajan para excavar las puertas del abismo a la humanidad.
Guerra, hambre, pestilencias, instrumentos de homicidio bélico -que son más que las bestias feroces mencionadas por el Predilecto- terremotos, señales en el cielo, erupciones de las vísceras del suelo y llamadas milagrosas a vías místicas de pequeñas almas movidas por el Amor, persecuciones contra mis seguidores, elevación de las almas y bajezas de los cuerpos, no falta nada de los signos por los cuales puede pareceros próximo el momento de mi Ira y de mi Justicia.
En el horror que tenéis, exclamáis: "¡El tiempo ha llegado; más tremendo de esto no puede ser!". Y llamáis con gran voz al final que os libere. Lo llaman los culpables, mofándose y maldiciendo como siempre; lo llaman los buenos que ya no pueden más de ver al Mal triunfar sobre el Bien.
¡Paz, elegidos míos! Todavía un poco y después vendré. La suma de sacrificio necesaria para justificar la creación del hombre y el Sacrificio del Hijo de Dios no está cumplida aún. Todavía no ha terminado la formación de mis cohortes y los ángeles del Signo aún no han puesto el sello glorioso sobre todas las frentes de quienes han merecido ser elegidos para la gloria.
El oprobio de la tierra es tal que su humo, en poco diferente del que mana de la morada de Satanás, sube hasta los pies del trono de Dios con sacrílego ímpetu. Antes de la aparición de mi Gloria es necesario que oriente y occidente sean purificados para ser dignos del aparecer de mi Rostro.
Incienso que purifica y aceite que consagra el gran, infinito altar donde la última Misa será celebrada por Mí, Pontífice eterno, servido en el altar por todos los santos que tendrán en aquella hora el cielo y la tierra, son las oraciones y los sufrimientos de mis santos, de los dilectos de mi Corazón, de los que ya están señalados con mi Signo: de la Cruz bendita, antes de que los ángeles del Signo les hayan contraseñado.
El signo se graba sobre la tierra y vuestra voluntad es quien lo graba. Después los ángeles lo llenan con un oro incandescente que no se borra y que hace resplandecer como el sol vuestra frente en mi Paraíso.
Grande es el horror de ahora, dilectos míos; pero ¡cuánto, cuánto, cuánto tiene que aumentar todavía para ser el Horror de los últimos tiempos! Y si parece verdaderamente que el ajenjo se haya mezclado con el pan, con el vino, con el sueño del hombre, mucho, mucho, mucho más ajenjo debe gotear aún en vuestras aguas, sobre vuestras mesas, sobre vuestros lechos antes que hayáis alcanzado la amargura total que será la compañera de los últimos días de esta raza creada por el Amor, salvada por el Amor y que se ha vendido al Odio.
Que si Caín anduvo vagando por la tierra por haber matado una sangre, inocente, pero siempre sangre contaminada por el pecado original, y no encontró quien le quitase el tormento del recuerdo porque el signo de Dios estaba sobre él para su castigo -y generó en la amargura y en la amargura vivió y vio vivir y en la amargura murió- ¿qué debe sufrir la raza del hombre que mató de hecho y mata, con el deseo, la Sangre inocentísima que le ha salvado?
Por lo tanto pensad que éstos son los síntomas, pero aún no es la hora.
Están los precursores de aquel que he dicho pueda llamarse: "Negación", "Mal hecho carne", "Horror", "Sacrilegio", "Hijo de Satanás", "Venganza", "Destrucción", y podría continuar dándole nombres de indicación clara y pavorosa. Pero él no ha llegado aún.
Será persona que estará muy en alto, en lo alto como un astro. No un astro humano que brille en un cielo humano. Sino un astro de una esfera sobrenatural, el cual, cediendo al halago del Enemigo, conocerá la soberbia después de la humildad, el ateísmo después de la fe, la lujuria después de la castidad, el hambre de oro después de la evangélica pobreza, la sed de honores después de la ocultación.
Será menos espantoso ver caer una estrella del firmamento que ver precipitar en las espirales de Satanás a esta criatura ya elegida, la cual copiará el pecado de su padre de elección. Lucifer, por soberbia, se convirtió en el Maldito y el Oscuro. El Anticristo, por soberbia en esta hora, se convertirá en el maldito y el oscuro después de haber sido un astro de mi ejército.
Como premio por su abjuración, que sacudirá los cielos bajo un estremecimiento de horror y hará temblar las columnas de mi Iglesia en el temor que suscitará su precipitar, obtendrá la ayuda completa de Satanás, quien le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra. Pero que lo abra del todo para que salgan los instrumentos de horror que Satanás ha fabricado durante milenios para llevar a los hombres a la total desesperación, de tal modo que, por sí mismos, invoquen a Satanás como Rey y corran al séquito del Anticristo, el único que podrá abrir de par en par las puertas del abismo para hacer salir al Rey del abismo, así como Cristo ha abierto las puertas de los Cielos para hacer salir la gracia y el perdón, que hacen a los hombres semejantes a Dios y reyes de un Reino eterno en el que Yo soy el Rey de los reyes.
Así como el Padre me ha dado a Mí todo poder, Satanás le dará a él todo poder, y especialmente el poder de seducción, para arrastrar a su séquito a los débiles y a los corrompidos por las fiebres de las ambiciones como lo está él, su jefe. Pero en su desenfrenada ambición aun encontrará demasiado escasas las ayudas sobrenaturales de Satanás y buscará otras ayudas en los enemigos de Cristo, los cuales, armados con armas cada vez más mortíferas, cuanto les podía inducir a crear su libídine hacia el Mal para sembrar desesperación en las muchedumbres, le ayudarán hasta que Dios no diga su "Basta" y les aniquile con el fulgor de su figura.
Mucho, demasiado -y no por sed buena y por deseo honesto de repararse del mal apremiante, sino más bien tan sólo por curiosidad inútil- mucho, demasiado se ha cavilado a lo largo de los siglos, sobre cuanto Juan dice en el capítulo 10 del Apocalipsis. Pero sabe, María, que Yo permito que se sepa cuanto puede ser útil saber y oculto cuanto encuentro útil que no sepáis.
Sois demasiado débiles, pobres hijos míos, para conocer el nombre de honor de los "siete truenos" apocalípticos. Mi ángel ha dicho a Juan: "Sella lo que han dicho los siete truenos y no lo escribas". Yo digo que no es aún la hora de que se abra lo que está sellado y que si Juan no lo escribió Yo no lo diré.
Por lo demás no os toca a vosotros probar ese horror y por ello... Sólo os queda orar por aquellos que lo deberán padecer, para que la fuerza no naufrague en ellos y no pasen a formar parte de la turba de quienes bajo el azote del flagelo no conozcan penitencia y blasfemen a Dios en lugar de llamarle en su ayuda. Muchos de éstos están ya en la tierra y su semilla será siete veces siete más demoníaca que ellos.
Yo, no mi ángel, Yo mismo juro que cuando haya terminado el trueno de la séptima trompeta y se haya cumplido el horror del séptimo flagelo, sin que la raza de Adán reconozca a Cristo Rey, Señor, Redentor y Dios, e invoque su Misericordia, su Nombre en el cual está la salvación, Yo, por mi Nombre y por mi Naturaleza, juro que pararé el instante en la eternidad. Cesará el tiempo y comenzará el Juicio. El Juicio que divide para siempre el Bien del Mal después de milenios de convivencia sobre la tierra.
El Bien volverá al manantial del que ha venido. El Mal precipitará donde ya precipitó desde el momento de la rebelión de Lucifer y de donde salió para turbar la debilidad de Adán en la seducción del sentido y del orgullo.
Entonces se cumplirá el misterio de Dios. Entonces conoceréis a Dios. Todos, todos los hombres de la tierra, desde Adán hasta el último nacido, reunidos como granitos de arena sobre la duna de la playa eterna, verán a Dios Señor, Creador, Juez, Rey.
Sí, veréis a este Dios que habéis amado, blasfemado, seguido, escarnecido, bendecido, vilipendiado, servido, huido. Lo veréis. Sabréis entonces cuánto merecía vuestro amor y cuánto mérito era servirle.
¡Oh! ¡alegría de quienes se hayan consumado a sí mismos en el amarle y en el obedecerle! ¡Oh! ¡terror de quienes han sido sus Judas, sus Caínes, de quienes han preferido seguir al Antagonista y al Seductor en lugar de al Verbo humanizado en quien está la Redención; de Cristo: Camino hacia el Padre; de Jesús: Verdad santísima; del Verbo: Vida verdadera!».

