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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




viernes, 9 de mayo de 2014

LOS MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR A SU SECRETARIA MARY JANE EVEN.

LOS MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR A SU SECRETARIA MARY JANE EVEN.


LAS MANERAS EN QUE LOS ESPÍRITUS DEL MAL Y SATANÁS SE HAN INFILTRADO EN MI SANTA IGLESIA CATÓLICA ROMANA
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Dictado por Nuestro Señor Jesucristo a su secretaria, la Dra. M. J. Even

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Introducción 1 JUNIO 1993
Mis queridos hijos: Deseo preparar este folleto, ahora, para que sea distribuido en el próximo mes de febrero de 1994, como medio para informar e instruir a Mis Fieles, que se preguntan por qué he permitido a Satanás penetrar e influenciar Mi Santa Iglesia Católica.
Lo hago, ahora, a fin de que sea distribuido, tal como lo han hecho con todos los otros. Nada que sea distribuido por Mi secretaria, se envía sin que se le revise apropiadamente en cuanto a Fe, Moral y Verdad. Pese a que no sepan quienes realizan esto, los fieles pueden estar tranquilos al enterarse de que ese cuidadoso escrutinio se lleva a cabo en todos los niveles del clero. Además, los muchos sacerdotes que figuran en la lista de correo de este apostolado, con el debido cuidado, lo comprueban todo, y algunos de ellos hacen sus comentarios, cuando le estiman necesario, respecto a asuntos que serían entonces sometidos a otras autoridades.
Hijos míos, palabras de orden privado no requieren del apoyo público por parte de los Prelados. La mayoría de los videntes, que reciben locuciones, no someten a revisión, en su localidad, el correspondiente trabajo, y solamente unos pocos videntes sí lo hacen, en el caso de sus visiones. No obstante, baste saber que todos los mensajes dados a todos los verdaderos videntes, reciben este escrutinio a petición e insistencia Mía, pero no por parte de quienes Vds. podrían pensar. Pero no temáis, hijos Míos, confiad en Mí. Yo he seguido todas las reglas del Magisterio de la Iglesia en el asesoramiento de Mis mensajeros.
Lo que me propongo decirles, verá la luz mediante muchos videntes, en variedad de mensajes. Este es un testimonio personal que Yo, Cristo Jesús, doy sobre estos acontecimientos y circunstancias, de modo que les ayuden a saber, que Yo conozco perfectamente bien lo que ha pasado, lo que está pasando y lo que pasará a Mi Iglesia.
En muchos aspectos, resulta difícil escribir estas palabras, que vienen a demostrar los errores cometidos por Mis Hijos-Sacerdotes, a quienes el Cielo ama mucho; y al hacerlo así, Yo estoy reconociendo públicamente sus pecados y las consecuencias de estos pecados; y en esto reside la dificultad. Pero ya he pospuesto por muchos años el expresar mi opinión –abiertamente- sobre las formas en que la Iglesia ha sufrido, y sufrirá, a causa de estos pecados.
Parte I
  Para comenzar, Hijos Míos, deseo hacer énfasis en el hecho de que todas estas cosas, de las que les informaré, han venido a suceder por error humano. Un error humano, producido por el orgullo y la desobediencia, mediante falta de comprensión; un error producido, también, por una sensación de confianza mal informada y mal dirigida, por parte de quienes fueron responsables de formular y tomar las grandes decisiones durante el Concilio Vaticano II.
He visto, con asombro, los cambios, falsos y mal informados, que se han hecho desde que se publicaron las declaraciones del Magisterio de la Iglesia. Son pocos los que los han leído cuidadosamente. Son muy pocos los que, con el fin de descubrir los errores, han comparado con los documentos originales, en latín y las declaraciones o citas bíblicas.
