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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




miércoles, 17 de julio de 2013

MENSAJES EN MONTE FARO DE LUZ ESPAÑA


6 de Julio de 2.013

Monte Faro de Luz [Valencia de Alcántara (Cáceres)]

Nuestra Madre comienza su mensaje:

Pequeños míos, hijos míos, paz tengáis en vuestros corazones y luz de Mi Luz en vuestras almas.
¡Qué bonito recuerdo, hijos míos, lleváis en vuestros corazones de haber tomado a mi Hijo, su Cuerpo, su Sangre, su Divinidad en vuestras almas!


Hacedlo todos los días, hijos míos. No os olvidéis nunca de ir al Sagrario de mi Hijo. Tantas veces os he dicho aquí, ¡y en el mundo entero!, que hagáis un Sagrario en vuestras almas, para que la Trinidad entre en ese Sagrario que vosotros hacéis.

Mirad, hijos míos, vais a ser perseguidos pronto. Faro de Luz será grande, es grande ya, como otras veces os he dicho, pero los secuaces de satanás quieren destruir este Templo, que es el Templo de mi Hijo. Yo vengo aquí a daros los Mensajes para la salvación de vuestros corazones, pero es mi Hijo el que salva. Id a Él siempre y venid aquí a este santo lugar, donde Yo, vuestra Madre, vengo siempre a estar con vosotros. Venid a Mis Brazos, hijos míos, pedidme. ¡Tantas veces os he dicho que me pidáis! Vuestras penas, vuestras alegrías, vuestros triunfos, vuestros fracasos, vuestras enfermedades. Todo aquello que vosotros solos no podéis soportar y llevar a cabo.

Mi Corazón y el Corazón de mi Hijo, están siempre con vosotros. Venid, acercaos, no tengáis miedo. Inculcad a vuestros hijos, hijos míos, el aroma de mi Corazón y el aroma de mi Hijo. ¿De qué valen carreras, hijos míos? ¿De qué vale saber tanto en el mundo si lo principal, hijos míos, es amor, amor: dar amor, tener amor? Y mi Hijo no era filósofo, era un hombre como cualquier hombre, aunque era Dios y es Dios, hijos míos. Él vino al mundo a estar con los débiles, con los necesitados. No iba con aquellos que tenían carreras, ni eran superiores. Iba con aquellos que no eran nada. Vosotros tenéis que inculcar a vuestros hijos el Amor de mi Hijo, la Verdad, la Sabiduría. Eso es de lo que tenéis que hablar con vuestros hijos y con vosotros mismos. 

Haceos pequeños y humildes, porque la humildad llega al Cielo, la soberbia llega al infierno, hijos míos.

Yo era pobre en el mundo, hijos míos, y era la Madre de Dios. ¡Y qué feliz era! Cuando Yo salía, tenía también amigas y amigos. Me codeaba, como vosotros decís en la tierra, con ellos. ¿Y sabéis vosotros, y todo el mundo, de qué hablaba mi Corazón? De Dios, de mi Creador, de mi Salvación, de mi Esperanza, del Cielo. 

Yo tenía una casita muy humilde, muy humilde, pero no me hacía falta de nada porque tenía a mi Dios Conmigo. Si toda la humanidad, todos mis hijos, vieran que el poder no vale nada, que el poseer no vale nada, que hacer tesoros no vale nada… que lo que vale es el Cielo. Hijos míos, no os preocupéis por poseer. 

Poseed el Sagrario de mi Hijo, sed puros y obedientes a la Iglesia, amad mucho a la Iglesia, amadla. A vuestro Papa, otro mártir ya tenéis en la tierra. Ya lo iréis viendo cada día y en cada momento, que este Papa, mi hijo predilecto, como los otros, es crucificado por los hombres. Porque los hombres no quieren la bondad, el amor, la lealtad a su Dios. Viven sumisos ahí, a las glorias del mundo, al poseer y a ser ellos los dioses.