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Especial de Santa Bernardita Soubirous

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Dieciocho Apariciones de la Santísima Virgen, La Inmaculada Concepción, en la Gruta de Massabielle, Lourdes, Francia; del 11 de Febrero de 1858  al 16 de Julio de 1858 
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Vidente María Bernardita Soubirous[1] de 14 años
Se llama ‘Mensaje de Lourdes’ a los gestos y palabras que intercambiaron la Santísima Virgen y Bernardita, en la Gruta de Massabielle, Lourdes, Francia, durante las 18 Apariciones, desde el 11 de Febrero al 16 de Julio de 1858.
Jueves, 11 de Febrero de 1858
Primera Aparición de la Virgen: El Encuentro.

Aquel jueves, 11 de Febrero, se había terminado la leña en la casa y Bernardita se ofreció para ir a recogerla cuesta abajo, a la vera del torrente Gave, con su hermana Toinette y Juana Abadie, a quien llamaban Baloum. Las tres niñas descendieron hasta la gruta de Masse-Vieille o ‘Piedra Vieja’. En tiempos de Bernardita, esa gruta era un lugar sucio, oscuro, húmedo y frío. La llamaban «el cubil de los cerdos», porque allí iban a resguardarse los cerdos que pastaban en los alrededores.
Según su relato, Bernardita oyó un fuerte rumor de viento. ¡Qué es esto!, —se decía—. Sin embargo, las hojas de los árboles estaban inmóviles. El ruido del viento empezó de nuevo y más fuerte en la gruta. Bernardita notó entonces que sólo un arbusto que estaba en la gruta se movía con el viento, mientras los demás permanecían inmóviles. Y ahí, desde el fondo de la gruta, emergió una nube dorada e inmediatamente una maravillosa Aparición se destacaba delante de ella, deteniéndose sobre el arbusto de rosas silvestres que estaba a la entrada de la gruta. En este mismo momento empezaron a sonar las campanas de la Iglesia parroquial y se oyó el canto del Ángelus.
Así narró Bernardita la Primera Aparición:
‘En la abertura de una roca, llamada cueva de Masse-Vieille, vi a una ‘Joven’. Creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la Joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. La Mujer vestía túnica blanca con un velo que Le cubría la Cabeza y llegaba hasta los Pies, sobre cada uno de los cuales tenía una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de Su Rosario. El ceñidor de la túnica era azul. (...) Tuve miedo. Después vi que la Joven seguía sonriendo. Eché mano al bolsillo para coger el Rosario que siempre llevo conmigo y se me cayó al suelo. Me temblaba la mano. Me arrodillé. Vi que la Joven se santiguaba... Hice la Señal de la Cruz y recé con la Joven... Mientras yo rezaba, Ella iba pasando las cuentas del Rosario (...) Terminado el Rosario, me sonrió otra vez. (...) Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez.’
Cuando las otras dos niñas volvieron a la gruta vieron a Bernardita de rodillas. Se rieron de ella, le dijeron que estaba loca, mientras le preguntaban si volvería con ellas o se quedaría allí. Bernardita preguntó a las otras niñas si habían visto algo en la gruta y al responderle éstas que no, les contó su experiencia y les pidió silencio. Pero la hermana de Bernardita se lo contó a su mamá. La madre no le creyó y ordenó a Bernardita que se dejase de imaginaciones y que le estaba prohibido regresar a la gruta. Esa noche, mientras rezaban el Rosario en familia, Bernardita rompió en llanto, repitiendo su invocación favorita: “¡Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a Vos!”
La ‘Joven’, a quien Bernardita comenzó llamando ‘Aquella’ y después ‘Señora’, se le presentaría dieciocho veces.
Domingo, 14 de Febrero de 1858
Segunda Aparición de la Virgen: Usa el Agua Bendita.

El día 14 de Febrero, las niñas insistieron en que les dieran permiso para regresar a la gruta. Todos pensaban que lo que le había pasado a Bernardita era un engaño del demonio, y entonces le dijeron que fuera a la gruta y rociara agua bendita. Así huiría el demonio y se quedarían tranquilos.
Cuando llegaron a la gruta, Bernardita les pidió que se arrodillaran a rezar el Rosario.Apareció de nuevo la Virgen. El rostro de Bernardita se transfiguró. Ésta tiró el agua bendita y dijo: “Si vienes de parte de Dios, acércate a nosotras.” El agua bendita llegó hasta los Pies de la Virgen, quien sonriendo con más dulzura se acercó a Bernardita. Tomó el Rosario y se persignó con él. Empezaron ambas a rezarlo.
Bernardita estaba como muerta, su mirada extasiada fija en la gruta, tan así que las otras niñas empezaron a llorar ruidosamente. Esto atrajo a dos mujeres del cercano molino Savy. Cuando vieron a Bernardita en éxtasis trataron de moverla, de interrumpir su visión, pero nada de esto fue posible. Entonces, una de ellas fue a buscar a su hijo Antonio, un joven de 28 años. Él se quedó maravillado de lo que vio: el rostro de Bernardita era una visión celestial, no se sintió digno siquiera de tocarla. Obligado por su madre, Antonio tomó a Bernardita en sus brazos y la llevó hacia el molino Savy. En todo momento ella mantuvo sus ojos clavados en un punto por encima de su rostro. Al llegar al molino Bernardita volvió lentamente en sí, dejando el éxtasis.
Cuando su madre llegó al molino estaba furiosa, y si no castigó a su hija fue porque las señoras y Antonio la reprendieron. ¡Como se atrevía a enojarse con alguien que era más un ángel que una niña! Al atardecer ya toda la población comentaba las maravillas que ocurrían en la gruta de Lourdes, pero a los comentarios se unían las burlas, desprecios e insultos.
Jueves, 18 de Febrero de 1858
Tercera Aparición de la Virgen: La Señora le dice que no le promete la felicidad de este mundo, sino la del otro.