Son tantos los que creen –de corazón- que Sacerdotes y Obispos no pueden hacer el mal, y por ende, todo lo que hacen es lo correcto. Hijos Míos, esto es un error de juicio.
Hijos, los que Vds. están experimentando, ahora, es el sufrimiento que el Cuerpo Místico de Cristo debe soportar Conmigo en la Cruz. La Cruz de Vds. es tener a su Iglesia penetrada por la maldad de Satanás y sus cohortes.
Ahora, permítanme decirles algunas de las maneras en que esto sucedió.
Parte II
  En primer lugar, durante el Vaticano II hubo un grupo radical de intrusos, adiestrados por otros grupos subversivos, para introducir cambios en la liturgia, que vinieran a menguar la Santidad de los Sacramentos Sagrados, en la Sagrada Eucaristía, en Mi Presencia Verdadera en la Sagrada Eucaristía, en Mi Madre; Su Santidad y Su Devoción; en el Santo Pontífice y en su Infalibilidad.
Con el propósito de realizar esto, ellos tuvieron que trabajar muy cuidadosamente para cambiar el lenguaje, los Ritos y la intención del lenguaje. Tenían que hacerles ver a los Obispos que esto era lo que el pueblo deseaba, pese a que nunca se le preguntó a nadie al respecto, ni nadie se enteró de lo que estaba teniendo lugar.
Ignorantes de lo que se fraguaba, y dentro de un espíritu de camaradería, de compromiso y contemporización, los Obispos estuvieron de acuerdo con amigos en quienes ellos confiaban.
Un ejemplo puede servir aquí de ayuda. Desde un largo tiempo atrás, estas personas subversivas habían decidido que para disminuir la Reverencia a la Sagrada Eucaristía, y cambiar la teología principal de la Santa Misa, de Sacrificio a comida, se sugeriría tomar la Comunión en la mano, como una forma alternativa de recibir la Sagrada Eucaristía, por razones de salud, y en los lugares en los que tomar cualquier cosa en la lengua, de manos de otra persona, no formaba parte de su cultura. Dentro del espíritu de ayudar a los misioneros en todas las partes del mundo, se aceptó el uso ocasional de la Comunión en la mano. Pero, en todas las notas, transcripciones y decretos finales del Magisterio de la Iglesia, se expresó que el uso de tal práctica debía hacerse con cautela, y que era para aquellas partes del mundo en donde se hacía necesario apoyar sus normas culturales. Dentro de la más grave desobediencia, y sin que contaran con el respaldo de los Santos Pontífices, ni de los cuatro que ejercieron la Presidencia, durante el Concilio, estos arengadores produjeron los nuevos documentos, dejando afuera todas las precauciones, condiciones y exclusiones. Además, sin contar con el acuerdo del Concilio, y sin el conocimiento de éste, ellos pusieron énfasis en la Misa como comida, al excluir frases que declaraban la Santa Misa como un Santo Sacrificio.
Hijos Míos, tal divisibilidad continuó en todos los niveles del Vaticano II, y se ha llegado hasta el día de hoy, en que los Obispos se preguntan si realmente ellos votaron en favor de estas declaraciones, cosa que, por supuesto, no habían hecho. Eso de tener tantos comités para dar el toque…, a las declaraciones finales, fue una decisión mal encaminada. Nadie, pero nadie, se ha ocupado nunca de corregir lo que ellos saben es incorrecto: aún los del Vaticano no han tomado la iniciativa para hacerlo, y cuando el Santo Pontífice trata de iniciar tales cambios, se le presiona para que no agite el agua.
Sépanlo y tómenlo como un hecho concreto, que no todo lo que ha venido del “Vaticano”, como Vds. dicen, es tan perfecto como debiera ser; y son muchos, pero muchos los que saben de esto. No obstante, todos continúan usando lo que se dijo.
