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lunes, 2 de marzo de 2015

("La Victoriosa Reina del Mundo" - Sor Natalia Magdolna)

(LA ERA DE MARÍA) Mensaje sobre La Victoriosa Reina del Mundo dado a Sor Natalia Magdolna "...El mundo inmerso en el pecado tiene que ser destruido de acuerdo con mi justicia. Luego vi a Jesús, el Amor Misericordioso, cerca del Padre, suplicando; se postró ante el Padre, y aunque unido a Él, Él era sin embargo una persona distinta; dijo: – ¡Padre mío, soy tu Hijo. Me ordenaste morir por este mundo! Luego Él mostró sus heridas que ardían como fuego. La mano del Padre celestial –que ahora no parecía una mano paternal, sino una mano pesada, justa y castigadora- cargaba su peso sobre el mundo. Luego Jesús puso su mano herida debajo de la de su Padre y pidió: –Por favor, ¡ten misericordia por algún tiempo! Pero la mano del Padre celestial empujó hacia abajo la mano de Jesús y dijo: –No, Hijo mío, el pecado está clamando justicia. Esta fue una visión terrible, porque parecía que la justicia prevalecería sobre el Amor Misericordioso. Entonces Jesús miró a su Madre que estaba a su lado y exclamó: –Madre Inmaculada, ven, ayúdame a sostener la mano de mi Padre celestial. En el momento en que la Santísima Virgen puso su mano debajo de la de Jesús, el Padre celestial levantó la suya y dijo: – ¡Hijo mío!, la misericordia ha prevalecido. El mundo pecador ha alcanzado misericordia debido a las súplicas de la Madre Inmaculada de Dios. Encomendaremos a Ella la tarea de salvar al mundo. Para salvar al mundo, Ella necesita poder. Por lo tanto dotamos a la Inmaculada Madre de Dios con los poderes de Reina. Su título será: -La Victoriosa Reina del Mundo-..."


DESIGNIOS DE DIOS PARA EL FUTURO DEL MUNDO


¡Este es el tiempo de María!
Vi a la Santísima Trinidad hablar sobre el destino de la humanidad ahora inmersa en el pecado. Los ángeles, los santos y todo el cielo postrados al mismo tiempo, la adoraban en silencio. El Padre celestial dijo: 

–El mundo inmerso en el pecado tiene que ser destruido de acuerdo con mi justicia. 
Luego vi a Jesús, el Amor Misericordioso, cerca del Padre, suplicando; se postró ante el Padre, y aunque unido a Él, Él era sin embargo una persona distinta; dijo: 
– ¡Padre mío, soy tu Hijo. Me ordenaste morir por este mundo! 
Luego Él mostró sus heridas que ardían como fuego. La mano del Padre celestial –que ahora no parecía una mano paternal, sino una mano pesada, justa y castigadora- cargaba su peso sobre el mundo. Luego Jesús puso su mano herida debajo de la de su Padre y pidió: 
–Por favor, ¡ten misericordia por algún tiempo! 
Pero la mano del Padre celestial empujó hacia abajo la mano de Jesús y dijo: 
–No, Hijo mío, el pecado está clamando justicia. 
Esta fue una visión terrible, porque parecía que la justicia prevalecería sobre el Amor Misericordioso. Entonces Jesús miró a su Madre que estaba a su lado y exclamó: 
–Madre Inmaculada, ven, ayúdame a sostener la mano de mi Padre celestial. 
En el momento en que la Santísima Virgen puso su mano debajo de la de Jesús, el Padre celestial levantó la suya y dijo: 
– ¡Hijo mío!, la misericordia ha prevalecido. El mundo pecador ha alcanzado misericordia debido a las súplicas de la Madre Inmaculada de Dios. Encomendaremos a Ella la tarea de salvar al mundo. Para salvar al mundo, Ella necesita poder. Por lo tanto dotamos a la Inmaculada Madre de Dios con los poderes de Reina. Su título será: “La Victoriosa Reina del Mundo”. El género humano que está condenado a morir a causa de sus pecados, recibirá gracia y salvación a través de Ella. Pondremos bajo su manto una multitud de ángeles. 

Tan pronto como el Padre celestial pronunció estas palabras, los ejércitos celestiales dieron gritos de alegría, alabando a María. Cuando apareció la Virgen Madre, estaba adornada con sus tres grandes virtudes: pureza inmaculada, amor ardiente y profunda humildad. Viéndola –aunque Él mismo se las había dado- ¡hasta Dios estaba admirado! 

Su Corazón estaba lleno de felicidad por aquellas palabras: “la humildad será exaltada”, que como desconocida Niña de Nazareth pronunció en el Magnificat y que se habían realizado en Ella. La Santísima Trinidad la coronó. La brillante corona tenía tres piezas, significando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Cuando el manto real fue traído, vi que su prendedor estaba reluciente. Esto también significaba su parentesco con la Santísima Trinidad, como hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo. 

