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viernes, 22 de marzo de 2013

LA FE TIENE QUE CONVERTIRSE EN VIDA PARA MÍ


ORACION Y SILENCIO - ORACION Y SILENCIO


LA FE TIENE QUE CONVERTIRSE EN VIDA PARA MÍ


Viernes quinta semana de Cuaresma. ¿Hasta qué punto dejamos que nuestra alma sea abrazada plenamente por Cristo?

Jr 29, 10-13
Jn 10, 31-42

Ante el testimonio que Jesucristo le ofrece, ante el testimonio por el cual Él dice de sí mismo: “Soy Hijo de Dios”, ante el testimonio que le marca como Redentor y Salvador, el cristiano debe tener fe. La fe se convierte para nosotros en una actitud de vida ante las diversas situaciones de nuestra existencia; pero sobre todo, la fe se convierte para nosotros en una luz interior que empieza a regir y a orientar todos nuestros comportamientos.

La fundamental actitud de la fe se presenta particularmente importante cuando se acercan la Semana Santa, los días en los cuales la Iglesia, en una forma más solemne, recuerda la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor. Tres elementos, tres eventos que no son simplemente «un ser consciente de cuánto ha hecho el Señor por mí», sino que son, por encima de todo, una llamada muy seria a nuestra actitud interior para ver si nuestra fe está puesta en Él, que ha muerto y resucitado por nosotros.

Solamente así nosotros vamos a estar, auténtica- mente, celebrando la Semana Santa; solamente así nosotros vamos a estar encontrándonos con un Cristo que nos redime, con un Cristo que nos libera. Si por el contrario, nuestra vida es una vida que no termina de aceptar a Cristo, es una vida que no termina en aceptar el modo concreto con el cual Jesucristo ha querido llegar a nosotros, la pregunta es: ¿Qué estoy viviendo como cristiano?

Jesús se me presenta con esa gran señal, que es su pasión y su resurrección, como el principal gesto de su entrega y donación a mí. Jesús se me presenta con esa señal para que yo diga: “creo en ti”. Quién sabe si nosotros tenemos esto profundamente arraigado, o si nosotros lo que hemos permitido es que en nuestra existencia se vayan poco a poco arraigando situaciones en las que no estamos dejando entrar la redención de Jesucristo. Que hayamos permitido situaciones en nuestra relación personal con Dios, situaciones en la relación personal con la familia o con la sociedad, que nos van llevando hacia una visión reducida, minusvalorada de nuestra fe cristiana, y entonces, nos puede parecer exagerado lo que Cristo nos ofrece, porque la imagen que nosotros tenemos de Cristo es muy reducida.

Solamente la fe profunda, la fe interior, la fe que se abraza y se deja abrazar por Jesucristo, la fe que por el mismo Cristo permite reorientar nuestros comportamientos, es la fe que llega a todos los rincones de nuestra vida y es la que hace que la redención, que es lo que estamos celebrando en la Pascua, se haga efectiva en nuestra existencia.

Sin embargo, a veces podemos constatar situaciones en nuestras vidas —como les pasaba a los judíos— en las cuales Jesucristo puede parecernos demasiado exigente. ¿Por qué hay que ser tan radical?, ¿por qué hay que ser tan perfeccionista?

Los judíos le dicen a Jesús: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios". Esta es una actitud que recorta a Cristo, y cuántas veces se presenta en nuestras vidas.

La fe tiene que convertirse en vida en mí. Creo que todos nosotros sí creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, Luz de Luz, pero la pregunta es: ¿lo vivimos? ¿Es mi fe capaz de tomar a Cristo en toda su dimensión? ¿O mi fe recorta a Cristo y se convierte en una especie de reductor de nuestro Señor, porque así la he acostumbrado, porque así la he vivido, porque así la he llevado? ¿O a la mejor es porque así me han educado y me da miedo abrirme a ese Cristo auténtico, pleno, al Cristo que se me ofrece como verdadero redentor de todas mis debilidades, de todas mis miserias?

Cuando tocamos nuestra alma y la vemos débil, la vemos con caídas, la vemos miserable ¿hasta qué punto dejamos que la abrace plenamente Jesucristo nuestro Señor? Cuando palpamos nuestras debilidades ¿hasta qué punto dejamos que las abrace Cristo nuestro Redentor? ¿Podemos nosotros decir con confianza la frase del profeta Jeremías: “El Señor guerrero, poderoso está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso, y su ignominia será eterna e inolvidable”?

¿Qué somos débiles...?, lo somos. ¿Que tenemos enemigos exteriores...?, los tenemos. ¿Qué tenemos enemigos interiores...?, es indudable.

Ese enemigo es fundamentalmente el demonio, pero también somos nosotros mismos, lo que siempre hemos llamado la carne, que no es otra cosa más que nuestra debilidad ante los problemas, ante las dificultades, y que se convierte en un grandísimo enemigo del alma.

