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domingo, 22 de julio de 2012

DESPERTAR ARABE

El régimen de Al Assad pierde fuerza. Estados Unidos se disputa con China y Rusia el control de la transición. Damasco, una llave en las relaciones de Medio Oriente.
Por Dante Caputo
 
21/07/12 - 11:11
¿Qué divide a las grandes potencias? ¿El futuro de Siria o quién, entre ellas, dominará Siria en el futuro?
Esta semana, un atentado descabezó la cúpula del gabinete de crisis del gobierno sirio, reunido en la sede de la Seguridad Nacional, en Damasco. Entre los funcionarios asesinados se encontraban el ministro de Defensa, el jefe de la seguridad y, entre los heridos graves, el ministro del Interior.
Otro de los asesinados fue el viceministro de Defensa, Asef Shawkat, miembro del círculo íntimo y cuñado del presidente Bashar Al Assad. Había sido jefe de los servicios secretos militares y, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, uno de los principales intermediarios entre el presidente y la inteligencia occidental. Simultáneamente, los rebeldes sirios lanzan la mayor ofensiva en Damasco, donde la guerra civil se ha instalado.
Entre los procesos de transición política que vive la región, éste es el caso más prolongado y complejo. En los 15 meses que lleva el conflicto, el número de muertos, impreciso, ronda los 20 mil. El régimen del presidente Bashar Al Assad es el más represivo y autoritario de la región. Heredó el cargo de su padre en 2000. También, su práctica del poder absoluto, la crueldad y la red de aliados que su padre había tejido. Este panorama dramático no es sólo sirio.
La impotencia de las Naciones Unidas ha sido señalada por su ex secretario general y enviado especial, Kofi Annan, quien en una entrevista a Le Monde dijo: “Es evidente que no hemos tenido éxito y, probablemente, no hay ninguna garantía de que vayamos a tenerlo”.
Los bloqueos en Naciones Unidas y, en general, el conflicto exponen crudamente la lucha de intereses de las potencias occidentales con China y Rusia.
El interés de las potencias extranjeras ha acompañado la historia política de Siria contemporánea. Los actores cambiaron, los motivos variaron, pero ese país continúa siendo una llave en las relaciones del Medio Oriente, una prioridad para la política de seguridad internacional. Al interior de la región, el enfrentamiento entre sunitas y chiitas da marco al conflicto, moviliza a unos y otros y renueva permanentemente las razones de los conflictos.

A la cabeza de los sunitas, Arabia Saudita, Turquía y Qatar son una fuente permanente de apoyo a los rebeldes, ahora agrupados en el Ejército Libre de Siria. A su vez, este conglomerado tiene el respaldo de las potencias occidentales. La otra alianza de hecho reúne al régimen sirio con Irán e Irak, quienes tienen, a su vez, el apoyo de Rusia y China.
Visto desde esta perspectiva internacional, quien controle Siria tendrá mayor capacidad para influir sobre Irán, su desarrollo tecnológico y sus recursos, y también sobre Irak. Para las potencias occidentales, quebrar el vínculo entre Siria, Irán e Irak permitiría disminuir el riesgo de que se produzca un cambio en las relaciones de poder en el área y evitar así una reducción de su influencia. Esos tres países, junto a la organización islamista en el Líbano, Hezbollah, tienen juntos la capacidad suficiente para influir en la política de Egipto, tocando así la pieza central de la seguridad en el Medio Oriente.
Ni Rusia ni China parecen dispuestas a autorizar una acción de las Naciones Unidas para que intervenga en Siria, como muestran sus vetos a las resoluciones de condena del Consejo de Seguridad.
La posición del gobierno chino es clara: “Nos oponemos a una intervención militar en Siria y al cambio de régimen por la fuerza”, afirmó hace una semana el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores. No lo es menos la de Moscú: “Creemos que un nuevo proyecto de resolución del Consejo de Seguridad sería prematuro”, expresó el viceministro de Exteriores ruso.
A menudo, se ha explicado la posición rusa por la importancia de Siria como comprador de sus armas, que ronda los 5 mil millones de dólares. En realidad, esta cifra representa sólo 5% del comercio total de armamentos de Rusia. Por lo tanto, la explicación debería estar en otro lado. Además de los recursos y los equilibrios estratégicos en la zona, parece razonable pensar que Rusia, como China, desean evitar que se consolide la capacidad de intervención de Occidente debajo del paraguas de la ONU, práctica habitual en los últimos años.
Al inicio de las revoluciones en el norte de Africa y en Medio Oriente, naturalmente hemos prestado especial atención a la reacción de Estados Unidos frente a un hecho que podía implicar un cambio en las relaciones de poder en una zona esencial para la seguridad internacional. Sin embargo, los cambios no inquietaron sólo a Washington.
La mayoría de los observadores y analistas rusos creen que las transiciones políticas desestabilizaron la región y abrieron el camino del poder a los islamistas. Los gobiernos autoritarios laicos son vistos como la única alternativa realista a la dominación islámica.
Lo llamativo de este cuadro es que ambos bloques, Occidente y Rusia-China, perciben el mismo peligro. Sin embargo, resulta claro que mientras uno quieren el fin de Al Assad, los otros buscan su supervivencia. Probablemente, la diferencia esté no tanto en la caída o continuidad del presidente sirio, sino en quiénes serán los que comanden los sucesos que lleven al fin del régimen actual y, probablemente, controlen la transición.
Más allá de los riesgos de una eventual llegada de los sectores islamistas al poder en Siria, rusos y chinos saben que una intervención armada promovida por Occidente reforzará la idea de que el orden internacional es dictado por Estados Unidos y sus aliados, que no existe un balance en las decisiones y que los roles que Moscú y Beijing desean para sus países serán marginados.
En breve, lector, no se discute tanto el contenido del futuro sino, como suele suceder, quién dominará en ese futuro. Lo cual, desafortunadamente, coloca al pueblo sirio en el centro de un desesperante enfrentamiento.
Ante este cuadro, el secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, dio su opinión el miércoles pasado. Curiosamente, dijo: “La situación en Siria se está poniendo fuera de control”.
Mientras tanto, zarparon once navíos militares rusos hacia el puerto de Tartus, territorio sirio donde ya hay diez mil expertos militares rusos.

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