Dios en tres personas actuó en la Madre Inmaculada, como si el Espíritu Santo la hubiera cubierto de nuevo con su sombra, para que Ella pudiera dar otra vez Jesús al mundo. El Padre celestial la llenó de gracias. De parte del Hijo, indecible felicidad y amor irradiaban hacia Ella, como si Él quisiera felicitarla, mientras decía: 

– ¡Mi Inmaculada Madre, Victoriosa Reina del Mundo, muestra tu poder! Ahora serás la salvadora de la humanidad. Así como fuiste parte de mi obra salvadora como Corredentora, de acuerdo con mi voluntad, así quiero compartir contigo mi poder como Rey. Con esto te confío la obra salvadora de la humanidad pecadora; Tú puedes hacerlo con tu poder como Reina. Es necesario que Yo comparta todo contigo. Tú eres la Corredentora de la humanidad. 

Entonces vi que su manto estaba impregnado con la sangre de Jesús, y esto le daba un color escarlata. Mi atención luego fue a los ángeles, quienes rodeaban a su Reina con gran reverencia. Los ángeles vestían de blanco, rojo y negro. Entendí que el blanco simbolizaba la futura pureza del mundo, el rojo el martirio de los santos y el negro el luto por el destino de las almas condenadas. 

Entonces la Virgen María empezó a caminar suavemente y con majestuosidad hacia el mundo. Vi al mundo como una esfera gigante cubierta con una corona de espinas y que estaba llena de pecado, y a Satanás, en forma de serpiente enrollada alrededor y salían de él toda clase de pecados y suciedad. La Virgen Madre se levantaba erguida sobre el globo como la Victoriosa Reina del Mundo. Su primer acto como Reina fue cubrir al mundo con su manto, impregnado con la sangre de Jesús. Entonces Ella bendijo al mundo y vi que al mismo tiempo la Santísima Trinidad también bendecía al mundo. 

La serpiente satánica entonces la atacó con terrible odio; de su boca salían llamas. Temí que su manto fuera alcanzado por el fuego y ardiera, pero las llamas no podían ni siquiera tocarlo. La Virgen María estaba tranquila como si no estuviera en una contienda, y serenamente pisó el cuello de la serpiente. La serpiente no cesaba de arrojar llamas, símbolo de odio y venganza, pero no podía hacer nada, mientras la corona de espinas, hecha de pecados, había desaparecido de alrededor del mundo, y desde su centro una azucena brotó y empezó a abrirse. 

Vi también que la bendición de la Virgen Madre había caído en todas las naciones y personas. Su voz era indescriptiblemente apacible y majestuosa cuando dijo: 

– ¡Aquí estoy! ¡Yo ayudaré! ¡Yo traeré orden y paz! 

Jesús entonces me explicó: 

–Mi Madre Inmaculada vencerá el pecado mediante su poder de Reina. La azucena representa la purificación del mundo, la llegada de la era del paraíso, cuando la humanidad vivirá como sin pecado. Habrá un mundo nuevo y una era nueva. Será la era en que la humanidad recobrará lo que perdió en el paraíso. Cuando mi Madre Inmaculada pise el cuello de la serpiente, las puertas del infierno se cerrarán. Los ejércitos de los ángeles tomarán parte en la lucha. Yo he sellado a los míos con mi sello para que ellos no se pierdan en esta batalla.

¿Cómo apresurar la victoria de la Reina del Mundo?

Jesús dijo: 

–Mi Madre Inmaculada será la Corredentora de esta era que viene. 
–Jesús mío, ¿qué debemos hacer para acelerar la victoria de Nuestra Madre Inmaculada y nuestra Reina? 
–Díganle con frecuencia: “¡Madre Nuestra Inmaculada, muéstranos tu poder!” 
Cuando repetí esta oración, le pregunté a nuestra Madre: 
– ¿Qué quieres que hagamos hasta que llegue tu gloriosa era? 

El vestido de la Virgen cambió de color. Estaba cubierto con un velo negro transparente, aunque en su cabeza todavía vi su triple corona. Su feliz semblante de improviso cambió a una expresión de profunda tristeza. Dobló sus manos y rogó por el mundo, llamando a todos: “¡Vengan, mis queridos hijos, y junto conmigo consuelen al Padre celestial que está profundamente ofendido!” 
Fue claro para mí que todo el mundo, en especial modo Hungría, tenía que hacer mucha penitencia, reparación y sacrificios. 

Jesús me explicó en numerosas ocasiones qué es lo que Él consideraba como reparación y lo que deseaba que hiciéramos.
 
1. La primera forma de entender la reparación es que cada uno se esfuerce por cambiar su vida. 
2. “Yo redimí al mundo con ayuno y oración durante la noche. Yo pido ayuno, oración, rezar la Hora Santa, orar en la noche y aguardar con paciencia los sufrimientos por mi amor”. 
3. Jesús nos pide el rezo del rosario. Vi que cuando se reza cada cuenta, una gota de la sangre de Jesús cae sobre la persona por quien se dice, o sobre aquellas almas que Jesús quisiera salvar. Esto fue pedido especialmente por las almas del purgatorio. 
4. Jesús pide en particular la devoción al Corazón Inmaculado de su Madre.
La oración de la noche
La Santísima Virgen pide una hora de reparación (Hora Santa) los jueves. Puede hacerse individualmente o en familia, o en comunidad; en la iglesia ante el Santísimo Sacramento o en el hogar, rezando el rosario, leyendo y meditando las Escrituras, poniéndonos en la presencia de Jesús y de su Madre Inmaculada. 