Luego de muchas discusiones e intentos de vencer su moral y convicción interior, los padres de Bernardita empezaron a creerle, ya que ella jamás había mentido antes y se caracterizaba por su obediencia. Además, los convenció la naturalidad con que ella exponía los eventos y sus más pequeños pormenores.
El 18 de Febrero una señora y una religiosa deseaban acompañar a Bernardita a la gruta. Fueron con ella primero, a la Santa Misa de las 5:30 a.m. y de allí se dirigieron a Massabielle. Bernardita caminaba tan rápido que parecía como si una fuerza superior la empujase hacia allá. Se arrodilló y empezó el rezo del Rosario, lanzó un grito de júbilo al ver al fondo de la gruta a la Señora. Le preguntó si se podían quedar sus dos acompañantes y la Virgen dijo que sí. Ellas también se arrodillaron y se pusieron a rezar mientras encendían una vela bendita.
A pedido de una de las señoras, Bernardita le pasó un papel a la Virgen pidiéndole que escribiera cualquier cosa que deseaba comunicarle. Bernardita también Le preguntó Su Nombre. La Señora no se lo dijo de momento, pero le propuso una cita diaria durante quince días.
La Virgen le dijo:

“Lo que tengo que decirle, no es necesario escribirlo. ¿Quiere usted hacerme el favor de venir aquí durante quince días?” 

Bernardita queda desconcertada. Fue la primera vez que alguien me trató de usted,       —dirá luego—. Y explicará esta expresión añadiendo: “Me miraba como una persona mira a otra persona.”
Bernardita le prometió ir por quince días y la Virgen le respondió:
“Yo no le prometo la felicidad de este mundo, sino la del otro.”
Viernes, 19 de Febrero de 1858
Cuarta Aparición de la Virgen: Las Velas delante de la Gruta.

El rumor de las Apariciones se esparció rápidamente y una gran multitud acudió a la gruta a partir de entonces.
El 19 de Febrero, llegó Bernardita a la gruta acompañada de sus padres y un centenar de personas. A partir de este día, iba a todas las Apariciones con una vela encendida. Al final de la Aparición, Bernardita se dirigió hasta el fondo de la gruta y allí dejó la vela encendida, apoyándola en la roca. Esta vela quizás en un momento fue la única; ahora son millones las que arden constantemente ante la imagen de la Virgen.
Sábado, 20 de Febrero de 1858
Quinta Aparición de la Virgen: La Oración Personal.

Alrededor de 500 personas la acompañaban. La Señora y Bernardita se hablaban en confidencia. La Virgen le enseñó una oración que le hacía repetir, pero que no quiso que la diera a conocer. Al terminar la Aparición, una gran tristeza invade a Bernardita.
Domingo, 21 de Febrero de 1858
Sexta Aparición de la Virgen: El Comisario de Policía interroga por largo rato a Bernardita.

Por la mañana temprano, la Señora se presenta a Bernardita, a la que acompañan un centenar de personas. Después es interrogada por el comisario de policía Jacomet, que quiere que diga lo que ha visto. Bernardita no habla más que de “AQUELLA”.
Esta niña de sólo 14 años en 1858, tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la policía, procuradores, etc. Sus interrogatorios serían de largas horas, algunas veces días enteros; y sus interrogadores trataban de engañarla para que contradijera sus declaraciones. Pero ella se mantenía alerta, en guardia, sabiendo que ellos no querían la verdad, sino probar que lo había inventado todo.
Uno de los principales médicos de Lourdes se dedicó a estudiarla, observarla y examinarla. Éste llegó a la conclusión que en Bernardita no había ningún signo de alucinación, histeria o escape de la realidad. Dijo así: “Aquí hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia y a la medicina.”
Sin embargo, las persecuciones no terminaron; la policía continuó tratándola indignamente. El Párroco de Lourdes la defendió enérgicamente, pero manteniendo una actitud cauta respecto de la Aparición. De hecho, no acudía a la gruta como las multitudes del pueblo y de la región sí lo hacían. En todo este proceso Bernardita se mantuvo firme pero con humildad, nunca tomando una posición defensiva, ni de ataque contra nadie.
Lunes, 22 de Febrero de 1858
Séptimo Día:

La Virgen no se le apareció. Todos se burlaban de Bernardita. Ella lloraba pensando que quizás había cometido alguna falta y que por eso la Virgen no se le había aparecido. Pero tenía la firme esperanza de volver a verla.
Una de las cosas que más sorprendía a la gente era ver a una humilde y sencilla pastorcita, carente de adecuada educación, saludar con gracia y dignidad a la Virgen al concluir la Aparición. Le preguntaron una vez: “Dime, ¿quién te ha enseñado a hacer tan graciosos saludos?” “Nadie, —contestó—, no sé como habré saludado, trato de hacerlo como lo hace la Visión y Ella me saluda de este modo cuando se marcha.”
Martes, 23 de Febrero de 1858
Séptima Aparición de la Virgen: La Vidente revelará que le ha sido confiado un 'Secreto' todo para ella.

Rodeada por unas ciento cincuenta personas, Bernardita se dirige hacia la Gruta. La Virgen le da a Bernardita un secreto que sólo a ella le concierne y que no puede revelar a nadie. Dos lagrimones humedecieron sus mejillas.
Miércoles, 24 de Febrero de 1858
Octava Aparición de la Virgen: ¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!

