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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




lunes, 17 de octubre de 2011

ELEVACION A JESUS SOBRE EL MARTIRIO - SAN JUAN EUDES

Elevación a Jesús sobre el martirio
Voto de Martirio por san Juan Eudes

 
«Oh amabilísimo Jesús!, prosternados a tus pies, desde lo más profundo de nuestra nada, en unión de toda la humildad, devoción y amor del cielo y de la tierra, te adoramos, bendecimos y glorificamos como el Primer y soberano Mártir de tu Padre Eterno y como Rey de todos los Mártires.
Te  adoramos y bendecimos en el martirio dolorosísimo que has  sufrido en tu Pasión y sobre la Cruz.
Te honramos y veneramos en el martirio insufrible de tu santísima Madre al pie de tu cruz, en donde su alma santa fue traspasada por la espada del dolor y su corazón maternal tuvo que sufrir el mismo martirio que tu cuerpo sacrificado.
Te alabamos también y te ensalzamos en los múltiples y diversos martirios de tus santos, que tantos y tan atroces tormentos soportaron por tu amor.

Mil y mil gracias te damos por la inmensa gloria que has tributado a tu Padre por las infinitas torturas y sufrimientos que has soportado en tu sacrosanta persona, en la de tu santísima Madre y en las de tus Santos con el martirio. Oh! cuánta felicidad experimentan nuestros corazones al ver la gloria infinita que has tributado a tu Padre por tus sufrimientos y por tu muerte y la que El te rinde a trueque de esos mismos tormentos y muerte cruelísima sufrida por su amor y por el de nuestras, almas.
¡Oh!... cómo nos consuela verte  tan amado y glorificado por tus santos Mártires y el considerar a éstos tan glorificados y amados por tí!

Oh Jesús! amor y fortaleza de los mártires, adoramos y bendecimos infinidad de veces todos los pensamientos, designios y amor infinito que desde toda la eternidad has tenido para con todos los Mártires que ha habido desde el principio en tu Iglesia y para con los que habrá hasta el fin de los tiempos. Bendito seas por siempre, dulcísimo Jesús, por todas las gracias y maravillas que has  obrado y habrás de obrar en ellos y por ellos!

Oh amantísimo Jesús! ya no puedes sufrir ni morir y sin embargo deseas grandemente sufrir y morir hasta el fin del mundo en tus miembros para glorificar a tu Padre por sus sufrimientos y por su muerte hasta la consumación de los siglos.
Por doquiera buscas en quien satisfacer este anhelo de tu corazón.
Henos  aquí, buen Jesús, henos aquí a tu mandar: nos ofrecemos a ti con todo nuestro corazón mil y mil veces a fin de que te dignes servirte de nosotros para realizar tus designios.
Aquí tienes nuestro cuerpo con todos sus miembros dispuestos, mediante tu gracia, a sufrir toda clase de tormentos para que se colmen tus deseos y se aplaque la sed ardentísima que tienes de sufrir y de morir en tus miembros por amor de tu Padre.

Oh adorabilísimo Jesús! ya que no nos has  creado sino para tu gloria, haz que te glorifiquemos de la manera más perfecta que tenemos a la mano, cual es, sufriendo la muerte por tu honor.

Oh Jesús, único objeto de nuestro amor! nos mandas  amarte con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.
Es también éste, Señor, nuestro mayor deseo; por ello, anhelamos derramar toda nuestra sangre y sacrificar nuestra vida toda en aras de tu amor.
Pero es lo único que podemos hacer: experimentar anhelo tan santo; toca a tí, Señor, cumplir nuestros deseos, dándonos la corona del martirio.