Cuando uno se despierta en la noche, debe tratar de rezar alguna oración antes de volverse a dormir; mucha gente que no puede dormir en la noche, especialmente personas mayores, pueden llenar su tiempo con la oración, rezando por las almas que en esos momentos estén en agonía. La Virgen Madre dijo: “Si más y más almas oran en la noche, la Llama de mi Amor crecerá proporcionalmente con el número de los que oran”. 
 
("La Victoriosa Reina del Mundo" - Sor Natalia Magdolna)

SIGNOS DE LOS TIEMPOS 2015



 

lunes, 23 de febrero de 2015

Ayuno y tentaciones de Cristo (1962) –P. Leonardo Castellani

Ayuno y tentaciones de Cristo (1962) –P. Leonardo Castellani


   La Iglesia nos propone en este Domingo las tres tentaciones de Cristo tal cual como están en San Mateo. Dios se hizo verdadero hombre y por tanto, semejante al hombre en todo, menos en el pecado, dice San Pablo (Hebr.4,15); y por eso tuvo que ser tentado y fue llevado POR EL ESPÍRITU SANTO para ser tentado al desierto, dice misteriosamente el Evangelio: las tentaciones suceden en el desierto y a la hora del crepúsculo, cuando hay poca luz. Fue tentado de afuera y no de adentro porque no tenía pasiones desordenadas (que son rastros y rostros del pecado), sino que sus pasiones estaban sujetas a la razón como en Adán. El Diablo lo tentó. “¡Qué miedo tendría el maldito!”, dice Santa Teresa.

  Las tres tentaciones de Cristo parecen raras, no parecen las tentaciones ordinarias que tienen los hombres; así algunos Santos Padres dijeron que eran tentaciones muy especiales porque Cristo era un hombre muy especial. Eso no es exacto: Cristo era verdadero hombre, el primero de los hombres, el Hombre por excelencia, el representante de la Humanidad entera; y sus tentaciones son las tentaciones ordinarias de la Humanidad entera. Tenemos que rehacer la exégesis destas tentaciones a la vista de las cosas de nuestro tiempo. Cada generación tiene que rehacer la exégesis de los Evangelios; porque la exégesis que hizo San Agustín para el siglo VI no sirve mucho para el siglo XX. La aplicación es lo que varía.

  El Maldito propuso a Jesucristo que hiciera un milagro para procurarse pan, primero; segundo, que se arrojara desde el pináculo del templo a ver si Dios le mandaba un ángel con un paracaídas; y tercero, desembozadamente, que lo adorara al mismo Demonio a cambio de todos los Reinos de la Tierra. Cristo respondió con tres versículos de la Sagrada Escritura; y en la tercera tentación lo mando al diablo al Diablo: “Vete de aquí, Satanás”.

  Satanás tienta a los hombres con los bienes de la tierra, simplemente: estas tentaciones tienen una misma línea o eje, una línea que se va agravando. Mucho se podría decir acerca dellas, se podrían hacer tres largos sermones que yo he hecho; pero aquí resumo. La primera tentación es de anteponer los bienes materiales a los bienes espirituales; la segunda es lo que llamamostentar a Dios; la tercera es renegar simplemente de Dios. Las respuestas de Cristo dan el sentido de cada tentación; porque las palabras del Diablo son ambiguas y tramposas.

  “Si eres el Hijo de Dios, di que esta piedras se conviertan en pan”: modelo de estilo lacónico. El fin del Diablo era doble: una, que Cristo cometiera un pecado; y dos, sacarse él una duda: el Diablo no sabía seguro si Cristo era el Mesías y menos sabía si Cristo era Dios, cosas que no le cabía en la cabeza, como no cabe en la cabeza de ningún ser creado, anoser por medio de la gracia, que el Diablo no tiene. El Pecado consistía en usar una cosa espiritual, el don de hacer milagros, para obtener una cosa material, lo mismo que la palabra de Dios, están destinados únicamente al bien espiritual de las almas: ningún santo hizo milagros en provecho propio o para obtener bienes temporales. Usar las cosas espirituales para enriquecerse, por ejemplo, es un pecado grave que se llama “simonía, nombre tomado de Simón el Mago, que quiso comprarle a San Pedro por dinero el don de hacer milagros; justamente. Aquí la tentación es más sutil, porque el Diablo no le propone enriquecerse, sino satisfacer una necesidad – la cual había de satisfacerse de otra manera. “Al fin de los cuarenta días tuvo hambre”; pero podía ir a buscar pan. (El ayuno de cuarenta días no es un milagro… Es posible a cualquier hombre y muchos hombres lo han hecho. El hambre desaparece al tercer día y vuelve con tremenda fuerza a los cuarenta días).

  La respuesta de Cristo da el sentido desta tentación; “No de solamente pan vive el hombre, sino más bien de toda palabra que sale de la boca de Dios”, sea através de la Revelación, sea através de la Razón. La verdadera vida del hombre está en la palabra de Dios y eso debe estar por encima de todas las cosas temporales: esta tentación de anteponer lo material cubre todas las tentaciones del hombre, y sobre todo las tentaciones carnales: su nombre filosófico es “Materialismo”; y la palabra PAN (que en griego casualmente significa TODO) está aquí por todas las cosas creadas en su inmanencia, es decir, en cuanto dicen relación con nosotros y no con Dios. Yo puedo usar el pan, como cualquier otra cosa, incluso la riqueza, el talento, el poder o la ciencia, para servir a Dios; y en ese caso, el pan se vuelve trascendente; pero su uso cualquier cosa exclusivamente par mí mismo, la cosa permanece en su inmanencia, como dicen los filósofos en su dialecto. Poco o nada valen ellas en ese caso, por mucho que las puedan preciar o estimar los hombres; y menos que nada, si sirven para la perdición”. Todas las cosas temporales han sido creadas simplemente para nuestra salvación eterna”.