Hubo un momento en que la Aparición parecía hacerse hacia atrás, y como hundirse en el interior de la roca. Para no perderla de vista, Bernardita fue acercándose de rodillas. Observó que la Virgen se había puesto triste.
Le preguntaron a Bernardita si la Señora le había hablado, si le había dicho alguna cosa.
Y —según Bernardita—, Aquella dijo:
“¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Rezad por los pecadores.”
Le hizo repetir estas palabras y Bernardita lo hacía mientras se arrastraba de rodillas hasta el fondo de la gruta. Ahí le reveló un secreto personal y después desapareció.  Bernardita por humildad no relató todo los detalles, pero los testigos contaron que también se le vio besar la tierra a intervalos.
La Virgen le había dicho:
“Rogará por los pecadores... besará la tierra por la conversión de los pecadores.”
Como la Visión retrocedía, Bernardita la seguía de rodillas besando la tierra. Bernardita se volvió hacia los asistentes y les hacía señas de: “Ustedes también besen la tierra.”Desde entonces, le fue encomendada a Bernardita la penitencia por los pecadores. Un día la Virgen la mandó a subir y bajar varias veces la gruta de rodillas, la Virgen tenía la cara llena de tristeza. “La Virgen me lo ha mandado por mí y por los demás”, —dijo ella—.
Jueves, 25 de Febrero de 1858
Novena Aparición de la Virgen: La Fuente Milagrosa

Trescientas personas están allí presentes. Bernardita cuenta:
“Hija Mía, —le dijo en la Visión—, quiero confiarle el último secreto; igual que los otros dos, no los revelará a ninguna persona de este mundo.” 
“Y ahora —le dijo la Virgen, después de un momento de silencio— vaya a beber y a lavarse los pies a la fuente, y coma de la hierba que hay allí.”  Y le señaló hacia el fondo.
Bernardita va al fondo de la gruta, cuando estuvo cerca de la roca, buscó con la vista la fuente; no encontrándola y queriendo obedecer, miró a la Virgen.
A una nueva señal de Ella, Bernardita se inclinó y escarbando la tierra con la mano, pudo hacer en ella un hueco. De repente, se humedeció el fondo de aquella pequeña cavidad y viniendo de profundidades desconocidas a través de las rocas, comienza a brotar el agua, primero sucia, después clara y limpia que pronto llenó el hueco.
Mezclada con la tierra cenagosa, Bernardita la acerco tres veces a sus labios, no resolviéndose a beberla. Pero venciendo su natural repugnancia al agua sucia, bebió de la misma y se mojó también la cara.
Todos empezaron a burlarse de ella y a decir, que ahora sí se había vuelto loca. Bernardita sólo contesta: “ES POR LOS PECADORES.” Pero, con su débil mano Bernardita acababa de abrir, sin saberlo, un manantial de agua milagrosa que ha sanado a miles de personas desde aquella fecha hasta nuestros días. Es un agua virgen, muy pura, que tiene la peculiaridad que ninguna bacteria sobrevive en ella. (Simboliza la Inmaculada Concepción, en cuyo Ser nunca hubo mancha de pecado original ni personal).
Viernes, 26 de Febrero de 1858.
El agua milagrosa obró el 1º Milagro.

Había en Lourdes un pobre obrero de las canteras, llamado Bourriette, quien veinte años antes había tenido el ojo izquierdo horriblemente mutilado por la explosión de una mina. Era un hombre muy honrado y muy cristiano. Mandó a la hija a buscarle agua a la nueva fuente y se puso a orar, aunque estaba un poco sucia, se froto el ojo con ella. Comenzó a gritar de alegría… Las negras tinieblas habían desaparecido; no le quedaba más que una ligera nubecilla, que fue desapareciendo al seguir lavándose.
Los médicos habían dicho que él jamás se curaría. Al examinarlo de nuevo no quedó más remedio que llamarle a lo sucedido por su nombre: Milagro. Y lo más grande era que el milagro había dejado las cicatrices y las lesiones profundas de la herida, pero había devuelto aun así la vista. Muchos milagros siguen sucediendo en Lourdes.
Sábado, 27 de Febrero de 1858
Décima Aparición de la Virgen: La niña bebe del Agua y hace gestos de penitencia.

Hay allí ese día ochocientas personas. La Aparición permanece silenciosa. Bernardita bebe agua del manantial y hace los gestos habituales de penitencia.
Durante las siete primeras Apariciones, Bernardita aparecía con rostro radiante de felicidad y de luz. Pero, entre la octava y la duodécima Aparición, todo cambia: La cara de Bernardita se vuelve dura, triste, dolorosa y sobre todo realiza gestos incomprensibles.
Va de rodillas hasta el fondo de la Gruta. Besa el suelo, sucio y asqueroso, de la gruta. Come hierbas amargas. Escarba en el suelo y, por tres veces, intenta beber agua fangosa. Se embadurna la cara con esa misma agua embarrada. Luego mira a la gente y abre los brazos. Todos dicen al verla: “Está loca”.
Bernardita repetirá los mismos gestos durante cuatro Apariciones. ¿Qué significa eso? ¡Nadie lo entendió! Con todo, estamos en el centro del ‘Mensaje de Lourdes’. Estos gestos son, en efecto, gestos bíblicos. Porque la ‘Señora’ se lo pide.
Domingo, 28 de Febrero de 1858
Décima Primera Aparición de la Virgen: El juez la amenaza con meterla en la cárcel si continúa yendo a la gruta.

Más de mil personas asisten al éxtasis. Bernardita reza, besa la tierra y se arrastra de rodillas en señal de penitencia. Las autoridades civiles tomaron carta en el asunto. El comisario llegó a recogerla para hacerle un largo examen. A continuación se la llevan a casa del juez Ribes, que la amenaza con meterla en la cárcel si continuaba yendo a la Gruta.
Mientras, las autoridades acusaban a la pequeña joven de perturbar el orden público y la amenazaban con la cárcel. La niña mantuvo una consistente actitud de calma durante los interrogatorios, sin cambiar su historia ni su actitud, ni pretender tener un conocimiento más allá de lo dicho respecto de la visión descrita. Las opiniones de los vecinos de Lourdes estaban divididas. Aquellos vecinos que creían que Bernardita decía la verdad, asumían que la Mujer que se le aparecía era la Virgen María. Sin embargo, Bernardita nunca sostuvo en ese tiempo ‘haber visto a la Virgen’, y continuó usando el término ‘Aquella’.
Llegaría un tiempo donde sus cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas para defender las Apariciones de la Virgen, se usarían en su contra. Aquellos que la apoyaban sabían entender sus grandes virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes defectos. A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su rapidez en responder le llamaban insolencia.
Lunes, 1 de Marzo de 1858
Décima Segunda Aparición de la Virgen: 2º Milagro.