Por eso os pido, hijos míos, aquí en mi Casa Faro de Luz, como a toda la humanidad: pedid por mis hijos los sacerdotes, por los ministros, no os olvidéis nunca de pedir por ellos.

Y vosotros llevad el Evangelio por todos los rincones de la tierra para que cada día seáis más en el "rebaño" de mi Hijo y Señor, mi Dios. Sed perfectos, hijos míos, en la oración. Amad mucho, hijos míos, al que está a vuestro lado; sed sencillos, buscad el "monte" e id caminando al "monte", como tantas veces os he dicho, porque al final del "monte" está mi Hijo en la Cruz con los Brazos abiertos para teneros a todos en su corazón y llevaros a las Moradas Celestiales. ¡Cuánto amor os tiene mi Hijo!, ¡Cuánto amor os tengo Yo! ¡Cuánto amor os tiene mi Padre, vuestro Padre Creador! ¡Ay, si vosotros supierais lo que es el Cielo! Ningún hombre pecaría, serían todos sencillos y humildes. Por eso en este Mensaje de Amor os pido que os queráis, que os améis. Que quitéis rencillas, rencores, cóleras, insultos de unos a los otros. Que os quitéis las caretas, hijos míos, aquellos que no pueden estar a bien con sus familias: hermanos, padres, hijos, amigos. Desechad todo eso, hijos míos, buscad el amor y dad amor como mi Hijo vino a la tierra dando amor y hoy se lo sigue dando a toda la humanidad.

¡Alerta Humanidad! ¡Alerta humanidad! Buscad los tesoros del Cielo y dejad los tesoros de la tierra; buscad a vuestro Dios, hijos míos. Animaos a venir a este santo lugar especialmente los primeros sábados. Podéis venir en cualquier momento, porque Yo estoy aquí, esta es Mi Casa, y todo el que pase por aquí y diga: ¡Madre, quiero hablar Contigo! Yo estaré con él, con ella o con ellos.

Hijos míos, sed fieles a vuestro Dios, sed fieles a vuestro Dios. Hijos, esto se acaba y pronto vendrán los castigos que van a venir fuertes aunque ya están aquí en la tierra. ¿No veis el castigo que hay en vuestra España: seis millones de parados? ¿Qué quiere decir esto, hijos míos? Yo no soy política, Yo os hablo como vuestra Madre, como vuestra Madre de la tierra que llora por esos hijos que no pueden dar de comer a sus hijos. Estos son, hijos míos, los momentos difíciles, porque el hombre ha dejado de amar a su Dios y de rezar, de hacer penitencia y oración.

Hijos míos, vosotros seguid caminando y dando luz de mi Luz a aquellos que vengan a vosotros. Sois luces porque Yo os doy la Luz. Pedid mucho por vuestros corazones.

Hijos míos, una vez más os doy las gracias por estar aquí Conmigo rezando el Ave María que tanto me agrada. Pedid mucho, hijos míos, por la humanidad, por el Papa, los Obispos, Cardenales, sacerdotes, religiosos y religiosas, para que también cumplan con sus ministerios porque muchos no los llevan como mi Dios, vuestro Dios, quiere.

¡Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois mis hijos que estáis elegidos y escogidos para salvar al mundo Conmigo, aunque sea la tercera parte de la humanidad!

Meditad, hijos míos, Apocalipsis. Hacedlo, hijos míos, formaos y haced grupos de oración si podéis, para así estar orando con vosotros, mi Hijo y Yo, por el mundo, por la salvación del mundo.

Ahora, hijos míos, os doy la bendición, pero como siempre, Dios Padre, Dios Hijo, Dios espíritu Santo, vuestra Madre Miriam, Corazón de María, Faro de Luz, Faro de Luz, Faro de Luz.

Adiós pequeños, adiós hijos míos, adiós hijos.

Ntra. Madre en Monte Faro de Luz.

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