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lunes, 26 de marzo de 2012

25 de marzo + 9 meses = JESUS

25 de marzo + 9 meses = Jesús
25/03/12 |(*) Por monseñor Jorge Eduardo Lozano
El 25 de marzo se conmemora el día en que el Ángel Gabriel le anuncia a la Virgen María que será la mamá del Hijo de Dios. Es el comienzo de su embarazo que durará 9 meses hasta el nacimiento de Jesús.
Es un momento muy importante, porque gracias a la aceptación de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo Dios se hace carne, asume nuestra naturaleza y condición humana.
El libro del Génesis, cuando nos relata la expulsión del paraíso, deja constancia de una promesa de Dios; alguien descendiente de la mujer le aplastará la cabeza a la serpiente, figura del demonio, del mal que será derrotado.
De esta respuesta de María al anuncio del Ángel está pendiente toda la humanidad. Lo que ella diga provocará un cambio no sólo en su persona y su familia, en sus vecinos y su ciudad, sino en la humanidad entera.
María confía en la promesa de Dios, y dice Sí a su llamado, abriendo su vida de par en par a la Palabra de Dios. En ella es como si la humanidad entera se dispusiera a recibir a Dios, a dejarse guiar y conducir por Él.
Por ser el comienzo del embarazo de la Virgen, en muchos lugares del mundo se tiene presente de modo especial el derecho de todos los niños por nacer, los que ya van creciendo en el vientre materno.
Cuando una mujer está embarazada debemos hablar de dos vidas, no solo una.
Vemos en estos tiempos cómo está amenazada la vida que crece pequeña.
El embrión es vida humana y tiene todas las características genéticas del niño y el adulto. La semana pasada se divulgaba en internet cómo iba creciendo la panza de una mamá embarazada. Desde afuera se percibía la maravilla de la vida que se iba desplegando y ganando espacio.
Debemos cuidar como corresponde a las mamás embarazadas. Buscar que tengan alimentación adecuada, la necesaria atención médica, la prevención suficiente de lo que necesite su niño al nacer. Esperar la vida que llega necesita de una actitud de ternura y comprensión de futuro.
Hemos de reforzar el compromiso para cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural en todas sus etapas y todas sus dimensiones.
Las normas legales que autorizan el aborto pero no cuestionan el abuso o la violación no parecen dar una respuesta adecuada.
Se elimina la consecuencia -el embarazo- y se da por cerrada la búsqueda y reparación de la causa -la violación o abuso. No se promueve la restauración de la justicia, sino que se instala la impunidad de quien abusó o violó. De este modo no se logra poner fin y sanción a la relación de violencia hacia la mujer -sea adolescente o adulta- que provocó su embarazo. Padrastro, tío, abuelo, vecino, primo, seguirán sin sanción legal ni moral. Como si el embarazo fuera problema solamente de la mujer.
Una desviación que no por ser más conocida o extendida es menos dolorosa y cruel, es la separación del sexo y del amor. Esto lleva a poner en la sexualidad toda la carga animal e instintiva, pero sin “humanizarla”. Quien abusa de una niña, un niño o de cualquier persona, se comporta como un animal. Quien busca el sexo ejerciendo violencia psicológica o física, tiene una conducta agresiva o destructiva. ¿Podemos como sociedad pensar que el aborto es la solución que proponemos al daño provocado? ¿Esa niña, adolescente, mujer, vuelve a su casa habiendo encontrado solución? ¿No volverá acaso a ser abusada?
En esta semana en muchos colegios se trabaja en torno a dos fechas significativas, el 24 y el 25 de marzo. Hacer memoria de las graves violaciones de los derechos humanos durante la última dictadura militar tiene que ayudarnos a valorar la dignidad de toda persona humana y sus derechos inalienables.
Concientizarnos en la dignidad de la vida por nacer nos lleva a afirmar que la vida es el primer derecho humano.
Por estos días el Papa Benedicto XVI está de visita por Cuba y México. Tengamos también una oración por los frutos de estos encuentros y celebraciones.
El domingo pasado leímos en la misa el Evangelio de San Juan. Jesús dijo: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”. (Jn. 3,16)
Nuestra vocación es la vida en plenitud. Cuidémosla en todo momento.

(*) Monseñor Jorge Eduardo Lozano es obispo de Gualeguaychú Argentina y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

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