¡Oh dulcísimo Salvador!, puesto que os dignas por un exceso admirable de bondad ser nuestra cabeza y hacer de nosotros los miembros de tu cuerpo, por esta misma bondad, dispone que vivamos la misma vida de nuestra cabeza y que tengamos su misma muerte.
A ello nos has obligado al incorporarnos a ti  por el Santo Bautismo, admitiéndonos a hacer voto y promesa solemne de adherirnos estrechamente a ti  para seguirte siempre, y por tanto, para, a imitación tuya, ser víctimas destinadas al sacrificio por tu gloria.
Otórganos, pues, la gracia de cumplir perfectamente esta promesa y este voto el más santo, y solemne de nuestra vida.
Haz  que te sigamos en la vida y en la muerte, y que seamos, como tú, inmolados a tu amor y a la gloria de tu Padre.

Oh Amor de nuestras almas !. . . cuando te contemplamos en la Cruz, vemos tu cuerpo adorable todo cubierto de llagas, de sangre y de dolores desde los pies hasta la cabeza.
Ay de mí! Amado Salvador, te veo morir de muerte la más cruel y humillante que haber pueda, y, no satisfecho aún, te veo en calidad de víctima sobre nuestros altares, inmolándote todos los días y todas las horas para testimoniarnos así que estás todavía dispuesto a sufrir y a morir mil veces, si fuera necesario.
Y todo ello, por amor del hombre, criatura despreciable e indigna, en grado sumo.
Ah! Bondadosísimo Jesús... y nosotros, ¿qué te daremos en cambio? ¿qué podremos hacer?, ¿qué podremos sufrir por amor tuyo?
Demasiado poco, muy poco es no tener sino un cuerpo para sacrificarlo a Quien ha inmolado el suyo tan santo y tan digno por nosotros!. .
Demasiado poco es no tener sino una vida para inmolarla a Quien ha perdido la suya, tan excelsa, tan divina que uno solo de sus instantes vale infinitamente más que todas las vidas de los hombres y de los Ángeles reunidas.
Demasiado poco es morir tan sólo una vez por Quien murió por amor nuestro y de una muerte infinitamente preciosa.
Ay! carísimo Jesús... en verdad, si tuviéramos los cuerpos de todos los hombres que han existido, existen y existirán, con el mayor gusto, mediante vuestra gracia, los entregaríamos, por tí, a toda suerte de tormentos. Y si tuviéramos la vida de todos los hombres y de todos los Ángeles, con muchísimo agrado te las ofreceríamos en sacrificio y holocausto a tu amor, a tu gloria.
Oh! si fuera posible morir tantas veces por tu amor cuantos momentos tienen los siglos pasados, presente, y futuros de mil amores te haríamos tal sacrificio en aras de tu amor y de tu gloria... !
¡Oh amor, único amor de nuestros corazones! si al menos nos fuera dado ver nuestro cuerpo bañado en sangre y todo cubierto de llagas y dolores por tu amor, como viste el tuyo, por mi bien, qué de alabanzas y bendiciones te tributaríamos!
Oh! bendito mil y mil veces el día en que colmes este anhelo íntimo de nuestras almas de ser hostias inmoladas sobre el ara santa de tu amor!
Oh fuego! oh hogueras! Oh espadas! oh ruedas torturadoras! oh patíbulos infamantes! oh cárceles! oh humillaciones, desprecios y oprobios! oh torturas, tormentos y sevicia de los hombres y de los demonios, de la tierra y del infierno!... lloved sobre nosotros con tal que siempre amemos a nuestro amabilísimo Jesús, y que lo amemos muriendo y que muramos amándolo, para amarlo y bendecirlo por siempre en toda la eternidad!...

Bien sabemos, Señor, que abandonados a nosotros mismos no sabríamos soportar la menor pena, pero confiamos en tu infinita bondad y en que, unidos a tí, de todo seremos capaces.
Tampoco ignorarnos, Jesús, que somos absolutamente indignos de tan grandes destinos, pero habiendo muerto tú por nosotros, eres sobradamente merecedor de que nosotros muramos por tí y suficiente bondad y poderío tienes para hacernos dignos de tal favor.