Dios dice a través de la Escritura: “quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable”. ¿Cuándo mi fe toca mi propia debilidad tiende a sentirse más hundida, más debilitada, con menos ganas? ¿O mi fe, cuando toca la propia debilidad, abraza a Jesucristo nuestro Señor? ¿Es así mi fe en Cristo? ¿Es así mi fe en Dios? Nos puede suceder a veces que, en el camino de nuestro crecimiento espiritual, Dios pone, una detrás de otra, una serie de caídas, a veces graves, a veces menos graves; una serie de debilidades, a veces superables, a veces no tanto, para que nos abracemos con más fe a Dios nuestro Señor, para que le podamos decir a Jesucristo que no le recortamos nada de su influjo en nosotros, para que le podamos decir a Jesucristo que lo aceptamos tal como es, porque solamente así vamos a ser capaces de superar, de eliminar y de llevar adelante nuestras debilidades.

Que la Pascua sea un auténtico encuentro con nuestro Señor. Que no sea simplemente unos ritos que celebramos por tradición, unas misas a las que vamos, unos actos litúrgicos que presenciamos. Que realmente la Pascua sea un encuentro con el Señor resucitado, glorioso, que a través de la Pasión, nos da la liberación, nos da la fe, nos da la entrega, nos da la totalidad y, sobre todo, nos da la salvación de nuestras debilidades.

Autor: P. Cipriano Sánchez LC

2 comentarios:

  1. Claudio, en mensajes a profeta Europea esta uno del dia 20 de marzo 2013, pero en ingles, te agradeceria si puedes contribuir a su traduccion, gracias

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    1. 20 mar 2013 Así como los ciegos no pueden ver, habrá algunos dentro de la Iglesia de Roma que pueden ver, pero que se rehúsan a reconocer la Verdad
      Traducción latinoamérica
      Miércoles 20 de Marzo, 2013 a las 19:15 hrs.



      Mi amadísima hija, Mi Crucifixión esta siendo revivida otra vez, y cada parte está conectada al tiempo de la realización de mi Segunda Venida.

      Ahora que Mi Cuerpo –Mi Iglesia-- ha soportado la flagelación por tantos años a causa del espíritu del mal, la coronación de espinas está siendo infligida en el liderazgo dentro de Mi Iglesia.

      Cuando la tercera espina perforó Mi Ojo derecho, Yo no podía ver a través de él. Solo a través de mi otro ojo pude ver el terrible dolor que fué experimentado por Mi Madre. Ahora que la Corona de espinas perfora la cabeza de Mi Iglesia en Roma, solo una mitad rendirá testimonio a la Verdad de las profecias predichas. La otra mitad estará ciega y fracasará en ver el daño que ha sido causado en cada parte de Mi Cuerpo --Mi Iglesia– en cada nación del mundo.

      Así como los ciegos no pueden ver, habrá algunos dentro de la Iglesia de Roma que pueden ver, pero que se rehúsan a reconocer la Verdad. Tan dolorosa será la Verdad, que será más fácil para Mis siervos sagrados tomar el sendero fácil. Cobardes, ellos elegirán el camino de la profanación en lugar de llevar su cruz por Mí.

      Luego, estarán aquellos que me aman y esta división no los disuadirá en el plan para ayudarme a salvar almas de una muerte segura. Estas almas valientes, llenos de la gracia del Espíritu de Fuego, lucharán para preservar Mis Santísimos Sacramentos. Estos son los clérigos que se alimentarán (apacientarán) Mi rebaño durante la persecución. Cada gracia se concederá a tales almas puras y ellos, a su vez, conducirán Mi ejército remanente, a las puertas del Cielo Nuevo y a la Tierra Nueva.

      Se necesita mucho valor para aceptar la Palabra de los profetas de Dios. Nunca es fácil oír las Palabras de los profetas, cuyas Palabras cortan al corazón de las almas como un arma de doble filo. Sus advertencias son dolorosas al escucharlas, pero dulces a causa de los frutos que producen, ya que cuando la Palabra de Dios se da como un Regalo, ofrece la salvación. Sujetad Mi Santa Palabra, ya que es vuestra cuerda de salvación. Vosotros, Mis amados seguidores, estáis protegidos por el Sello del Dios Vivo, por lo mismo no debéis temer nunca.

      Vuestros enemigos os reprenderán, os insultarán y puede que os persigan, pero seré Yo, Jesucristo, Quién caminará con vosotros. Vosotros, Mis pocos elegidos, que respondéis a Mi llamado, por vuestro sufrimiento, se redimirá gran parte de la humanidad, a Mis Ojos.

      Os bendigo. Os doy paz y fuerza, para que me podáis seguir sin miedo en vuestros corazones.



      Vuestro Jesús



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