Bendición del Rosario. Se han congregado más de mil quinientas personas y entre ellas, por primera vez, un Sacerdote. Durante la noche, Catalina Latapie, una amiga de Lourdes, acude a la Gruta, moja su brazo dislocado en el agua del manantial y el brazo y la mano recuperan su agilidad.
Martes, 2 de Marzo de 1858
Décima Tercera Aparición de la Virgen: Mensaje a los Sacerdotes

La muchedumbre aumenta cada vez más. La ‘Señora’ pidió dos cosas a Bernardita: Que se hicieran procesiones a la gruta y se construyera allí mismo una Capilla en Su honor. María le dice:
“Y ahora, hija Mía, ve a decir a los Sacerdotes que se construya aquí una Capilla y que se venga en procesión.”
Acompañada por dos de sus tías, Bernardita acudió al párroco, Padre Dominique Peyramale, con el pedido. El Sacerdote era un hombre inteligente, pero que descreía de visiones y milagros. “Edificar una capilla... pero, ¿en honor de quién?” —preguntaron los prelados, a quienes Bernardita refirió el coloquio.
Uno de los párrocos le dijo: “Puedes comprender, que yo no puedo bastarme de tu solo testimonio. Di a esa gran Señora que se dé a conocer; si es la Virgen, que lo manifieste mediante un gran milagro. ¿No dices que se te aparece encima de un rosal silvestre? Entonces, dile de mi parte, que si quiere un Santuario, que haga florecer el rosal.”
El Sacerdote se mostraba firme y distante en su actitud exterior, pero luego confesó que en su interior sentía una gran emoción y amor al escuchar los relatos de la pequeña niña. Su responsabilidad como pastor lo obligaba a ser cauto y conservador.
Miércoles, 3 de Marzo de 1858
Décima Cuarta Aparición de la Virgen: La respuesta fue una sonrisa.

A las siete de la mañana, cuando ya hay allí tres mil personas, Bernardita se encamina hacia la Gruta; pero ¡la Visión no aparece! Al salir del colegio, siente la llamada interior de la Señora y acude a la Gruta.
Toda la gente quiso saber qué pasaría con el encargo del Párroco, y si la Virgen haría el milagro del rosal. Bernardita como siempre llegó a la Gruta y se arrodilló, sin poner atención en absoluto a la gente que iba por curiosidad.
Bernardita le contó a la Virgen lo que el Sacerdote le volvió a decir: “Si de verdad la Señora quiere una capilla, que diga su nombre y haga florecer el rosal de la Gruta.” La Virgen sólo sonrió, sin decir una palabra.
Jueves, 4 de Marzo de 1858
Décima Quinta Aparición de la Virgen: 3º Milagro.

El gentío cada vez más numeroso (alrededor de ocho mil personas) está esperando un Milagro al finalizar estos quince días. La visión permanece silenciosa.
Siguiendo su costumbre, Bernardita, antes de dirigirse a la Gruta, asistió a la Santa Misa. Al final de la Aparición, tuvo una gran tristeza, la tristeza de la separación. ¿Volvería a ver a la Virgen?
La Virgen siempre generosa, no quiso que terminara el día sin una manifestación de Su Bondad: Un gran Milagro, un Milagro Maternal, coronación de la quincena de Apariciones.
Un niño de dos años estaba ya agonizando, se llamaba Justino. Desde que nació tuvo una fiebre que iba poco a poco desmoronando su vida. Sus padres, ese día, lo creían muerto. La Madre en su desesperación lo tomó y lo llevó a la fuente. El niño no daba señales de vida. La madre lo metió 15 minutos en el agua que estaba muy fría. Al llegar a la casa, notó que se oía con normalidad la respiración del niño. Al día siguiente, Justino se despertó con tez fresca y viva, sus ojos llenos de vida, pidiendo comida y sus piernas fortalecidas. Este hecho conmocionó a toda la comarca y pronto a toda Francia y Europa; tres médicos de gran fama certificaron el milagro, llamándolo de primer orden.
Entonces, el gobernador de Tarbes, ciudad a la que pertenecía Lourdes, reunió a todos los alcaldes de la zona para dar instrucciones precisas de prohibir de inmediato la asistencia a la Gruta de todo ciudadano. Todo fue en vano, cada día acudían más peregrinos de todas partes.
No obstante las persecuciones, las burlas y las injurias, Bernardita continuaba visitando la Gruta. Iba a rezar el Rosario con los peregrinos. Pero la dulce Visión no aparecía. Ella ya estaba resignada a no volver a ver a la Virgen.
Ese día, 4 de Marzo, Bernardita fue de nuevo a ver al párroco de Lourdes, recordándole la petición de la Virgen de levantar un Santuario en el lugar de las Apariciones. El párroco le contestó que era obra del Obispo, quien ya estaba enterado de la petición y sería el encargado de poner por obra el deseo celestial de la Visión.
Jueves, 25 de Marzo de 1858
Décima Sexta Aparición de la Virgen: ¡YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN!

El 25 de Marzo, día de la Anunciación, Bernardita se sintió fuertemente movida a ir a la Gruta; muy contenta obedeció ese llamado en su corazón, y se fue inmediatamente hacia allá. Como era una fecha solemne, los peregrinos tenían la esperanza de que la Virgen se aparecería y cuando llego Bernardita se asombró de la cantidad de personas que encontró.  Bernardita va a la Gruta, con la intención de pedirle a la ‘Señora’ que le diga Su Nombre, siguiendo la iniciativa del Padre Peyramale, párroco de Lourdes,
Sus palabras para describir la Aparición del 25 de Marzo son: 
“Ella me repitió varias veces que debía decir a los Sacerdotes que allí se debía construir una capilla e ir a la fuente para lavarme y que debía rezar por la conversión de los pecadores. Durante estos quince días me ha dado tres secretos que me ha prohibido que diga. He sido fiel hasta ahora. Después de quince días le he preguntado de nuevo Quién era. Sonreía siempre. En fin osé una cuarta vez. Entonces, con los Brazos abiertos, alzó la Mirada hacia el Cielo, después me dijo, juntando las Manos a la altura del Pecho, que era la Inmaculada Concepción. Son las últimas Palabras que me ha dirigido. Tenía los ojos azules...”
Y desapareció, dejando en Bernardita esta Imagen y ese Nombre, que oía por primera vez.
La revelación sucedió después de más de una hora, durante la cual tuvo lugar el segundo de los llamados ‘Milagros del cirio’. Bernardita sostenía un cirio encendido. Durante la visión, el cirio se consumió y la flama habría entrado en contacto directo con su piel por más de quince minutos, sin que produjera en ella ningún signo de dolor o daño tisular. Fueron testigos de ello numerosas personas presentes, entre ellas el médico de la ciudad, Dr. Pierre Romaine Dozous, quien tomó el tiempo y posteriormente lo documentó.
Mientras Bernardita se dirigía a la casa parroquial, para contarle al Padre Peyramale,    —párroco de Lourdes—, ya que éste le había dado el encargo de preguntar a la Visión cómo se llamaba, iba ella por todo el camino repitiendo: ‘Inmaculada Concepción’; esas palabras tan misteriosas y difíciles para una niña analfabeta.
Cuando el párroco oyó el relato de Bernardita, quedó asombrado. ¿Cómo podía una niña sin ninguna instrucción religiosa saber el Dogma que sólo unos cuatro años antes había la Iglesia promulgado? En 1854, el Papa Pío IX había definido el Dogma de la Inmaculada Concepción, que sostiene la creencia de que la Virgen María, Madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de Su Concepción, por singular Privilegio y Gracia del Señor Dios y en atención a los Méritos de Cristo-Jesús.
Bernardita refirió la revelación de la identidad de ‘Aquella’ al Clero, y también al abate Pène, al abate Serres, al abate Pomian… Se sucedieron interrogatorios permanentes e incisivos de parte de diferentes autoridades civiles francesas y autoridades eclesiásticas de la Iglesia Católica. En efecto, Bernardita no sabía leer ni escribir, como la mayoría de su pueblo, y no quedaba dudas acerca de su capacidad para haber leído o inventado semejantes palabras.
Lunes, 5 de Abril de 1858
Décima Séptima Aparición de la Virgen: El Milagro del Cirio: Ninguna señal de quemadura.