No digan que el Papa se equivocó. No digan que el Magisterio de la Iglesia está equivocado. No critiquen. Digo, más bien, que como hombres, ellos han comprometido y roto la perfección de 2000 años de Tradición de la Iglesia. No todo viene del Vaticano, sino que también de interpretaciones hechas por algunos Obispos y sacerdotes, conforme ellos desean decirlas y comunicarlas a Vds.
El peor de los ejemplos es el del sacerdote que pretende usar el “espíritu del Vaticano II” para respaldar prácticas, obviamente, heréticas, y sus propios caprichos, en lo que toca a la Liturgia de la Iglesia; tales como el consagrar las hostias y el vino conjuntamente, o declarar que se ha reconsiderado el pecado, y que ahora ya no existe el pecado mortal, o declarar que todos van al Cielo porque no hay Infierno. Estos son los caprichos y las herejías apoyadas en el “ego” de algunos de Mis Hijos-Sacerdotes. Ellos realmente han perdido su Fe, ¿no es así? ¿Podéis ver vosotros que lo que he denunciado es error, es herejía?
¡Oh Hijos Míos!, la lista del mal sigue y sigue; he mencionado brevemente otros males, en otros folletos. Aquí les estoy probando -con documentos- cómo el mal ha entrado en la Iglesia. Capricho humano, falta de juicio humano, decisiones humanas tomadas en relación con cosas que, verdaderamente, son asuntos Divinos. Todo lo que concierne a Mi Iglesia y a Mi Fe son asuntos Divinos, y no hay persona, Sacerdote u Obispo que tenga derecho a cambiarlas, separadamente, de toda la Enseñanza del Magisterio de la Iglesia, incluso la Santa Infalibilidad de vuestro Santo Pontífice, el Papa Juan Pablo II. ¿No lo lamentarán Vds., cuando les sea arrebatado, y el próximo Papa sea el anti-Papa? Vds. podrán reconocerlo, inmediatamente, como tal por sus palabras y por sus acciones… ¡Sí, inmediatamente!
Parte III
  Aún hay otro grupo de perpetradores, que deseo identificar claramente. Yo los llamo feministas, cuyo deseo de penetrar en el bastión -todo masculino- de la Santa Iglesia Católica, es tan grande que han apelado a los espíritus del mal para que las ayuden.
Ellas desean que Dios sea una mujer. Ellas quieren que sean ordenadas mujeres-sacerdotisas. Desean desafiar a Dios y hacerse diosas ellas mismas. En toda la historia, nunca ha habido un tiempo en que las mujeres hayan sido tan poco femeninas, tan perversas, tan mal intencionadas, tan destructoras y, como ellas con tanta soberbia dijeron, tan influyentes.
Ellas ejercen presión, ridiculizan, atormentan, crean y dicen disparates, para conseguir que Sacerdotes y Obispos sigan sus consejos. Ellas han ascendido a posiciones que les dan más control, y de hecho controlan Diócesis enteras. A algunas mujeres se les teme por su poder. Los Obispos no habían tenido que tratar con ellas antes, y no pueden, no desean combatirlas, de modo que consienten herejías que ellas promueven, sabiendo perfectamente bien que es una herejía.
¡Yo estoy consternado! Mis Obispos, Mis Sacerdotes, Mis Cardenales, necesitan columna vertebral, y si no esto, por lo menos, un deseo de asirse a la Verdadera Fe. No obstante, muchos han perdido Su Fe, debido a estas múltiples y perturbadoras confrontaciones. Las mujeres están encantadas. Los Obispos están avergonzados. ¡Yo estoy aterrado!
Yo digo a todas esas personas: “Abandonen Mi Fe. Abran su propia Iglesia y religión, pero no se llamen a sí mismos católicos”.
A todos los que sufren, en medio de esta masa de histeria colectiva, a causa de estas confrontaciones, y que no aceptan componenda alguna, les digo que los amo entrañablemente y les ayudo a perseverar, a continuar. Deben continuar. Mi pueblo fiel necesita conocer lo que es verdad. Mi pueblo necesita que se le guíe y se le cuide, porque Mi Iglesia es su Madre. Ellos deberían poder contar con Mi Iglesia.

1 comentario:

  1. Como siempre Jesús, la tiene re clara. Te amo Jesús. Bendito y Alabado seas por siempre!!!

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