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sábado, 7 de septiembre de 2013

LA CRUZ QUE HACE TEMBLAR AL DEMONIO

LA CRUZ

LA CRUZ QUE HACE TEMBLAR AL DEMONIO 

Hablando de armas contra el demonio, la Cruz de San Benito es una de las más poderosas. De hecho, los mejores exorcistas del mundo –los padres Amorth y Salvador Hernández, entre ellos- la utilizan siempre en sus combates con el Maligno. Para los católicos de a pie como nosotros constituye una protección indispensable. Satanás tiembla de odio ante su sola presencia.

La Cruz de San Benito se puede guardar en el bolsillo, tenerla en la mesa de trabajo o llevarla colgada al cuello si no es muy grande. Yo empleo a diario las tres modalidades. Puedes encontrarlas de diversos tamaños en las tiendas de artículos religiosos pero, eso sí, asegúrate de que es de San Benito.

¿Cómo saberlo? Muy sencillo: lleva incrustada en el mismo crucifijo la medalla de San Benito, fundador de la orden benedictina y distinguido por su eficaz lucha contra el demonio.

En el anverso de la medalla, rodeando la figura del santo, encontrarás esta frase en latín: “Eius in óbitu nostro preséntia muniámur” (“Que a la hora de nuestra muerte nos proteja tu presencia”).

En el reverso hallarás, en cada uno de los cuatro lados de la cruz, estas iniciales: C. S. P. B. (Crux Sancti Patris Benedicti/Cruz del Santo Padre Benito).

En el palo vertical de la cruz: C.S.S.M.L. (Crux Sácra Sit Mihi Lux/Que la Santa Cruz sea mi luz).

En el palo horizontal de la cruz: N.D.S.M.D. (Non Dráco Sit Mihi Dux/Que el demonio no sea mi jefe).

Empezando por la parte superior y en el sentido de las agujas del reloj: V.R.S. (Vade Retro Sátana/Aléjate Satanás). N.S.M.V. (Non Suáde Mihi Vána/No me aconsejes cosas vanas). S.M.Q.L. (Sunt Mála Quae Libas/Es malo lo que me ofreces). I.V.B. (Ipse Venéna Bibas/Bebe tú mismo tu veneno).

Si no la tienes, hazte con una, dos o tres, y regala alguna a tus amigos. La Providencia quiso que una Cruz de San Benito con la que yo estaba muy encariñado acabase en manos de una persona que había estado poseída por Satanás y que aún sufría sus asechanzas. Su nuevo dueño me dijo un día, agradecido, que había logrado vencer muchas tentaciones invocando a Nuestro Señor Jesucristo mientras mantenía apretada la cruz en su mano.

José María Zavala

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