  La gente dice que ahora estamos en un tiempo de materialismo. Pu troppo (Y así es, desgraciadamente). La actitud fundamental del pecador es ésta: preferir los bienes de la tierra. Esta actitud se agrava cuando el pecador desafía a Dios, que es lo que llamamos “tentar a Dios”: entonces no es ya inmanencia, sino trascendencia, pero al revés, trascendencia invertida: el hombre comienza a hacerse el diosecito. “No tentarás al Señor tu Dios”, respondió Jesucristo; el Diablo quería que Cristo exigiese un milagro de Dios con el fin de ganar renombre y publicidad; porque si la gente del Templo lo viera descender lentamente por el aire, sin duda hubiese obtenido gran publicidad. Como ven, es la misma tentación de antes, agravada: pero el Diablo lo tienta ahora con la Sagrada Escritura en la mano. Esto de desafiar a Dios o poner condiciones a Dios es la tentación de los píos y de los religiosos; de los falsamente píos y falsamente religiosos. El Diablo nos tienta conforme a nuestro natural: las tres cosas con que tentó a Cristo eran cosas a Cristo debidas y que Cristo debía obtener un día: el día de la Ascensión, por ejemplo, voló por el aire, “batiendo el record” de altura de todos los aviadores hasta ahora; y obtuvo en el mundo una gran fama… En cuanto a obtener pan con tal de abandonar la palabra de Dios, es una cosa que Rusia está ofreciendo hoy día a todo el mundo.

  “¿Dónde está eso, el tentar a Dios?”, dirá alguno. “¡No hay eso!” Cada dos por tres me encuentro con gente que dice si Dios hace esto o si Dios deja de hacer estotro, yo no creo más. Eso es poner condiciones a Dios, o sea, endiosarse. La respuesta es: “Ud. no cree ahora tampoco. Nunca ha creído. Su fe no está fundada. Su fe es un capricho”. El “Condenado por Desconfiado” de Tirso de Molina hace eso: es un ermitaño llamado Pablo que pone condiciones a Dios, le exige que le asegure que se va a salvar o no después de tantos ayunos y oraciones; y el Diablo, disfrazado de ángel de luz, se le aparece y le dice de parte de Dios que si persevera en su vida santa, su fin eterno será igual que el fin eterno de un tal Enrico. Paulo se va a Nápoles y halla que el tal Enrico es un bandido, un rufián y un asesino. Desesperado al ver eso, se lanza a una vida igual que la de Enrico, se hace capitán de los bandoleros. Al final se condena, y Enrico se salva porque Enrico se arrepiente antes de ser ejecutado: de manera que el Diablo lo engañó a Paulo con la verdad; si hubiese perseverado en su vida piadosa, hubiera tenido la misma suerte eterna del Enrico. Es una espléndida fábula dramática que dice Tirso es histórica, que él la tomó e un libro de Belarmino.

  Esto de tentar a Dios es el origen de todos los errores, los cismas, herejías y falsas religiones del mundo: el hombre quiere imponer a Dios una religión inventada por él a medida de su razón, o de sus pasiones, o caprichos. Muchos ejemplos podría poner: anteayer leí el reglamente de la cárcel de Oldgate en Londres, donde encierra a los condenados a muerte. Un artículo dice: “El capellán de la cárcel tendrá libre acceso al reo, si éste es desta persuasiónreligiosa, la Iglesia Inglesa Establecida (“Established Church”); si es de otra persuasiónreligiosa, el reo puede pedir un ministro de su misma persuasión”. Como ven, la religión es para éstos una persuasión, es decir, asunto de elección propia, o preferencia, o capricho. Pero en Inglaterra hay docenas de persuasiones religiosas, o sea sectas, además del Catolicismo o “Papismo”, que es un 6% de la población; y estas persuasiones religiosas son contradictorias entre sí.

  ¿Cómo puede ser que a Dios “le gusten todas en general”, como dice el tango? Una persuasiónreligiosa sostiene que Cristo es Dios, y veinte otras que no; una persuasión religiosa sostiene que el Cuerpo de Cristo está en la hostia, o ES la hostia, y veinte otras sostienen que adorar un mísero pedazo de pan es idolatría;  y en tiempo de Isabel Tudor llevaban a la horca en Tyburn  al que oía misa – a escondidas; y en el tiempo de María Tudor quemaban vivo al que decía que la misa era idolatría. Los protestantes llaman ahora a María Tudor, “María la Sangrietna”, Bloody Mary; y los católicos llaman a Isabel I, “Isabel la Feroz”, o por lo menos, “la Desdichada”. Y todas estas persuasiones religiosas ahora para el Gobierno son lo mismo. ¿Les parece que para Dios serán lo mismo? Será igual para Dios que digan Jesucristo fue un impostor o digan fue el hijo de Dios? Cuando estuve en Londres en 1956 había una polémica en los diarios sobre si Jesucristo fue un impostor o fue Dios. Los hombres del siglo XVI eran más lógicos.