El 5 de Abril, lunes de Pascua Bernardita volvió a la Gruta, rodeada de una verdadera multitud de personas que oraban con ella. Arrodillada como era su costumbre, tenía en la mano izquierda la vela encendida que le acompañaba en todas las ocasiones y la apoyaba en el suelo. Absorta en la contemplación de la Reina de los Cielos, y más sabiendo ahora con seguridad que era la Virgen Santísima, levantó sus manos y las dejó caer un poco, sin percatarse que las tenía sobre el extremo de la vela encendida.
Entonces la llama comenzó a pasar entre sus dedos y a elevarse por encima de ellos, oscilando de un lado para el otro, según fuera el leve soplo del viento. Los que estaban ahí gritaban: “Se quema.” Pero ella permanecía inmóvil. Un médico que estaba cerca de Bernardita sacó el reloj y comprobó que por más de un cuarto de hora la mano estuvo en medio de la llama, sin hacer ella ningún movimiento. Todos gritaban: ¡Milagro!
El médico comprobó que la mano de Bernardita estaba ilesa. Después que terminó la Aparición: Uno de los espectadores aproximó a la mano de Bernardita la llama de la misma vela encendida, y ella exclamó: “¡Oh! ¿qué quiere usted, quemarme?”
Jueves, 16 de Julio de 1858
Décima Octava y Última Aparición de la Virgen: ¡Jamás la había visto tan Bella!

Fue el día 16 de Julio de 1858, día de la Virgen del Carmen. Bernardita, que llevó el Escapulario del Carmen toda su vida, se siente de nuevo movida a ir a la Gruta, que está cercada, vigilada y prohibida por las autoridades locales. Se dirige, pues, al otro lado del Gave, enfrente de la Gruta. Va acompañada de su tía Basile y unas vecinas. Bajan por praderas contiguas a la Gruta, siendo acompañadas por una multitud que al verla no dudó del llamado de María. Se arrodillaron lo más cerca posible de la Gruta pero sin poder llegar a ella.
Bernardita recibe la última visita de la Virgen y diría luego: Me parecía que estaba delante de la Gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen. ¡Jamás la había visto tan Bella!
Bernardita había cumplido su misión, con gran amor y valentía ante todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos los obstáculos que el enemigo puso en su camino. Su confesor dijo repetidamente: “La mejor prueba de las Apariciones es Bernardita misma, su vida.”
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[1] Santa María Bernarda Soubirous, más conocida como Bernardita Soubirous: Nació en Lourdes, población del Departamento de Los Altos Pirineos, en Francia, el 7 de Enero de 1844, de padres muy pobres. Ejercía el oficio de pastora;  a los 14 años todavía no sabía ni leer ni escribir, ni había hecho la Primera Comunión, pero rezaba todos los días el Rosario, y se le Apareció la Santísima Virgen María en la Gruta de Massabielle durante seis meses. Tras las Apariciones, Bernardita fue acogida como enferma en el hospicio por las religiosas Hijas de la Caridad de Nevers. Pasó seis años en ese instituto y después fue admitida como novicia. Su entrada se demoró debido a su delicada salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Murió el 16 de Abril de 1879, a los 35 años. Sus últimas palabras fueron: “La he visto otra vez...¡Qué hermosa es!  Madre, ruega por mí que soy pecadora.” Su cuerpo, aún incorrupto en la actualidad, está expuesto en una urna de cristal en el convento de San Gildard, en Nevers, Francia.
Bernardetteincorruptibl

martes, 28 de julio de 2015

PERCEPCIONES DEL LIC. VILLASANA... ORACIÓN Y SILENCIO....

LO QUE YO NO ENTIENDO ES, QUE SI TODO ES COMO LO EXPLICA EL LIC. VILLASANA... COMO ES QUE NADIE DE LA IGLESIA OFICIAL HA HECHO PUBLICO Y DENUNCIA OFICIAL ANTE LA IGLESIA OFICIAL........ POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS.... ORACIÓN Y SILENCIO, ORACIÓN Y SILENCIO....

C.M.S.G.


¿Es Francisco un antipapa?

