BIENVENIDO

“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




domingo, 1 de diciembre de 2013

Salmo 45 Profecía sobre la Virgen María y su legado

En los salmos encontramos bellas oraciones y cantos, así como múltiples profecías. Hace algún tiempo, buscando citas bíblicas relacionadas con la Madre de Cristo, nuestra querida Virgen María, sentía que me faltaba citar una muy importante, pues en el antiguo testamento solo encontraba dos citas muy breves, en el Génesis y en el libro del profeta Isaías.
Estaba seguro de que debía existir algo más. Pensando en ello por algún tiempo, se me vinieron a la mente dos versículos llenos de inspiración del Saimo 45:
“Escucha hija, mira y pon atento oído,
olvida a tu pueblo y la casa de tu padre,
y el rey se prendará de tu belleza.
El es tu Señor, ¡Póstrate ante el!”
Eso era lo que mi corazón buscaba. Si bien se interpreta tradicionalmente como un cántico o poema por el matrimonio de un rey con su nueva reina, pude percibir en él un significado mucho más profundo, así que me dediqué a la tarea de escrutarlo con cuidado y amor, encontrando un tesoro, que deseo compartir.
“…a tu diestra una reina,
con el oro de Ofir.”
En este versículo, anuncia el salmista, que a la diestra del Señor, habrá una reina con oro, es decir, enjoyada, honrada, destacada.
“Escucha, hija, mira y pon atento oido,
olvida a tu pueblo y la casa de tu padre,
y el rey se prendará de tu belleza.
El es tu Señor, ¡Postrate ante Él!”
Los padres enseñan a una doncella a amar al Señor, olvidando sus ataduras mundanas, manteniéndose pura para Él. Así, le dicen, el Rey, es decir, el Señor, se prendará de su belleza. Esto se cumple en María, según relata San Lucas, como el ángel se dirigió a ella:
“No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios.” (Lc 1, 30)
Y aún más, le anuncia que quedará encinta y dará a luz un hijo, que será el Mesías, esperado durante siglos por los judíos:
“El será grande y será llamado Hijo del altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.” (Lc 1,31-33)
“La hija de Tiro con presentes,y los más ricos pueblos recrearán tu semblante”
Los pueblos gentiles le ofrecerán regalos y ofrendas. Recrearán, es decir, reproducirán su semblante, su rostro, su imagen. Tal como sucede desde el inicio del cristianismo, hasta hoy en día, en que los pueblos continúan venerando a la Madre del Señor y recordándola con cariño, por medio de las múltiples imágenes que de ella se han elaborado a través de los veinte siglos de cristianismo.
“Toda espléndida, la hija del Rey,
va adentro, con vestidos en oro recamados.
Con sus brocados es llevada ante el Rey.”
Solo existe una mujer en la humanidad que puede cumplir con esto:
¿Cuál otra mujer, podría ser hija de Dios y a la vez, ser llevada a Él como esposa?. Está así unida maravillosamente al misterio de la Santísima Trinidad, pues es hija amada y predilecta de Dios Padre, esposa de Dios Espíritu Santo y madre de Dios Hijo. Ello a pesar de su frágil condición humana. Ninguna otra criatura, ni antes ni después, ha podido gozar de una unión más íntima y perfecta con el Señor.
“Vírgenes tras ella, compañeras suyas,
donde Él son introducidas;
entre alborozo y regocijo avanzan,
al entrar en el palacio del Rey.”
En su esplendor y acompañada por un séquito de vírgenes, sus damas de honor, las almas que en la tierra consagraron su virginidad a Dios, es María llevada a la Gloria de Dios. El séquito no ha terminado aún de entrar al palacio del Rey, pues sigue fluyendo el cortejo de todas las almas que ofrecieron su virginidad a Dios, acompañando a la Reina en su entrada al palacio del Señor, en la Jerusalén celestial.
“En lugar de padres, tendrás hijos;
príncipes los harás por toda la tierra.”
Jesús, en la Cruz, nos entregó a María como Madre, haciéndola así Madre de innumerables hijos, repartidos por toda la tierra, que por la unción del Espíritu Santo, han sido consagrados como reyes, sacerdotes y profetas. Esto lo podemos ver en las escrituras de San Juan:
“Jesús, viendo a su Madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego al discípulo: Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” (Jn 19, 26-27)
Al aceptar Jesús su sacrificio por los pecadores, nos invitó a compartir su reino y por lo tanto, nos convirtió en príncipes de su reinado:
“…porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de Sacerdotes y reinan sobre la tierra.” (Ap 5, 9b-10)
“¡Logre yo hacer tu nombre memorable
por todas las generaciones,
y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos!”
San Lucas mismo nos recuerda, en boca de la misma María, esta misma profecía en el bello canto del Magnificat:
“…porque ha puesto los ojos en la humillación de su esclava,
por eso todas las generaciones me llamarán bienaventurada,…” (Lc 1, 48)
Desde entonces, y aún hoy en día, continuamos los cristianos recordando con amor y admiración a María, esa piadosa y humilde mujer, Madre de Dios y Madre nuestra.
Por Georg von Köller

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

TODO COMENTARIO QUE NO CORRESPONDA A LA HERMANDAD ESPIRITUAL, SERA BORRADO, ASÍ MISMO LA INFORMACIÓN, MEDITACIÓN, PEDIDOS DE ORACIÓN, PERCEPCIONES PERSONALES SOBRE LOS ARTÍCULOS PUBLICADOS, SERA ANALIZADOS PARA PERMANECER O NO.-