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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




lunes, 30 de diciembre de 2013

LIBRO PROFECÍAS Y REVELACIONES DR. RAFAEL ARANGO

Apariciones de la Santísima Virgen Apariciones de la Santísima Virgen

FATIMA 1917 Portugal Parte 1 de 3

“Yo no puedo dar la fecha exacta, me parece que fue en 1915
que la primera aparición ocurrió. Hasta donde yo puedo juzgar,
fue el ángel, aunque en este tiempo él no se hizo conocer.
Pienso que esto debió ocurrir entre los meses de abril a octubre
en el año 1915.
Mis tres compañeras llamadas Teresa Matías, y su hermana
María Rosa y María Justina, estaban conmigo en el sur de la
ladera de Cobeco. Estábamos justo comenzando a rezar el Rosario
cuando vi, posado en el aire, arriba de los árboles que se
extendían hacia abajo del valle, lo que pareció ser una nube en
forma humana, más blanca que la nieve y casi, transparente.
Mis compañeras me preguntaron que era aquello. Yo les dije
que no sabía. Esto ocurrió en dos ocasiones más pero en diferentes
días.
Esta aparición causó una cierta impresión en mí, la cual no sé
explicar. Poco a poco esta impresión se extinguió y esto no ocurrió
con los eventos siguientes; creo que los he olvidado completamente.
No puedo decirles la fecha con certeza porque, en
esa época no sabía contar los años, los meses ni los días de la
semana. Pero pienso que debió haber sido en la primavera de
1916 que el ángel se nos apareció por primera vez en nuestra
Loca do Cabeco.
Como he escrito en mi informe de Jacinta, nosotros trepamos
la colina para alcanzar las ovejas. Después de haber almorzado
haber dicho nuestras oraciones, comenzamos a ver, a cierta distancia,
arriba en los árboles, junto a la ladera este, una luz más
blanca que nieve y en forma de un hombre joven, transparente
FÁTIMA
1917 - Portugal
y más brillante que los rayos del sol que atraviesa un cristal. Él
se fue acercando podíamos distinguir más y más su figura. Nosotros
nos sorprendimos, enmudecimos de sorpresa.
Cuando nos alcanzó, dijo: “No teman, yo soy el ángel de la paz.
Recen conmigo”. Nos arrodillamos en la grama; él se inclinó
hasta que con su cabeza tocó la tierra. Llevados por un impulso
sobrenatural, hicimos lo mismo y repetimos las palabras que
oíamos decir:
“¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Yo te pido perdón
a ti por todos aquellos quienes no creen, no adoran, no esperan
y no te aman!”.
Habiendo repetido estas palabras por tres veces, él se irguió y
dijo: “Recen así. Los corazones de Jesús y María están atentos a
las voces de vuestras súplicas”. Luego desapareció.
La atmósfera sobrenatural que nos envolvió fue tan intensa,
que estuvimos por largo tiempo como fuera de nosotros mismos,
permaneciendo en la misma postura, en la cual nos había
dejado y continuamos repitiendo las mismas oraciones. La presencia
de Dios era tan íntima que no nos atrevimos a hablarnos
unos a otros. Al día siguiente, estábamos todavía inmersos en
ésta atmósfera espiritual, la cual comenzó a desaparecer gradualmente.
No se nos ocurrió hablar de esta aparición. Pensamos
que era recomendable guardarla en secreto. Fue tan íntima,
que no es fácil hablar de esto.
La segunda aparición debió ser en pleno verano, cuando el calor
del día era tan intenso que nosotros tuvimos que llevar nuestras
ovejas ant antes del mediodía y sólo permitirles salir en la tarde.
A la hora de la siesta fuimos bajo la sombra de los árboles. De
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Apariciones de la Santísima Virgen Apariciones de la Santísima Virgen
pronto vimos al mismo ángel, a la derecha de nosotros. “¿Qué están
haciendo? Preguntó. ¡Recen! ¡Recen mucho! Los corazones
de Jesús y María tienen sobre ustedes designios de misericordia.
Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo”.
¿Cómo vamos nosotros a sacrificarnos?, pregunté yo. “De todas
las cosas pueden hacer un sacrificio y ofrecerlo a Dios como acto
de reparación por los pecados por los cuales él es ofendido y en
súplica por la conversión de los pecadores. Tú así traerás paz sobre
tu país. Yo soy el ángel guardián, el ángel de Portugal. Sobre
todo acepta y soporta con sumisión los sufrimientos que el Señor
te envía”.
Estas palabras fueron indeleblemente impresas en nuestras mentes,
Ellas eran como una luz que nos hacía comprender quién
era Dios; cómo nos amaba y quería ser amado; el valor del sacrificio;
cómo le agradaba esto y como a cuenta de ello convertía
a los pecadores. Fue por esa razón que comenzamos a ofrecer
al Señor nuestras mortificaciones y penitencias; no procuramos
buscar otras mortificaciones y penitencias, excepto el postrarnos
por tierra horas seguidas, repitiendo las oraciones que el ángel
nos había dicho.
Me parece que la tercera aparición debe haber sido en octubre
o quizá a finales de septiembre. Como he estado escribiendo, en
