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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




viernes, 20 de julio de 2012

REFLEXION DEL OBISPO DE RAFAELA QUE NOS SIRVE A TODOS

Hermanos, es valiosa y para reflexionar este carta que envía el Padre Obispo de la Diócesis a sus hermanos en el sacerdocio.
Nos sirve a todos - sea cual fuere nuestra opinión acerca del hecho que evalúa - desde la fe y del espíritu de Iglesia, como unidad de los creyentes.
Para los Renovados Carismáticos que participaron en el encuentro de ayer... sabrán porqué lo envío.
Dios nos bendiga a todos y su Espíritu Santo nos regale el Ministerio de la caridad! Lidia
Que les sirva de apoyo para momentos graves como el que surge de hechos tan lamentables,
que son falta de coherencia entre la fe y la acción, que también nos comprende a todos.
Rafaela, 27 de junio de 2012
A los presbíteros y seminaristas de la diócesis de Rafaela ______________________________________
Mis queridos hermanos:
Me pongo en contacto con ustedes a través de este medio para compartirles algunas reflexiones que vengo haciendo en estos días a raíz del penoso escándalo provocado por las fotos de Mons. Fernando Bargalló junto a una mujer en las playas del Caribe mexicano.
Mi intención no es hacer un juicio sobre esta situación ni mucho menos sobre la persona de Fernando, a quien conozco desde hace muchos años ya que fuimos compañeros de seminario. Estas situaciones me vuelven a confirmar que todos somos hechura de la gracia y que también yo soy capaz de la peor de las miserias. Cada día se me hace más fuerte la convicción de San Pablo: “por la gracia de Dios soy lo que soy…” Sin embargo, de cada una de estas historias podemos extraer alguna enseñanza y reconocer la llamada del Señor a un seguimiento más radical. Con mucha sencillez y con espíritu fraterno es que les escribo estas líneas y les comparto algunas ideas, con el deseo de que nos sirvan para no quedarnos en lo meramente anecdótico y para que todos renovemos nuestra fidelidad al Señor y nuestro servicio eclesial.
Ante todo les cuento que en estos días me han acompañado sentimientos de dolor, vergüenza, bronca, compasión, deseo de conversión. Dolor porque una vez más el nombre de Dios ha sido mancillado. Es un misterio desconcertante que Dios haya querido “depender” tanto de sus instrumentos, hasta tal punto que nuestras flaquezas inevitablemente lo afectan. Cuando fallamos es Dios el primero que queda “manchado”. Paradoja de la encarnación, de la que no terminamos de ser conscientes en todas sus consecuencias. Dolor por el santo pueblo de Dios que -una vez más- siente defraudada su confianza en los pastores. ¡Hay tanta gente buena y sencilla que confía en nosotros, nos cuida y nos defiende de burlas y críticas! Nuestras miserias los dejan sin argumento y les cuestionan sus propias convicciones. Dolor por la misión evangelizadora, que pierde eficacia y credibilidad cada vez que los pastores dejamos al descubierto nuestra pobreza. Dolor por este hermano, que estará atravesando un momento durísimo y que ha perdido en un instante tanta cosa buena trabajada en muchos años de fecundo y generoso ministerio.
También siento vergüenza. Vergüenza porque las incoherencias de la Iglesia nos involucran a todos. Cuando leemos en los diarios o nos enteramos de situaciones escandalosas tendemos a pensarlas como “ajenas”; cuando los protagonistas son personas más cercanas a nosotros se nos hace más patente esa misteriosa solidaridad que vincula a todos los hijos de la Iglesia. Para bien y para mal. Debo confesarles que los recientes escándalos de la Curia romana o los problemas de abuso de menores o hijos extramatrimoniales de obispos y sacerdotes, sucedidos en Estados Unidos o Europa, inconscientemente los he asimilado como “de los otros”. Sin embargo son tan propios y cercanos como los que atañen a hermanos y comunidades muy cercanas a nosotros. Es cierto que los medios de comunicación no ayudan y están siempre dispuestos a magnificar los acontecimientos que ensucian a la Iglesia, pero no es menos cierto que –con mayor frecuencia de lo deseable- nosotros les damos libreto abundante.
La bronca aparece ante situaciones que nos hacen daño y nos desbordan. El mal espíritu, disfrazado de “ángel de luz”, se las ingenia para que no tengamos en cuenta todo lo que se pone en juego con nuestros pecados. Y nosotros, torpemente, nos dejamos embaucar… ¿Cómo podemos dilapidar tanto don de Dios por una fugaz gratificación (sea del orden que sea)? ¿Cómo no ser más “astutos como serpientes” para desenmascarar rápidamente el poder demoledor del pecado? ¡Qué necesidad tenemos de ser más vigilantes y de pedir constantemente al Señor la gracia de estar atentos! Esto no significa vivir obsesionados por el pecado, sino reconocer nuestra flojera y la necesidad de una prudencia creciente en nuestra vida y ministerio. Significa también reconocer que necesitamos de otros que nos ayuden a objetivar nuestro propio camino, librándonos del aislamiento o de la autosuficiencia. ¡Qué signo de madurez humana y espiritual es pedir el acompañamiento de hermanos “mayores” en la fe!
La repercusión mediática, los comentarios en grupos y reuniones, la necesidad de esclarecernos y –quizás- una cierta curiosidad malsana, pueden hacernos olvidar de las personas concretas involucradas en esta situación. Ante todo las dos personas que le dan origen y también otros allegados a ellos (familiares, feligreses, amigos, etc.). Para ellos hace falta mucha compasión. “Padecer” con ellos, es decir ponernos en su lugar y tratar de compartir el drama que atraviesan. No para justificar lo injustificable sino para comprender, acompañar y –si está a nuestro alcance- ayudarles a salir adelante. Bien distinta sería la vida de la Iglesia (y del mundo) si fuéramos capaces de compadecernos de quienes se equivocan y la ensucian, en vez de criticarlos y condenarlos.
Finalmente, esta situación ha suscitado en mí un profundo deseo de conversión. También mis pecados y miserias desdibujan el rostro luminoso de la Iglesia y empalidecen el reflejo del Buen Pastor en mi ministerio. Aunque –por gracia de Dios- puedan tener menor resonancia pública no por ello dejan de ser un obstáculo para la obra de Dios en el mundo. La Iglesia avanza en la historia y realiza la misión que recibió del Señor gracias a los santos. No son los Papas, cardenales, obispos o sacerdotes los que garantizan su fidelidad y la fecundidad de la misión. Sin embargo un pastor santo es un singular estímulo a la santidad de todo el pueblo. Miremos sino el testimonio del Cardenal Pironio, del Cura Brochero y de tantos pastores –cercanos y lejanos- que nos han dejado el rastro imborrable de sus vidas entregadas. La gracia de la conversión supone también el deseo de reparar por las debilidades de los hermanos. ¡Qué bueno sería destinar a reparar con la oración, la penitencia y el servicio la energía que a menudo ponemos en la crítica y el juicio despiadado!
Hasta aquí lo que tenía para compartirles. Seguramente cada uno podrá completar y enriquecer estas reflexiones. Ojalá que a todos nos ayuden para volver a descubrir la mirada tierna y comprometedora de Jesús, el Buen Pastor, que nos sigue llamando para seguirle.
Los abrazo y bendigo con afecto y gratitud,
 