 
·         Crece entre obispos y cardenales la opinión de que Bergoglio no es Papa, debido a irregularidades en el proceso de renuncia-sucesión.
·         Se aducen cuatro causas de nulidad canónica: 1) la resignación de Benedicto XVI no fue válida, al haber sido hecha bajo la presión de dos amenazas, de cisma y de vida; 2) Cuatro cardenales hicieron trabajo de cabildeo a favor de Bergoglio, lo cual está explícitamente prohibido por la Constitución que norma la sucesión pontificia; 3) Durante el Cónclave de 2013 se cometieron dos irregularidades muy graves que hacen inválida la elección de Francisco.
·         El Cardenal George Pell insinuó que Francisco bien podría no ser el Papa 266 como todos creen, sino el antipapa 38 en la historia de la Iglesia.
Tres bombas han explotado dentro de la Iglesia Católica. Se trata de testimonios que documentan por qué Bergoglio pudiera en realidad no ser verdaderamente Papa.
Una de ellas fue la publicación de L´Avennire, el periódico de los obispos italianos que, en su gaceta del 7 de enero de 2015 reveló que Benedicto XVI fue objeto de una traición y de una conjura, mediante las cuales lo coaccionaron para dimitir. En la página 2, sección editorial a cargo del director Marco Tarquinio, se lee: "hubieron ambientes que por motivos de poder y hostigamiento, traicionaron y complotaron para eliminar al Papa Ratzinger, y lo obligaron a renunciar".
Ya el jesuita Arnaldo Zenteno, en el número 3 de su "Informe", había revelado que cuando el recién electo Francisco fue a Castel Gandolfo para visitar a Benedicto XVI, este último le confió que una de las causas que influyeron en su renuncia fue constatar las amenazas que recibió, pues ya se había tomado la decisión de matarlo. Fue por esto que, en una jugada para neutralizar el atentado, hizo pública su renuncia y así desarmó el intento de homicidio. Eso ya hace que una elección no sea "libre".
Pero más grave que la amenaza de muerte (pues Ratzinger nunca ha temido dar la vida por Cristo), fue la amenaza de un cisma, por la que le hicieron saber que tenían una lista con firmas de sacerdotes, religiosos, obispos y cardenales modernistas prontos a constituir una nueva Iglesia separada de Roma si él no aceptaba sus exigencias.
Desde el punto de vista estratégico humano, el movimiento de Benedicto XVI de renunciar fue magistral, a la vez de inesperado, pues haciéndose a un lado desinfló la amenaza que se cernía sobre la Iglesia. Y, de paso, sobre su persona.
El problema está en que, al haber renunciado en parte por esa presión (declaró en su discurso de anuncio no tener la edad y las fuerzas para enfrentar algo "grave"de la Iglesia), su decisión no fue del todo libre, por lo que canónicamente el acto es nulo por inexistencia. Ciertamente él dijo que renunciaba "libremente", sin duda con el objeto de no causar un escandaloso terremoto en la Iglesia, y tal vez porque quiso autoconvencerse de su "libertad", pero la resolución que adoptó está viciada in radice (desde su raíz) por esa violencia moral, lo cual anula la validez del hecho. Cualquier canonista conoce esto a la perfección.
Además, existen sobrados indicios de que Benedicto XVI era consciente de que, a pesar de ese movimiento magistral, seguiría siendo el Vicario de Cristo, y que solo estaba renunciando a los cargos administrativos del papado.
En su discurso de despedida de la curia, el 27 de febrero, el día anterior a tomar el helicóptero y retirarse temporalmente a Castel Gandolfo, habló de la vocación que recibió de Dios al haber sido electo Papa el 19 de abril de 2005. Allí dijo (párrafo 23) que el llamado que recibió de Cristo es ad vitam, y que nunca podrá renunciar a él (como siempre lo entendieron todos los Papas en la historia de la Iglesia): "El "siempre" es también un para siempre–no hay más un retorno a lo privado", dijo claramente.
Además, estableció ante los órganos jurídicos de la Iglesia que él conservaría la sotana blanca, mantendría el apelativo "Su Santidad", conservaría las llaves de Pedro en su escudo, y seguiría siendo Papa, añadiendo simplemente el apelativo "emérito". Esto es muy significativo pues, cuando el Papa Gregorio XII renunció, volvió a ser cardenal, y cuando el Papa Celestino V renunció, volvió a ser monje religioso. No lo decidió así Benedicto XVI.
La segunda bomba, hablando cronológicamente según sucedieron los hechos, no según fueron publicados, es el libro "El Gran Reformador" de Austen Ivereigh, que revela cómo un grupo de cuatro cardenales liberales (Walter Kasper, Karl Lehmann, Godfried Danneels y Cormac Murphy-O´Connor) se asociaron para orquestar ilícitamente una campaña a favor de la elección de Bergoglio, después de que éste último aceptó ser el beneficiario de esa confabulación. Cabe mencionar que Ivereigh es gran admirador de Francisco, y que e incluso acudió al Vaticano para entregarle personalmente un ejemplar de su libro, sin pensar que en el capítulo 9 "El Cónclave", en el que narra cómo el grupo de cardenales que denomina el "Team Bergoglio", hicieron unacampaña de cabildeo ilegítima para allanar el camino al candidato argentino, la cual compromete la legitimidad de la elección.
Seguramente Ivereigh no sabía que la Constitución que rige los cónclaves, la Universi Dominici Gregis, establece penas de excomunión latae sententiae (es decir automática, sin necesidad de declaración por parte de nadie) para los cardenales que promuevan votos a favor de algun otro cardenal (Art. 81, 82, 83).
Los responsables de ese cabildeo estuvieron excomulgados de inmediato, ipso facto, y eo ipso, según el derecho canóninico, y dejaron de formar parte de la Iglesia. Más aún, la Constitución señala que también la persona que aceptó ese lobbing quedó excomulgada. Es decir, el mismo Bergoglio habría estado, según el Derecho Pontificio, fuera de la Iglesia al momento de su elección.
La tercera bomba fue la publicación de dos libros que dan a conocer graves irregularidades que se cometieron en el cónclave que eligió a Francisco. El primero es el libro de Elisabbeta Piqué (biógrafa autorizada de Bergoglio desde Argentina) titulado "Francisco, vida y revolución". Piqué supo, por el mismo Francisco, lo que sucedió dentro del cónclave. El otro libro es del famoso vaticanólogo Antonio Socci "Non è Francesco" (El Papa no es Francisco).
Las revelaciones de Piqué son tan consideradas como provenientes de Francisco que el Osservatore Romano, periódico oficial de El Vaticano, publicó el capítulo en que se narra la forma en que se desarrolló el cónclave. También hizo lo mismo Radio y Televisión Vaticana. Y es que Bergoglio, al ser electo Papa, sintió que la amenaza de excomunión -que recae sobre cualquier cardenal por revelar lo sucedido en el cónclave- ya no le afectaba, y le narró a la periodista cómo sucedieron las cosas dentro de la Capilla Sixtina.
La narración: en el cónclave, la tarde del 13 de marzo, en la cuarta votación del día, aparecieron 116 votos, cuando solo había 115 cardenales en el aula. Un cardenal metió una papeleta de más. Esa cuarta votación la ganó el Cardenal Angelo Scola de Milán (la misma Conferencia Episcopal Italiana emitió un boletín felicitando a Scola por haber sido electo Papa).