mi informe sobre Jacinta, nosotros fuimos un día de Pregueira
a Lapa. Allí rezamos el rosario y las oraciones que el ángel nos
había dicho en la primera aparición.
Mientras estábamos allí, el ángel se nos apareció por tercera vez;
traía en la mano un cáliz con una hostia de las cuales caían dentro
del cáliz algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia
suspendidos en el aire, el ángel se postró en tierra y repitió esta
oración por tres veces: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo
cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos
los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios
e indiferencia con los cuales Él mismo es ofendido. Y por los
méritos infinitos de su santísimo corazón y del corazón inmaculado
de María, pido a Vos la conversión de los pobres pecadores”.
Luego levantándose, tomó de nuevo el cáliz y la hostia en sus
manos. El me dio la hostia a mí y a Jacinta y a Francisco le dio el
contenido del cáliz a beber, diciendo al mismo tiempo: “Tomad
y bebed el cuerpo y la sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado
por la ingratitud de los hombres. Reparad estos crímenes y
consolad a vuestro Dios” De nuevo se postró en tierra y repitió
con nosotros tres veces más, la misma oración: “Santísima Trinidad...”.
Y luego desapareció.
Impelidos por el poder sobrenatural que nos envolvió, imitamos
todo lo que el ángel había hecho, postrándonos en la tierra como
él hizo y repitiendo las oraciones que él dijo”.
Domingo 13 de mayo de 1917. En la Cueva de Iría.
“Yo estaba, jugando con Jacinta y Francisco. Repentinamente vimos
lo que parecía un relámpago. “Mejor nos vamos a casa”, le
dije a mi prima. “Ese relámpago puede significar que tendremos
tormenta”. “Pues sí”, respondieron.
Comenzamos a bajar la pendiente apurando las ovejas a lo largo
del camino. Estábamos más o menos a la mitad del camino y
casi al nivel de una encina. Paramos allí, cuando vimos otro relámpago.
Habíamos avanzado sólo unos pasos más, cuando allí
frente a nosotras, sobre una pequeña encina, contemplamos a
una Señora toda vestida de blanco. Ella era más brillante que el
sol e irradiaba una luz más clara e intensa que un globo de cristal
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Apariciones de la Santísima Virgen Apariciones de la Santísima Virgen
lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos más ardientes
del sol.
Sorprendidos por la aparición, nos detuvimos. Estábamos tan
cerca, justo a unos pasos de ella, que estábamos bañados en
la luz que la rodeaba, o más bien, que irradiaba de ella. Luego
nuestra Señora nos habló:
“No tengan miedo. No les haré daño”.
“¿De dónde eres?”.
“Yo soy del cielo”.
“¿Y qué quieres tú de mí?”.
“Yo he venido a pedirte que vengáis aquí, seis meses seguidos,
en los días 13 a esta misma hora. Después diré quién soy y que
quiero. Yo volveré aquí todavía una séptima vez”.
“¿Puedo ir al cielo también?”.
“Sí, irás”.
“¿Y Jacinta?”.
“Ella también irá”.
“¿Y Francisco?”.
“El irá también, pero tendrá que rezar muchos Rosarios”.
Luego recordé preguntarle por dos muchachas que habían
muerto recientemente. Ellas eran amigas mías y solían ir a casa
para aprender a coser y a tejer.
“¿Está María das Neves en el cielo?”.
“Sí, ella está”. (Creo que ella tenía 16 años).
“¿Y Amelia?”.
“Ella estará en el purgatorio hasta el fin del mundo”.
(Me parece que ella tenía entre 18 y 20 años).
“¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos
que él quisiera mandaros; como acto de reparación por los
pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de
los pecadores?”.
“Sí, queremos”.
“Así pues, tendréis mucho que sufrir; más la gracia de Dios será
vuestro consuelo”.
Al pronunciar estas últimas palabras, nuestra Señora abrió sus
manos por primera vez, comunicándonos una luz muy intensa,
como un chorro de sus manos; estos rayos penetraron nuestros
corazones lo más íntimo y profundo de nuestras almas, haciéndonos
ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente
de lo que nos vemos nosotros mismos en el mejor de
los espejos. Entonces movidos por un impulso interior, que fue
también comunicado a nosotros, caímos de rodillas, repitiendo
en nuestros corazones: “¡Oh, Santísima Trinid, yo os adoro!
¡Mi Dios, mi Dios, yo os amo en el Santísimo Sacramento!
Después de unos momentos, nuestra Señora habló de nuevo:
“Recen el Rosario cada día, para obtener la paz en el mundo y
el fin de la guerra”.
Luego ella comenzó a elevarse serenamente, subiendo en dirección
al este, hasta que desapareció en la inmensidad del espacio.
La luz que le rodeaba parecía abrir camino ante ella en el
firmamento y por esta razón, algunas veces decimos que vimos
abrirse los cielos.

1 comentario:

  1. Exelente testimonio la importwncia de rezar el rosario para la salvacion de los hombres muy interesante testimonio

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