+ Carlos María Franzini
OBISPO DE RAFAELA
            
"Que el Señor te bendiga y te proteja.
Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia.
Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz."

3 comentarios:

  1. cOINCIDO TOTALMENTE. Todos hemos sido ensuciados y TODOS debemos reparar y rezar por el Obispo y la señora involucrada. Como mujer también debo reconocer q ella NO tuvo la suficiente fuerza como para rechazar una situación tan fuera de todo orden moral.
    Y ése fracaso me duele también a mí, como mujer. También digo q los primeros días me costó orar x ellos, pero un día frente al Santísimo, Jesús me guió y pude finalmente rezar x esas 2 almas.
    Aquí en la diócesis de San Isidro, se nos dijo q el Obispo habiendo pedido perdón a sus sacerdotres, sus superiores y a la feligresía y estando él en periodo de hacer penitencia, ya NO había más nada q comentar, solo olvidar el episodio. Pero con esta actitud, NO estoy de acuerdo. Sí con el Obispo de Rafaela. La Iglesia está siendo atacada salvajemente desde hace años x el Maligno y debemos redoblar nuestra fuerza de alma para NO caer en sus tentaciones. Se ha banalizado al pecado en general en nuestra sociedad humana: debemos tener bien presente q cada una de nuestras ofensas hieren al Padre y vuelven a crucificar al Hijo. El demonio nos ha dado otra bofetada y se ha reído a carcajadas con el problema Bargalló. NO le demos más cabida en nuestras vidas, fortalezcamos nuestras almas al máximo. Oremos x los sacerdotes y religiosas. Recemos todas las oraciones exhorcistas q Jesús ha enseñado. ESTAMOS EN PLENA BATALLA DE TIEMPOS FINALES. NO PODEMOS IR X LA VIDA COMO SI NADA PASARA. Tenemos la ciclópea tarea de salvar nuestras almas y ayudar a otros también a salvarse. ¿Qué estamos esperando, pueblo de Dios? Salgamos armados a la lucha...
    CAIA

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  2. Muchas Gracias Caia por este ejemplar comentario, gracias por estar siempre presnte, Dios te bendiga y Maria te guie por los caminos del Señor.-

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  3. Muy triste éste episodio, como muchos otros que ocurren, y que quizás, ni salgan a la luz. Por eso, es nuestra obligación como católicos, SIEMPRE rezar por todos los sacerdotes, para que Dios les dé fortaleza, para que sean hombres de oración; debemos pedir al Cielo por todos ellos, para que sean sacerdotes santos e irreprochables, y que dén buenos ejemplos a las ovejas que deben cuidar y tratar por todos los medios de que se salven. Esa es su misión, por la que Dios les pedirá cuentas. No olvidemos de orar diariamente por ellos, esto es importantísimo.

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