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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




miércoles, 29 de septiembre de 2010

MILAGROS DE MEDJUGORGE

Federico, 4 años y seis tumores
Milán, noviembre de 2004
Devastada por  la tristeza y la angustia, Sabina ya no sabe a quien recurrir. Un cáncer cerebral va a llevarse a su pequeño Federico!. Las agotadoras sesiones de rayos y  las quimioterapias sucesivas no han logrado nada, y 3 de los 6 tumores son inoperables: el bisturí no podría acceder allí sin provocar lesiones irreparables. En el Instituto Oncológico de Milán, el mejor de toda Italia, una gran celebridad sigue el caso de cerca. Humanamente hablando no queda mucha esperanza. El niño tiene tan sólo 4 años y su salud se deteriora de día en día a simple vista. Sin embargo, si sufre, no se deja abatir: con qué mirada pura le dice a su madre entre dos ataques de dolor. –Ya verás, mamá, ¡vamos a salir de esto!.
Sabina tiene entonces que refugiarse en el baño, el único lugar donde puede dar curso libre a sus lágrimas, a su llanto de desesperación.
Sabina no es creyente, o más bien ya no es creyente, y se mantiene cuidadosamente alejada de la Iglesia. La Gospa diría: aún no conoce el amor de Dios. Pero su amiga Laura, que forma parte de un ferviente grupo  de oración, se preocupa por el pequeño Federico y lanza una ofensiva de oración. Durante 9 días seguidos, cada miembro del grupo hará 1 hora de adoración ante el Santísimo por la intención del niño, suplicando a Jesús que lo cure y que apacigüe el corazón de su madre, ya  golpeado por la reciente separación de su marido.
Al final de la novena, inexorablemente, la enfermedad sigue su curso; ¿el Señor tendrá para Federico un proyecto distinto al de la curación?. Laura no baja los brazos, tiene otro plan: en  efecto, el padre Antonello, un sacerdote italiano misionero en Brasil, se encuentra en aquellos días en Milán y organiza una Misa de sanación en la iglesia de San Antonio. Laura invita a Sabina a que participe  con el pequeño. Sabina refunfuña…¿Ir a una  iglesia?.. De todas formas, y muy a pesar suyo, ella acepta. Pero no se engaña: ¡No son ni la fe ni la esperanza lo que la impulsa, sino mas bien la desesperación!. ¡Al fin y al cabo, no tiene nada que perder!. Si eso no le hace bien a Federico, tampoco le hará mal…
Y he aquí que desde el principio de la misa Sabina experimenta cierta simpatía hacia los dos celebrantes que parecen especialmente alegre, y tan cercanos y humanos. Federico está sentado sobre sus rodillas. El pequeño duerme con un ojo, pero con el otro vigila a los sacerdotes, pues durante la homilía se ha dado cuenta de que eran graciosos. Cuando la asamblea se ríe, aún sin comprender por qué, ¡él ríe más fuerte que los demás!.
Después de la misa, al igual que en Medjugorje, el padre Antonello expone el Santísimo Sacramento sobre el altar y dirige una plegaria de adoración. Luego toma la Custodia y la lleva en procesión por toda la iglesia, atiborrada de gente aquella tarde. Federico sigue al sacerdote con la mirada, preguntándose por qué el padre se pasea por todas partes con ese lindo sol dorado. El padre Antonello se toma su tiempo, bendice cada sector de la asamblea con su gran Custodia, suplicando a Jesús que toque el corazón y el cuerpo de cada persona como amaba hacerlo hace dos mil  años, en medio de la multitud que se apiñaba a su alrededor. Llegado a la altura de Sabina, ve de pronto al niñito sin pelo, enflaquecido y acurrucado contra su madre. El padre Antonello se acerca, bendice al niño y le coloca directamente la Custodia sobre su frente…Sabina no olvidará jamás aquel instante, aún  si en ese momento no comprendió absolutamente nada. Federico se desploma, como aniquilado. Allí se queda, tirado en el suelo. ¿Qué ha sucedido?. Sabina se agita a su alrededor pero en realidad, Federico duerme como un bendito. Sabina lo deja dormir mientras la oración en la iglesia prosigue.
Una hora más tarde, mientras  el sacerdote termina su procesión y entona el Tancum ergo, el pequeño despierta y le dice a su madre:
-¡Mamá, qué cómico ese sacerdote! ¡Quema cuando te toca! ¡Mamá, siento fuego en mi cabeza!
Sabina no presta atención a esas palabras del niño. Sin embargo, se asombra al ver que Federico sigue repitiendo lo mismo durante la noche y también al día siguiente:
-Mamá, la cabeza me quema, ¡tengo fuego en la cabeza!.
Entonces Sabina se asusta. Federico le asegura que no le  duele, que es divertido. Decide ir nuevamente al Instituto Oncológico, donde se le realizan nuevos exámenes. Cuando el radiólogo examina las placas se acomoda varias veces sus lentes y, estupefacto, mira fijamente a Sabina. El rostro de Sabina se vuelve pálido. Se espera lo peor…
-         Señora, ¿qué ha hecho usted? ¿quién ha operado a este niño?.
-         Pero, doctor, ¡nadie lo ha operado!
-         Señora, este niño ha sido operado, ¡es evidente!
-         Le aseguro, doctor…
-         Señora, por favor, ¡observe usted misma!
En efecto, ¡las radiografías muestran que los 6 tumores han desaparecido por completo! Pero no se han disuelto como por encanto, sino que en el lugar de cada uno de los 6 tumores se encuentra una cicatriz con finos puntos de sutura probando que una mano experta ha procedido a su extirpación. ¡ Y 3 de esos tumores eran inoperables y se encontraban en el sector del cerebro demasiado blando como para poder ser saturado!
Sabina por fin cae en la cuenta….¡El médico puede pensar lo que quiera; en cuanto a ella, ya comprendió!. En algunos segundos, vuelve a escuchar atentamente en su memoria la banda sonora de las palabras de Federico durante aquellas últimas 48 horas, a partir  de la bendición del sacerdote: Mamá, me quema la cabeza, ¡tengo un fuego en la cabeza!. No sabía que Jesús , su Creador, era también el más fabuloso de los cirujanos…
Hoy, Federico tiene 6 años, juega, corre, salta, hace tonterías…¡está totalmente curado! Desde la pequeña hostia blanca en el medio del sol , ¡Jesús lo ha tocado!
¿Y Sabina? ¡Sus lágrimas de desesperación han cedido el  lugar a lágrimas de alegría!
He experimentado que Jesús estaba vivo, dijo, que estaba con nosotros y que había curado a mi pequeño. Hoy le agradezco a Dios cada día por Federico, que ha recuperado sus fuerzas. ¡Está feliz y da rienda suelta a sus travesuras de niño!  Todos los días levanta sus ojos al Cielo y con una manito le envía besos a Jesús, ¡como si lo conociera desde siempre!. Jesús es su mejor amigo. Agradezco también a Jesús, a Dios y al Espíritu Santo por su  infinita paciencia para conmigo. Han permitido esta dura prueba para que finalmente  me diera cuenta de que están a nuestro lado, y de que la Iglesia, ¡somos nosotros!
¡Es nuestra tarea conservar a la humanidad unida en el amor de Dios!
De: El Niño escondido de Medjugorje….por sor Emmanuel .-

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