  Tentar a Dios, ponerle condiciones, imponerle leyes es una tentación permanente del hombre.

  La tercera tentación es abiertamente satánica: renegar de Dios a cambio de todos los Reinos del Mundo – es decir, a cambio de lo que Dios había prometido al Mesías, lo que era el destino de Cristo. Porque ésa es la astucia del Diablo, prometernos lo mismo que Dios nos quiere dar, pero por mal camino; como tentó a Adán y Eva. ¿Podía el Diablo darle eso: “Todo lo que ves es mío y yo a quien quiero se lo doy”? Es notable que Cristo no le respondió: “Mentiroso, todo esto es de Dios y tu no lo puedes dar”, sino que lo repelió con violencia. Porque el Diablo, el Príncipe este mundo, puede mucho en este mundo, y sobre todo en la Política. En la  Política, el Diablo es una luz.

  “Vender su alma al Diablo” significa ponerse en el camino de la maldad para conseguir poder, por ejemplo; o alguna otra presea. Esas leyendas de la Edad Media de hombres que firman un compromiso escrito con su sangre de entregar su ama y el Diablo los hace triunfar en esta vida, como Fausto, o como Cipriano, o como el Cazador Furtivo de Weber, esconden una profunda verdad. Si uno se hace malo del todo, tiene una ventaja de armamento sobre todos los demás. Los criminales chicos los agarran los jueces, pero los criminales grandes no los agarran los jueces, y a veces son ellos mismos los jueces. Los malvados triunfan a veces en esta vida. ¡Durante toda la vida? No siempre. Porque el Diablo cuando hace una olla, siempre olvida hacer la tapa.

  Tiberio, Emperador Romano sucesor de Augusto, reinaba sobre todo el mundo conocido cuando Cristo era tentado en el Monte de la Tentación. Fue un gran malvado y le fue bien toda su vida; y después de muerto lo “apotheosaron” – es decir, lo declararon Dios: “divus Tiberius”; lástima que sus sirvientes no lo creyeron dios, porque lo mataron a los 78 años ahogándolo debajo de un montón de ropa sucia.

  Tiberio es el responsable último de la Crucificción de Cristo, el peor crimen perpetrado en el mundo. Y sin embargo gobernó bien el Imperio; es decir, por lo menos el Imperio prosperó durante su gobierno; pero a él, con todos sus “facinora et dedecora”, como dice Tácito, ignominias y facinerosidades, posiblemente se lo llevó el Diablo, al cual adoró y obedeció.


LEONARDO CASTELLANI – “Domingueras prédicas II” - Ed. Jauja. Págs. 76-84.

"Petrus Romanus"

