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miércoles, 30 de abril de 2014

EL DIABLO HOY: ¡APÁRTATE SATANÁS! - Parte 8 -

EL DIABLO HOY: ¡APÁRTATE SATANÁS! - Parte 8 -


Capítulo VIII.- Bajo las apariencias de un Ángel de Luz

Un artificio hace particularmente peligrosas las tentaciones del diablo. Se presenta, no como una potencia de las tinieblas sino, más frecuentemente, como un ángel de luz. Buitre rapaz, puede presentar las apariencias de una amable paloma. Tremendamente repugnante en su realidad auténtica, se transforma en atractivo y simpático.

Según ciertos exegetas, la expresión "ángel de luz" empleada por San Pablo —"Satanás se transfigura en ángel de luz" (2 Co 11, 14)—, se refería a las apariencias seductoras bajo las cuales Satanás se habría presentado a Eva en el paraíso terrestre. Fue éste el primer engaño del ángel caído cuya entera "política" en relación a los hombres no es otra que la impostura y el engaño. ¿No lo definió Jesús comomentiroso y padre de la mentira? (Jn 8, 44).

En una expresión particularmente concisa, Santo Tomás caracteriza la táctica seductora de Satanás: "Aliud protendi, et aliud intendit". Una cosa es lo que parece ofrecer y otra el objetivo secreto que persigue. No tiene rival en la ambigüedad y en la duplicidad.

Bajo el pretexto de la humildad

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia y maestra de espirituales, tuvo que ver con Satanás. Conocía su táctica. En su autobiografía, cuenta cómo el demonio, bajo pretexto de humildad, consiguió alejarla durante más de un año de la práctica de la oración mental, alma de la vida carmelita. "Hízome en esto gran batería el demonio y pasé tanto en parecerme poca humildad tenerla, siendo tan ruin, que -como ya he dicho- la dejé año y medio o al menos un año (...) y no fuera más, ni fue, que meterme yo misma sin haber menester demonios que me hicieran ir al infierno.

¡Oh, válgame Dios, qué ceguera tan grande! ¡Y qué bien acierta el demonio para su propósito en cargar aquí la mano! Sabe el traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida y que todas las caídas que la hace dar la ayudan, por la bondad de Dios, a dar después mayor salto en lo que es su servicio: algo le va en ello".

"Bajo apariencia de bien, afirma san Vicente de Paúl, el diablo seduce al mal. Propone la cosa (malvada) como muy dulce y útil, añade salsa para que se encuentre agradable. Si ve que no se acepta su propuesta, que se resiste a esta primera tentación, cambiará la salsa".

Los maestros espirituales señalan una tentación del diablo frecuente entre las personas preocupadas por su progreso espiritual. Bajo el pretexto de una influencia apostólica más grande, el demonio les hace desear una ocupación distinta de la suya. "Es el mal de los males para los que tienen buena voluntad, decía San Francisco de Sales, querer estar siempre donde no pueden y no querer estar donde pueden". Creando la confusión entre las almas Satanás quiere alejarlas de la voluntad de Dios.

San Francisco de Sales desvela otra insidia de Satanás: hacernos comenzar muchas cosas al mismo tiempo para impedir que las acabemos. "Con frecuencia el enemigo intenta que emprendamos y comencemos varios proyectos para que, abrumados por el excesivo trabajo, no acabemos nada y dejemos todo imperfecto. Alguna vez incluso nos sugiere el deseo de emprender alguna tarea excelente que prevé que no llevaremos a término para alejarnos de realizar una menos excelente que podríamos realizar fácilmente. Porque a él no le preocupa en absoluto que se hagan muchos proyectos y comienzos mientras no se concluya nada".

El Santo ilustra su pensamiento con gustosas comparaciones: "No hay que cometer tanta carne que no se pueda digerir lo que se toma. El espíritu seductor nos para en los inicios haciendo que nos contentemos con una florida primavera; pero el Espíritu divino nos hace mirar los comienzos sólo para llevar al fin y nos hace alegrarnos de las flores de la primavera sólo ve la pretensión de gozar los frutos del verano y del otoño".

Conducir al activismo

Otra tentación de los cristianos fervientes: el activismo. "Cuando el diablo no puede lograr directamente que obremos mal, nos lleva a abrazar más bien del que podemos atender y nos sobrecarga..., hasta que nos encontramos abrumados bajo un peso demasiado grande y una carga excesivamente pesada". Así se expresaba uno de los más grande hombres de acción de la historia de la Iglesia, San Vicente de Paúl, en una "conversación con los seminaristas sobre los exceso que hay que evitar en el amor a Dios".

Gerson, canciller de la universidad de París, autor de un tratado sobre las diversas tentaciones del diablo, señala entre otros los artificios siguientes: sugerir empresas demasiado difíciles para provocar el activismo; impulsar a recitar una multitud de oraciones para quitar el gusto y para alimentar un orgullo sutil a costa de los deberes de estado; impulsar a abstenerse de hacer el bien bajo el pretexto de la modestia y de la humildad; suscitar la cólera en los otros bajo el pretexto de corrección fraterna; inducir a la complacencia en las dulzuras de la devoción hasta el punto de hacer de ellas el objetivo de la vida interior.

¡Qué realismo en este análisis del corazón del hombre y de las insidias de Satanás! ¡Qué bien ilustra la máxima de Santo Tomás de Aquino los artificios sugeridos por Satanás: una cosa es lo que el diablo parece ofrecer y otra es el objetivo secreto que desea!

¿El objetivo presentado? Una actividad febril, una catarata de oraciones, una actitud de humildad, un compromiso social, una piedad sentimental. ¿El objetivo buscado? El activismo, ruina de la vida espiritual; el formalismo, cáncer de la piedad; un simulacro de molestia, alimento secreto del orgullo; un amor del hombre separado del amor de Dios; una devoción sin fundamento dogmático; un desánimo angustioso y paralizante.

El más difícil de descubrir

En su estudio sobre la demonología de San Juan de la Cruz, el padre Nilo di San Brocardo señala queengañar y engaño son las palabras empleadas con más frecuencia por el Doctor místico cuando habla de las actividades de Satanás. "El diablo, escribe, se transfigura, sube transfigurarse, disimular, enmascararse, difundir errores y mentiras, en una palabra: sabe engañar. Y todo esto con un objetivo: dañar espiritualmente al alma. Para separarla de la vía segura de la fe se insinúa con delicadeza y discreción; no le faltan por otra parte habilidad, artificios y astucia".

El Santo Doctor establece una comparación entre los tres enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. "El mundo es el enemigo menos dificultoso. El demonio es más oscuro de entender. La carne es más tenaz que todos, y duran sus acontecimientos mientras dura el hombre viejo".

"Sus tentaciones y astucias (del demonio) son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, porque también se fortalecen de estos otros dos enemigos, mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra".

San Juan de la Cruz insiste lo importante que le parece esta verdad: "No hay poder humano comparable al suyo (al del diablo); sólo la luz divina es capaz de desenmarañar sus artificios".

La sola perspicacia humana no basta para desenmascarar a Satanás, sólo con la fuerza humana no se le puede rechazar. Es necesario ante todo la virtud de la fe. "Yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a ofenderla, porque con la fe va muy amparada, más que con todas las demás virtudes, contra el demonio, que es el más fuerte y astuto enemigo".

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