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martes, 26 de marzo de 2013

Como eran los estigmas del Padre Pío


Flores que se abren en Semana Santa:
Estamos en los tiempos – semana santa – en que quienes reciben en sus cuerpos los estigmas de la pasión de Jesucristo suelen verlos crecer, produciéndose la cumbre el viernes santo. En un artículo de ayer vimos la descripción de los estigmas del primer estigmatizado conocido (San Francisco de Asís) narrada por San Buenaventura. Y ahora presentamos la descripción de los estigmas del padre Pío según la investigación de un Inquisidor del Vaticano
.


A raíz de la prefiguración del Papa Francisco en San Francisco de Asís, describimos los estigmas de la pasión de Jesucristo en el “poverello de assisi”, narrados por san Buenaventura en la “Leyenda menor”, que aparece como un relato más bien piadoso, del que podrían quedar dudas de su objetividad. Ver aquí el artículo.   
Pero en el caso del Padre Pío hubo una investigación objetiva de unInquisidor de Roma, monseñor Raffaello Carlo Rossi, en 1921, que examinó los estigmas e interrogó exhaustivamente al franciscano.

EL EXAMEN DE LOS ESTIGMAS DEL PADRE PÍO

El Padre Pío recibió la orden de dar media docena de “declaraciones” bajo juramento en 1921 – incluso se le pidió que lo hiciera de rodillas, con la mano sobre la Biblia - y en los testimonios se revelan notables detalles sobre sus estigmas.
Durante el examen por parte de Roma (ordenada a raíz de la creciente fama del cura), el obispo Inquisidor, monseñor Raffaello Carlo Rossi, pidió al Padre Pio quitarse los guantes de lana; el inquisidor luego examinó y detalló las heridas místicas.
La “herida” en la palma de la mano derecha, que encontró, era de unos cinco centímetros de diámetro y cubierta de costras pequeñas de materia sangrienta.
Pero no había ningún agujero, descubrió el investigador del Vaticano. Esta es una noticia.
“Es obvio que no hay una lesión de la piel, ningún agujero, ya sea central o lateral”, escribió Monseñor Rossi. “A partir de esto, parece posible inferir que la sangre que es visible en la mano y que se coagula en estas costras sale de la propia piel a través de exudación“.
El santo confirmó esto – y dijo que el dolor era tal que su mano entera le dolía todo durante los estigmas, más aguda en el medio y cuando apretaba la mano.
En la parte posterior había un agujero de unos 1,4 pulgadas de diámetro, también sin lesión y directamente alineado con la palma de la mano herida en el otro lado.
En la mano izquierda era básicamente el mismo – la herida de la palma de alrededor de 1,6 pulgadas, también con la herida en la parte posterior.
En los pies del Padre Pío se vio algo que parecía como una roseta de unos dos pulgadas de diámetro en la parte superior – una “herida” con más blancos, y la piel delicada que en ese momento no estaba sangrando (pero sí de vez en cuando).
En la parte inferior, de su planta, por su parte, la roseta tenía poco más de una pulgada de diámetro.
Además, había una “herida en el costado” de una pulgada en la última costilla del sacerdote estigmatizado que también era de una pulgada de tamaño y – si bien latente, como las heridas del pie – a veces sangraba hasta el punto, dijo el Padre Pío, que la sangre hacía empapar un pañuelo.
La descripción de monseñor Rossi sobre el estigma del costado es decididamente diferente a las de quienes le han precedido y de los que le han seguido. No se le presenta como una cruz inclinada o incluso oblicua, sino como una “mancha triangular”, y por tanto de contornos definidos”.
En el acta del examen, el obispo de Volterra, contrariamente a lo que revelan otros médicos, sostiene que “no hay aperturas, cortes o heridas” y que en tal caso “se puede suponer legítimamente que la sangre salga por exudación”, es decir que se tratara de “material sanguíneo que ha salido afuera por una forma de hiper-permeabilidad de las paredes de los vasos”.