Recordará el lector que habíamos dejado nuestro relato en el punto de elaboración de una lista resumen de los graves acontecimientos que hoy están afectando al mundo, y concretamente a la Iglesia. Encaminábamos nuestras reflexiones en torno a la idea de si tales acontecimientos podrían coincidir con los que la “Profecía de San Malaquías” asigna al tiempo del Pontificado de Pedro Romano, a fin de deducir de ahí otro argumento en favor de la identificación de este último Papa con el Papa Francisco. Continuamos ahora con nuestro estudio, aunque advirtiendo nuevamente que nos hallamos en un terreno de hipótesis y de meras especulaciones.
Más transcendencia tiene, dentro de este abanico de acontecimientos, la sustitución de la Misa Tradicional por la promulgada por el Papa Pablo VI y conocida con el nombre de Novus Ordo. Un hecho que se torna especialmente grave cuando se considera el empeño de la mayor parte de la Jerarquía por abolir la Misa Tradicional, a pesar de que su actual vigencia legal para la Iglesia universal no ofrece ninguna duda (las Leyes que amparan su actual vigencia y facilidades para celebrarla, sin necesidad de permisos o autorizaciones de cualesquiera Jerarquías, están siendo absolutamente ignoradas).
En realidad no cabe discutir la legitimidad y validez del Novus Ordo, al que la Iglesia considera como el Rito propio u Ordinario de la Misa, a diferencia del utilizado en la Misa Tradicional y que es llamado Rito Extraordinario. A pesar de lo cual, es necesario tener en cuenta —bien que brevemente— dos advertencias a las que no es posible dar de lado:
En primer lugar, la Misa Tradicional es la que expresa adecuadamente la idea del Sacrificio propiciatorio, de la inmolación de Jesucristo Víctima, de la posibilidad para el cristiano de compartir a través de ella la Muerte de su Señor, de la clara diferenciación del sacerdocio ministerial con respecto al sacerdocio común de los fieles, etc., etc. La Iglesia la ha venido celebrando prácticamente por veinte siglos.
En segundo lugar, es de advertir que todas esas características han desaparecido prácticamente de la misa del Novus Ordo. La cual viene a ser un trasunto, casi una copia de la Misa protestante redactada por el Arzobispo anglicano Cranmer (primer Arzobispo anglicano, quien junto con Cromwell y la Reina Isabel I, consumaron el proyecto cismático del rey Enrique VIII y la entera abolición del Catolicismo en Inglaterra), como queda corroborado por el hecho de que los mismos formularios son celebrados hoy día en el culto anglicano y en el católico. Por otra parte, los católicos suelen ignorar que la Comisión redactora del Novus Ordo estuvo integrada por diez expertos de los que siete eran protestantes. Solamente los tres restantes eran católicos, si es que se puede hablar así si se tiene en cuenta que uno de ellos —precisamente el Presidente de la Comisión— pertenecía a la Masonería.
Otro exponente de la grave situación de crisis por la que está atravesando la Iglesia es la absoluta pérdida de confianza de la mayoría de los fieles en el Magisterio, unida al desprestigio total de la Jerarquía. A partir del Concilio Vaticano II, las aparentes discrepancias entre el actual y el que podríamos llamar Magisterio perenne de la Iglesia, se han ido acentuando a pesar de los esfuerzos de los Papas Conciliares por mantener lo contrario. Es digna de especial mención, a este respecto, la teoría de la hermenéutica de la continuidad, elaborada por Benedicto XVI, pero que nunca logró arraigar en el conjunto de la Teología católica ni en el común de los fieles, dadas las contradicciones que constantemente mostraba en todos los cuerpos doctrinales, incluidas las obras de Benedicto XVI cuando era Cardenal Ratzinger y que nunca fueron corregidas siendo ya Papa. Y puesto que no es éste el lugar de llevar a cabo un estudio histórico del problema, baste decir ahora para resumirlo que los años postconciliares han presenciado la división de los católicos en multitud de facciones que se podrían agrupar principalmente en dos: la de los tradicionalistas y la de los progresistas, con indicios de que las diferencias se irán ahondando cada vez más y con el peligro, más alarmante a medida que pasa el tiempo, de que todo acabe en un cisma que desgarre la Iglesia o lo que queda de Ella.
El desprestigio de la Jerarquía ha alcanzado cotas cuya altura se ha manifestado particularmente con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en el año 2013. El ridículo espectáculo de la samba brasileña, danzada en la Misa de clausura por los Obispos revestidos con ornamentos sagrados y delante del Papa, dirigidos por un coreógrafo homosexual experto en espectáculos incluso pornográficos, no hizo sino poner la guinda final a una Jerarquía cada vez más refractaria a los principios de autoridad y de obediencia y menos dispuesta a mantener la Doctrina y la Moral que la Iglesia ha predicado y defendido durante siglos.
A la confusión, cada vez mayor, reinante entre los católicos contribuyeron no poco los llamados Encuentros de Asís. A los que hay que añadir el cambio fundamental del concepto de la Católica, Santa y Verdadera Iglesia, único y exclusivo instrumento de salvación —según se mantuvo durante siglos—, por el de apertura a todas las Iglesias en las que cualquiera se puede salvar, según se proclama ahora. Sin duda que ha sido este último el factor que ha demostrado contener mayor potencial de desintegración, con efectos retardados y devastadores que han impactado en una población cada vez más confundida y que da muestras de no saber adónde ir; o que ha optado por renunciar a todo y no ir a ninguna parte, como puede comprobar cualquiera que sepa estar atento a la realidad.
Luego está lo de la General Apostasía. La cual ofrece un aspecto externo y otro interno.
En cuanto a lo externo, se podría elaborar una interminable lista de miles de sacerdotes y de religiosos, todos ellos en franca huida. Secularizados, abandonado el celibato y, en la mayoría de los casos, también la Fe. Y lo mismo con respecto a los religiosos y monjas: conventos y clausuras desiertos y cerrados, rebelión contra la Jerarquía y noviciados completamente vacíos. Con respecto a los Seminarios y Facultades de Teología, nada hay que decir sino que, en lo poco de ellos que todavía queda, se enseña de todo menos Teología Católica. Por lo que hace a la Moral vivida por el conjunto del Mundo Católico, es mejor no aludir a las espeluznantes y negativas estadísticas de asistencia a Misa, práctica de Sacramentos, Moral sexual y matrimonial, etc., etc.
