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jueves, 21 de noviembre de 2013

La mundanidad nos lleva a la Apostasía

Francisco habló contundentemente


La mundanidad nos lleva a la Apostasía


Con grata sorpresa nos enteramos del texto de una homilía pontificia en Santa Marta, pronunciada el 18 de noviembre, que contiene una expresísima y contundente condena a quienes adulteran abandonando al Señor para ir detrás de falsos dioses.

Transcribimos el texto, tal como lo publicara el Boletín de AICA:


Francisco: “Negociar la fidelidad a Dios es apostasía”

Ciudad del Vaticano (AICA):
“Que el Señor nos salve del espíritu mundano que negocia todo, no sólo los valores, sino también la fe”, dijo el papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada el lunes 18 de noviembre en la capilla de la Casa Santa Marta. El Santo Padre dijo que es necesario estar en guardia ante lo que definió la “globalización de la uniformidad hegemónica”, fruto de la mundanidad.

“El Pueblo de Dios prefiere alejarse del Señor ante una propuesta de mundanidad. Comentando la primera lectura, un pasaje del Libro de los Macabeos, el Papa se detuvo en la “raíz perversa” de la mundanidad. Al destacar que los guías del pueblo ya no querían que Israel permaneciera aislado de las demás naciones, abandonan sus propias tradiciones, para ir a tratar con el rey. Van a “negociar” –dijo Francisco– y se sienten entusiastas por esto. Es como si dijeran “somos progresistas, vamos con el progreso, donde va toda la gente”. Y advirtió que se trata del “espíritu del progresismo adolescente” que “cree que ir adelante en cualquier elección, es mejor que permanecer en las costumbres de la fidelidad”. Esta gente, por tanto, negocia con el rey “la fidelidad a Dios siempre fiel”. Y “esto –añadió el Papa– se llama apostasía”, “adulterio”. En efecto, no están negociando algunos valores, “negocian precisamente lo esencial de su ser: la fidelidad al Señor”.

“Y esta es una contradicción: no negociamos los valores, sino que negociamos la fidelidad. Y esto es precisamente el fruto del demonio, del príncipe de este mundo, que nos lleva adelante con el espíritu de la mundanidad. Y después, suceden las consecuencias. Tomaron las costumbres de los paganos, después un paso adelante: el rey prescribió en todo el reino que todos formaran un solo pueblo y cada uno abandonara sus propias usanzas”.

“No es la bella globalización de la unidad de todas las Naciones, sino, cada una con sus propias usanzas, pero unidas, pero es la globalización de la uniformidad hegemónica, es precisamente el pensamiento único. Y este pensamiento único es fruto de la mundanidad”.

El Papa recordó que tras esto “todos los pueblos se adecuaron a las órdenes del rey; aceptaron también su culto, hicieron sacrificios a los ídolos, y profanaron el sábado”. Poco a poco, se fue adelante por este camino. Y al final, “el rey elevó sobre el altar un abomino de devastación”:

“Pero, Padre, ¿esto también sucede hoy? Sí. Porque el espíritu de la mundanidad también existe hoy, también hoy nos lleva con este deseo de ser progresistas siguiendo el pensamiento único. Si a alguien se le encontraba el Libro de la Alianza y si alguien obedecía a la Ley, la sentencia del rey lo condenaba a muerte: y esto lo hemos leído en los periódicos en estos meses. Esta gente ha negociado la fidelidad a su Señor; esta gente, movida por el espíritu del mundo, ha negociado la propia identidad, ha negociado la pertenencia a un pueblo, un pueblo que Dios ama tanto, que Dios quiere como pueblo suyo”.

El Papa hizo referencia a la novela del inicio de 1900, “El amo del mundo” que se detiene precisamente en el “espíritu de la mundanidad que nos lleva a la apostasía”. Y advirtió que hoy se piensa que “debemos ser como todos, debemos ser normales, como hacen todos, con este progresismo adolescente”. Y después observó que “sigue la historia”: “las condenas a muerte, los sacrificios humanos”. “¿Pero ustedes – preguntó el Papa – piensan que hoy no se hagan sacrificios humanos? ¡Se hacen tantos, tantos! Y hay leyes que los protegen”:

“Pero lo que nos consuela es que ante este camino que hace el espíritu del mundo, el príncipe de este mundo, el camino de infidelidad, siempre permanece el Señor que no puede renegar de sí mismo, el Fiel: Él siempre nos espera, Él nos ama tanto y Él nos perdona cuando nosotros, arrepentidos por algún paso, por algún pequeño paso en este espíritu de mundanidad, vamos a Él, Dios fiel ante su pueblo, que no es fiel. Con el espíritu de hijo de la Iglesia pidamos al Señor que con su bondad, con su fidelidad nos salve de este espíritu mundano que negocia todo; que nos proteja y nos haga ir adelante, como ha hecho ir adelante a su pueblo en el desierto, llevándolo de la mano, como un papá lleva a su niño. En la mano del Señor iremos seguros”.



Hasta aquí el Papa.

Ya sabemos de sobra –adelantándonos a futuros, múltiples y previsibles lectores o comentaristas- que esto que acaba de decir el Papa se le aplica a él mismo. En efecto, él mismo, en repetidas y dolorosísimas circunstancias incurrió, como obispo y como Pontífice en estos errores que ahora denuncia con lucidez y coraje en tan valiosa homilía.

Él mismo incluso ha sido explicado a la luz de ciertos pesonajes y de ciertos hechos trazados magistralmente en la novela de Benson que ahora recomienda. Además, ya sabemos de sobra que mañana –sí, literalmente mañana- puede decir algo distinto, opuesto y contrario.

Sin embargo, hoy Francisco ha hablado católicamente, y nos otorgan sus palabras un espaldarazo confortador y tonificante.
Si es el comienzo de un nuevo discernimiento, y la Verdad gana la partida , bendito sea Dios. Si no lo fuera, seguiremos rezando intensamente y sin desmayo.


Ilustra esta entrada: "Adoración del Becerro de oro" (1633/34), óleo sobre lienzo de Nicolás Poussin, conservado en The National Gallery de Londres.

2 comentarios:

  1. no nada mas esra homilia Claudio.
    si leyeran realmente todas las q ha dicho veeian lo hermoso q habla.
    sobre todo de la iglesia,.de la Virgen y de la misericordia Divina.
    Tiempo al tiempo, la verdad siempre sale a la luz.
    bendiciones.

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  2. Aún no olvido uno de los mensajes de Luz de María en que Dios habla de Francisco, dice que tiene buen corazón, buenas intenciones, pero que está rodeado de lobos que finalmente lo engañarán y traicionarán. Mi humilde opinión es que él prefirió poner su confianza en los hombres, obispos G-8 , antes que en Dios. Varios de ellos coquetean con la teología de la liberación y han dejado en la Congregación para la Doctrina de la Fe a un gran hereje Muller, lamentablemente él eligió estas malas compañías llevado por su espíritu modernista y que en muchas ocasiones deja entrever una doctrina social inclinada al comunismo. Siempre debemos rezar por Francisco, para que sea el Espíritu Santo quien lo ilumine y lleve la barca de Pedro por las aguas seguras de la fidelidad a Dios , al Evangelio y la Tradición.

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