 La votación se anuló indebidamente. El sitio de Angelo Scola publicó que el recién electo Papa tomó el nombre de Juan XXIV. Lo replicó también Wikipedia. A los pocos minutos ambos sitios quitaron ese resultado. 
Ahora bien, la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis (Art. 69) establece que cuando hubiera dos papeletas dobladas como proviniendo de un mismo cardenal y tuviesen el mismo nombre o uno estuviese en blanco, se debe contar como un solo voto. Si, en cambio, lleva dos nombres diversos, se anulan ambas papeletas y ninguno de los dos votos es válido. Pero claramente establece: "en ninguno de los dos casos se deberá anular la elección". En este caso, hubo una papeleta blanca de más. Y no se siguió lo establecido, sino que se anuló la elección, cosa que estaba expresamente prohibido.
Contraviniendo las disposiciones de la Constitución, la cuarta votación se declaró nula, obligaron al Cardenal Angelo Scola, recién electo Juan XXIV, a renunciar y regresar a la Capilla Sixtina, y se procedió a una quinta votación, en la que salió electo Jorge Mario Bergoglio.
Esa fue la segunda irregularidad del cónclave, pues la Constitución establece (Art. 63) que solo debe haber cuatro votaciones cada día, dos por la mañana y dos por la tarde.
La situación de que la designación de Bergoglio pudiese ser efectivamente inválida resulta clara, según dicen los canonistas, si nos atenemos al artículo 76, el cual afirma que: "Si la elección se llevase a cabo de forma diversa a como está prescrito en la presente Constitución o no se hubieren observado las condiciones establecidas la elección es, por ello mismo, nula e inválida, sin que intervenga ninguna declaración a propósito y, por lo mismo, ésta no confiere ningún derecho a la persona elegida".
Es necesario releer el discurso del Papa Benedicto XVI del 27 de febrero de 2013, el día anterior a retirarse y tomar el helicóptero hacia Castel Gandolfo, en el cual dio a conocer los alcances de su renuncia. En ella declaró: "La gravedad de la decisión ha sido propiamente el hecho de que desde aquel momento (el de su elección como Papa, en 2005) estuve comprometido para siempre con el Señor". Es decir, Benedicto tenía claro que no podía renunciar a su vocación como Vicario de Cristo (un cargo espiritual que es ad vitam), y solo renunciaba a los cargos administrativos del papado.
Este cúmulo de evidencias llevó al Cardenal George Pell a declarar que Francisco bien podría ser el 38 antipapa en la historia de la Iglesia, y no el Papa 266, como la inmensa mayoría cree.
El hecho de que Benedicto XVI pudiera seguir siendo el Vicario de Cristo explicaría porqué éste se ha distanciado de las ideas proclamadas por el nuevo obispo de Roma, que a sí mismo se hace llamar padre Bergoglio, quien ha declarado que "todas las religiones son iguales", ó que "Dios no es católico" ó que "da igual si un niño es educado por un judío, o un musulmán o un cristiano". En su discurso para la Universidad Urbaniana, el 22 de octubre de 2014, Benedicto XVI refutó esas tesis de Francisco, derivadas de un falso diálogo interreligioso, y marcó su discrepancia doctrinal respecto a las mismas. Por el contrario, Benedicto XVI reafirmó que Jesucristo es el camino para llegar al Padre; recordó que la Iglesia -y su único Dios- es católica desde el inicio, pues ofrece la salvación a todos; y que el cristiano tiene el mandato de proclamar la fe en Cristo hasta los confines de la Tierra.
El afán de igualar y unir a las religiones en bien de una "paz común" es una herejía del Siglo XVI conocida como "Irenismo". Esa ideología proponía una religiosidad ajena a la identidad específica de cada religión, una "unidad" de creencias para evitar las "guerras de religión".
El término viene de la propuesta de Erasmo de querer conciliar el catolicismo y el protestantismo, pero más recientemente ha servido para impulsar la idea de lograr una unificación religiosa universal, presuntamente en pro de la paz que supere las diferencias que provocan entre sí las distintas religiones.
El Irenismo se desarrolla en la simulación, la concesión de lo propio y en el no querer manifestar que existe una verdad absoluta y una religión verdadera.
 El Concilio Vaticano II condenó el Irenismo en el número 11 del Decreto Unitatis Redintegratio diciendo que "no hay nada tan ajeno al ecumenismo como ese falso Irenismo que daña la pureza de la doctrina católica y oscurece su sentido genuino y cierto".
Lo que hizo Benedicto XVI, con el discurso a la Universidad Urbaniana, es ratificar la doctrina del Concilio y distanciarse de la herejía irenista profesada por Bergoglio.
El Irenismo, llevó a Francisco a caer en una herejía formal, por cuanto se trata de un documento pontificio. Dice así en el número 247 de su Exhortación Evangelii Gaudium: "Una mirada especial se dirige al pueblo judío cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada". Ese texto se opone directamente a la definición dogmática solemne establecida por el Concilio Ecuménico de Florencia, y ratificada por el Papa Eugenio III, enseñada por el magisterio supremo del Papa Benedicto XIV y sostenida por el Magisterio de la Iglesia hasta nuestros días. Dios sí revocó la alianza mosaica a los judíos, por haber dado muerte al Mesías.
El mismo Jesucristo sentenció a los judíos, por rechazar al Mesías que les fue enviado: "Se os quitará a vosotros el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos" (Mt 21, 33-46). Y cuando celebró la Pascua con sus discípulos, antes de ser asesinado en la Cruz por los judíos, dijo a sus discípulos: "Este es el caliz de mi sangre, sangre de la Nueva Alianza que será derramada por muchos". Es decir, la alianza que el Padre sella con la sangre de su propio Hijo es eterna, es definitiva y suple totalmente a la antigua alianza; aquella fue superada, y dejó de ser vigente y necesaria, gracias a la muerte y resurrección de Cristo.
Según la doctrina de San Roberto Belarmino, San Francisco de Sales (Doctor de la Iglesia), y la que han sostenido los Papas a partir de Paulo IV, cuando un Papa cae en herejía, automáticamente deja de ser Papa y está fuera de la Iglesia, al proclamar tesis que son contrarias a la fe. Varios expertos dicen que Bergoglio nunca lo fue.
Interesante será ver lo que sucede en la visita de Francisco a los EE.UU., pues si bien en Roma logrado silenciar a los obispos fieles a la doctrina católica en el pasado sínodo, filtrando suspositio, en norteamérica existen muchos católicos, obispos, sacerdotes y laicos, que intentarán denunciar las herejías que se intentarán introducir en el sínodo de octubre próximo.
Así describieron algunos santos y místicos el cisma que sacudirá a la Iglesia, y que podría tener mucho que ver con la herejía papal que estamos presenciando:

• San Francisco de Asís: "Habrá un Papa electo no canónicamente que causará un gran cisma en la Iglesia".

• Beata Ana Catalina Emmerick (religiosa agustina): "Vi una fuerte oposición entre dos Papas, y vi cuan funestas serán las consecuencias de la falsa iglesia (...) Esto causará el cisma más grande que se haya visto en la historia".

• Sor Lucía de Fátima: "Habrá cardenales contra cardenales, obispos contra obispos; satanás marchará en medio de ellos".
Hay que estar atentos a lo que sucederá en la tercera y cuarta luna de sangre. Y hay que rezar mucho por la Iglesia, la cual se encuentra en medio de una acre tempestad.