Si nos referimos al aspecto interno, el panorama que se ofrece a la vista es aún peor. Una gran parte del Orbe Católico, incluida la mayoría de la Jerarquía, ha dejado de creer en la divinidad de Jesucristo, en la virginidad de María, en la validez de los sacramentos, en la inmutabilidad de los Dogmas (que ahora han quedado reducidos a meros productos del entendimiento humano y sujetos a la banalidad de las circunstancias históricas). Se trata de un mundo que tampoco cree en la verdad de los Santos, en la infalibilidad de la Iglesia, en la realidad del pecado, en la existencia de la Ciudad del Eterno Llanto…, ni mantiene la Esperanza en una Patria y en un Mundo mejor con respecto a los cuales el hombre confiaba antes en que iba de camino para alcanzarlos. Nada tiene de extraño que apenas si sea ya conocido el sentimiento de la Alegría Perfecta, solamente capaz de ser producido por un Verdadero Amor al que, por supuesto, ya nadie conoce ni tampoco desea.
Y aquí damos por terminadas las divagaciones acerca del lema que, según San Malaquías, corresponderá al Pontífice que cerrará la Historia de la Iglesia y del Mundo. Con la obligada conclusión final de que solamente Dios sabe con certeza si el Papa Francisco es realmente Pedro Romano. Por nuestra parte, no nos hemos atrevido a asegurar que lo sea, y más bien nos hemos limitado a intentar demostrar que la hipótesis de que ambos son la misma persona no debe ser rechazada alegremente, puesto que goza de tantas razones de credibilidad como las que defienden lo contrario.
De todos modos, los síntomas que hemos bosquejado acerca de la crisis que padecen la Iglesia y del Mundo son ciertos y fundados en la realidad. A lo que habría que añadir la seria advertencia de que lo aquí descrito no es sino la punta del iceberg: Pero todo esto es el inicio de los dolores (Mt 24:8). Sin olvidar tampoco la dura realidad de que no todo se puede decir, puesto que así lo impone la necesaria discreción en momentos como éstos en los que se cierne la persecución: La casa se construye con la sabiduría, y se mantiene en pie con la prudencia, según decía ya el Libro de los Proverbios (Pro 24:3).
Tales señales serán las que han sido proféticamente anunciadas para el fin de los Tiempos…, o tal vez no lo serán. Pero es indudable que, en este último caso, son al menos el comienzo de los acontecimientos que han de producirse, como claramente se desprende de la extrema gravedad de los hechos. La cual es suficiente para que podamos imaginar, siquiera sea de alguna manera, lo que le va a sobrevenir a la Iglesia y al Mundo: Habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y de no acortarse esos días, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos esos días se acortarán (Mt 24: 21–22). Y las palabras son del mismo Jesucristo.
Por supuesto que tanto la Iglesia que sueña con una Iglesia Universal unificadora de todas las religiones, a la par de un Mundo que también suspira por una Autoridad Global que gobierne a todos los habitantes de la Tierra —y hay que tener en cuenta que se trata de un mismo sueño en uno y otro caso, alentado por la misma falsa sabiduría y dirigido por los mismos Poderes—, están ambos abocados al más estrepitoso de los fracasos y a un castigo que supera a cualquier imaginación humana.
De todos modos, tanto si estamos ya ante los Últimos Tiempos como si no ha llegado todavía ese momento, el Mal sigue avanzando inexorablemente mientras prepara la aparición del Hijo de Perdición. Mientras tanto continúan discutiendo los progresistas y los tradicionalistas acerca de la ortodoxia de tal o cual Doctrina, si es conforme o extraña a la Tradición, o si determinada hermenéutica de continuidad no será más bien de ruptura. A lo que hay que añadir que muchos teólogos, y hasta miembros de la Jerarquía, se dedican a cuestionar la mayoría de los Dogmas (aprovechando la coyuntura de saberse amparados por una total impunidad), por lo que nada tiene de extraño que se vaya extendiendo la confusión entre los fieles ni que siga aumentando el número de los que vacilan y abandonan. Con lo que el Modernismo ha logrado uno de sus más ansiados objetivos, pues no le interesa tanto la negación rotunda de los dogmas cuanto sembrar la duda sobre ellos.
Así fue como repentinamente, sin que al parecer nadie lo hubiera advertido, un día despertó la Iglesia para encontrarse a Sí misma transformada en modernista, tal como alguna vez dijo de Ella San Jerónimo refiriéndose al arrianismo. Un cambio que ha afectado a millones de católicos que, sin embargo, no se han enterado del suceso.
Lo cual, como era de esperar, niegan los modernistas, salvo que se quiera admitir que, si bien ha existido un cierto cambio, su efecto no ha sido otro que el de mejorar sustancialmente a la Iglesia y devolverla a un estado más próximo al de sus orígenes. También las más Altas Jerarquías de la Iglesia proclaman con energía que, tanto en lo que respecta a las enseñanzas del Magisterio como en lo que atañe a la disciplina y vida de la Iglesia, no ha existido otra cosa que un desarrollo en la continuidad y una línea ascendente de mejora en la situación eclesial, aunque salvando siempre la esencialidad de la Institución y mantenida la inmutabilidad que, ya en el siglo V, exigía para Ella San Vicente de Lerins ante la posibilidad de cualquier cambio.
Teorías a favor y teorías en contra, acusaciones y discusiones en uno y otro sentido, opiniones contradictorias según las diversas ideologías y las diferentes tendencias…, todo un batiburrillo donde la Iglesia, que fue algún día Fuente de unidad y de santidad, se ha convertido en un campo de Agramante en el que cada uno de los diversos grupos cree tener la exclusiva de la Verdad, a falta de un factor común y de una mano firme capaz de reunir a las ovejas en un solo rebaño con un solo pastor.Jn 10:16.
(Continuará)
Padre Alfonso Gálvez