Esto es, bondadosísimo Jesús, lo que con instancia y humildísimo ruego de ti imploramos: otórganoslo por el amor ardentísimo que te ha hecho morir por nosotros sobre una cruz, por tu preciosa sangre, por tu muerte dolorosísima, por tu inmenso amor a María, Reina de los Mártires, por el que a todos éstos profesas y por el que ellos con su sangre te demostraron, en una palabra, hazlo, Señor, por lo que más quieras en el cielo y en la tierra!...
Haznos dignos de esta insigne gracia, por tu infinita bondad, por tu propio amor y por la gloria de tu santo nombre.
Danos, pues, si te place, desde ahora el espíritu del martirio, o sea, la gracia y las disposiciones requeridas para soportarlo.
Haznos fuertes y constantes para hacerlo y soportarlo todo valerosamente por tu gloria y para no temer en el mundo a nadie sino a ti y a cuanto te ofenda y disguste.
Que nunca nos apoyemos en nuestras propias fuerzas sino que pongamos nuestra confianza toda en tí solo y en tu bondad infinita; que detestemos más que el infierno, la gloria, la vanidad, los placeres y las delicias del mundo y que finquemos toda nuestra dicha y felicidad en los desprecios, humillaciones, trabajos y penalidades de la vida; que vivamos en medio de un total olvido y perfecto desprendimiento, de nosotros mismos, del mundo y de todos sus bienes y sobre todo, que el fuego santo de tu amor de tal suerte nos inflame y abrase, que en adelante no aspiremos a ningún otro amor y que de continuo nos consuma un deseo ardiente de amarte siempre más y más y de hacer y sufrir los mayores sacrificios por tu solo amor y que, en fin, nuestra vida toda se consuma y aniquile en las llamas y divinos ardores de tu amor.
Inculca poderosamente en nosotros, oh buen Jesús!, el espíritu del martirio y en el corazón de los que desde la eternidad has escogido para asociarlos a tus santos Mártires y muy especialmente en el de aquellos que han de sufrir y morir por ti  en la última y más terrible persecución: la del Anticristo.

Oh Madre de Jesús, Reina de todos los Mártires! Oh Santos Mártires de Jesús! dignaos pedir al mismo Jesús se valga de nosotros para saciar su sed de sufrimiento y de martirio en nuestros cuerpos para su única gloria y por su solo amor.
Finalmente, oh amabilísimo Jesús! concedednos que en adelante vivamos imitando perfectamente tu  vida santísima, la de tu Madre y la de tus  santos Mártires para así asemejarnos a tí y a ellos no sólo en la vida sino también en la muerte y merezcamos cantar contigo y con ellos por toda la eternidad el dulcísimo canto de tu gloria y de tu divino amor. AMÉN. (La Vie et le Royaume de Jésus. OC.  1, 297-303).



Muchas Gracias por tu aporte Luis Fernando

1 comentario:

  1. Oh mi buen Jesus, que gran dicha será cumplir la predestinación que nos diste para cumplir el martirio junto a ti quien eres el JINETE BLANCO del Apocalipsis, en virtud de soportar los tormentos que el anticristo ofrecera como ejemplo de escarnio a quien se le oponga en su ardid del odio que dura poco. Tú, oh Gran Jinete Blanco, lideras nuestro ejercito blanco, los martires que dispuestos estan ante la defensa y desenmascaramiento de tu enemigo que dura poco, al cual tu vences y Nuestra Madre María derrota con el Triunfo de su INMACULADO CORAZON. Oh Señor estamos contigo, para vivir, luchar, sufrir, morir y al fin resucitar con nuestras ropas blancas ante el trono eterno de nuestro Padre Celestial YHWH SABAOT. Se hará tu voluntad y nuestro anhelo es con tu gracia soportar lo malo para vivir y disfrutar eternamente de lo bueno que es el REINO DE YHWH, ALELUYA Y GLORIA A SU SANTISIMA MAJESTAD, REY DE REYES, SEÑOR DE SEÑORES.
    QUIEN COMO DIOS?NADIE COMO DIOS
    PAZ Y BIEN
    Pedro el romano

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