EL INICIO DE LOS ESTIGMAS

El Padre Pío le dijo a Monseñor Rossi que los estigmas, inicialmente “invisibles”, comenzaron alrededor de 1911 cuando el sacerdote sintió dolor en las áreas donde las llagas más tarde se materializaron –comenzando ese año como un punto rojo el 8 de septiembre (el cumpleaños oficial de la Santísima Madre). La herida del costado se formó años más tarde, el 5 de agosto de 1918; curiosamente el 5 de agosto es el día que la Virgen dijo a varios videntes que es su verdadero cumpleaños.
El 15 de junio de 1921, después de las 17 horas, es interrogado por el obispo, y el padre Pío respondió así:
El 20 de septiembre de 1918, después de la celebración de la Misa, al entretenerme para hacer la acción de gracias en el Coro, en un momento fui asaltado por un gran temblor, después volví a la calma y vi a NS (Nuestro Señor) con la postura de quien está en cruz, lamentándose de la mala correspondencia de los hombres, especialmente de los consagrados a Él y por ello más favorecidos“.
“De aquí -continúa su relato- se manifestaba que él sufría y que deseaba asociar a las almas a su Pasión. Me invitaba a compenetrarme con sus dolores y a meditarlos: al mismo tiempo, a ocuparme en la salud de los hermanos. Seguidamente me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le preguntaba qué podía hacer. Oí esta voz: ‘Te asocio a mi Pasión’. Y acto seguido, desaparecida la visión, volví en mí, recobré la razón y ví estos signos aquí, de los que goteaba sangre. Antes no tenía nada“.
El padre Pío revela por tanto que la estigmatización no fue el resultado de una petición suya sino una invitación del Señor por las “almas más favortecidas”.
De hecho, el padre Pío relató que en una aparición, sucedida el 7 de abril de 1913, Jesús, con “una gran expresión de disgusto en el rostro” mirando a una multitud de sacerdotes, le dijo:
“Yo estaré por causa de las almas más beneficiadas por mí, en agonía hasta el fin del mundo”.
Francesco Castelli, el autor del libro “Padre Pio sotto inchiesta. L’autobiografia segreta”, afirma que:
“hay un aspecto decisivo en el hecho de que no hubiera una petición de los estigmas por parte del padre Pío. Esto nos da a entender la libertad y la humildad del Capuchino, que no mostraba absolutamente ningún interés en mostrar las heridas“. “La humildad del padre Pío se trasluce también en su reacción, al recobrar los sentidos. Los signos de la Pasión marcados en su carne -subraya el historiador-. Una vez concluida la escena mística, no habla de ella. No hace ningún comentario“.
De las conversaciones, de su correspondencia, de los testigos interrogados por monseñor Rossi e incluso de su informe se desprende el hecho de que el padre Pío sentía disgusto por los signos de la Pasión, que intentaba esconderlos y que sufría por tener que mostrarlos por las continuas peticiones del visitador apostólico.

CONCLUSIONES DEL INQUISIDOR

Tras el examen, el Obispo escribiría:
los estigmas en cuestión no son ni obra del demonio ni un grueso engaño, ni un fraude, ni un arte malicioso o malvado; menos producto de la sugestión externa, ni tampoco las considero efecto de sugestión“.
Otros detalles como las fiebres altísimas y el perfume a andanadas que percibió él mismo, reconfirmaban el hecho como cierto.
Para Francesco Castelli lo primero que emerge de estas investigaciones es que:
el “temido dicasterio romano no fue, en estas circunstancias, un enemigo del Padre Pío sino ¡todo lo contrario! Mons. Rossi se reveló como un inquisidor preciso hasta la desesperación, pero también un hombre maduro de auténtico valor, desprovisto de durezas injustificadas hacia quien cuestionaba”.
Fuentes: Spirit Daily, Info Católica, Signos de estos Tiempos

3 comentarios:

  1. El mismo se provocaba la irritacion de la piel con fenol. Los estigmas desaparecieron cuando pasó un periodo de tiempo hospitalizado y bajo vigilancia médica. Supongo que lo hacía con buena intención, pero era una estafa.

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    1. Ignorante...el fenol se utiliza para combatir la sifilis. No provoca sangramiento ni irritación en la piel

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  2. Escuchar la voz de Dios no es estafa, es el resultado de vivir una vida de cara a la generosidad y servicio a los demás.

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