“Congregaos en torno a Ella, como en un nuevo Pentecostés.”

“Congregaos en torno a Ella, como en un nuevo Pentecostés.”

Tomado del Libro: La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús 
Dictados de Jesús a Marga
MargaLaVerdaderaDevoción


05-05-2000
(Primer Viernes)

Jesús:
Hola, Señor.
Dirigíos a Mí con la sencillez con que se trata a un Amigo.
Pero eres Dios.
Sencillez llena de respeto.
Diles a todos que les amo, que mis Entrañas se encuentran hoy abiertas, más que nunca abiertas, para acogerles a todos. Porque es el último intento de mi Misericordia, impulsada por mi Santa Madre, de atraerlos a todos a Mí. Por eso acoged, albergad, abríos y abrazad al Gran Espíritu de Amor, que se derrama, se va derramando ya nuevamente sobre vosotros para que podáis comprender, acoger y responder a mi Llamada.
Ved cómo ya no queda fe, se apaga la fe, se va apagando. Comparadla con los principios de mi Iglesia. Débil brasa que permanece aún caliente, pero a punto de apagarse. Comparadla con la gran Luz que brilló hasta los confines de la tierra. Comparad y actuad en consecuencia. La diferencia, ¿en qué está? Estaba en María. Si se olvida lo que hace que se encienda la hoguera, la yesca, ¿cómo se va a poder encender? La que da Luz, la que os da la Vida. Acudid, acudid a Ella. Congregaos en torno a Ella, como en un nuevo Pentecostés, que Ella os obtendrá del Padre la nueva efusión del Gran Espíritu Consolador, Vivificador, Santificador. Ella os dirá qué hacer. Os enseñará a amar a Dios, a cumplir su Voluntad y a imitarme a Mí, el Cristo. A algunos os enseñará el camino del calvario, como martirio: los que os ofrecisteis. De entre ellos, elegiré a los que quiera, según el designio del Padre. No me corresponde a Mí ni es una decisión de ellos: es el Padre el que les ha elegido. No envidiéis su suerte. A cada uno os quiero en vuestro puesto. Es muy difícil responder a tan grande elección, rezad por ellos. Y ofreceos también vosotros, todos vosotros. El Padre tomará vuestra ofrenda y la colocará en el sitio preciso. Congregaos todos, unidos cual últimos rescoldos de las brasas de la lumbre, y dejaos encender por María.
Uníos, amaos, y amad a los que os persigan. Bendecid, no maldigáis. Purificaos así en vuestro camino. Es el Camino del Amor. Y llevad a otras almas por él. ¡Bendito Camino!
14-05-2000 Jesús:

¡Estrechadme! ¡Estrechadme contra vosotros! ¿No veis cómo mis brazos se abren procurando abarcaros a todos?
No andéis dispersos, fuera del rebaño. No andéis como ovejas descarriadas yendo a por otros pastos. El Maestro está aquí y os llama. Permaneced unidos para poder escuchar mi Voz y mi Voluntad. Permaneced unidos para que Yo, con mi abrazo, os pueda abarcar a todos, para que Yo descienda sobre vosotros en una sola vez, y os encuentre a todos. No quiero que ninguno falte a ninguna de mis citas con vosotros.
Como Iglesia sois miembros todos de un mismo Cuerpo,[1] y si al cuerpo le falta alguno de los miembros, está mutilado y no puede realizar todas las funciones. Que cada uno permanezca en su puesto, sois todos necesarios. Que la mano no quiera ser pie, ni el pie mano. Cada uno contento y a pleno rendimiento allá donde Yo le he encargado que vaya y con la misión que Yo le he encomendado. ¿No comprendéis que todos me sois necesarios? Y dejaos gobernar por vuestra cabeza. ¿Qué hace un cuerpo sin cabeza? Un cuerpo sin cabeza no tiene vida, no puede realizar ninguna de las funciones para las que ha sido creado. Dejaos dirigir por mi Santo Espíritu de Amor, de Vida y Amor. Que nadie piense que por ser oreja, es menos que el pie. Sería absurdo que todos los miembros quisieran ser mano. Una mano, por sí sola, no tiene vida, no puede hacer nada. Y dejad que la Virgen sea vuestro corazón. Que Ella sea la que os impulsa la vida, la sangre de la vida por la savia del cuerpo, por las venas del cuerpo, alimentando todo el conjunto corporal.
Impulsaos por Ella, formad parte de Ella. Convertíos en otros «Ella», para que así¡oh designio divino! seáis todos Corazón, Corazón de mi Iglesia. Fuego que abrase este Cuerpo mortecino y le dé vida. Fuego e ímpetu de Amor. Acción poderosa, acción ardorosa de Amor que levante mi Iglesia en España. Éste es mi Deseo, ésta es mi Voluntad. Amén.
03-06-2000

San Miguel:
Soy Miguel.[2]
«Satanás quiere abortar mi Obra» —dice el Señor— «y Yo no lo consentiré».
Que tú sepas esto: El Señor estará ahora y siempre contigo. Su Plan de acción no quedará abortado. Él nacerá en ti para todos los demás
Yo estoy detrás de ti con mi espada de luz, espada de fuego. Yo no permitiré que te toque Satanás. Acude a mí.
¡Hay tanta gente tentada, Miguel!
Sí, y van a arreciar aún más las tentaciones. Sed firmes. Sed fuertes. Permaneced fieles. Yo os defiendo.
El Señor ya ha vencido, pero debe vencer en vosotros. Batalla ganada, aunque aún no ha tenido lugar.
Luchad, luchad hasta el final. Oh, final triunfante, final dichoso, final expectante de todo el Cielo, de toda la Creación.
Caminad. La senda se ha vuelto más oscura, y lo será aún más.
Daos la mano y congregaos junto a María.
Orad, inmolaos, llevad así a cabo la misión encomendada. Yo también estaré junto a todos. Yo os defenderé.
[1] Cfr. I Co,12,12ss.
[2] La Voz de Miguel es lenta, es como un susurro, es bella, es un espíritu muy bello. Es un Amigo, es amor puro, amor de amistad, de hermandad, como de hermano mayor. Viene a ayudarnos. Es un espíritu activo, es paz, alegría, armonía. Como Arcángel tiene mayor dignidad en el Coro de los Ángeles, en los encargados de Dios.