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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Quiero ser una Hostia viva que consuma mi cuerpo aquí en la Tierra

Quiero ser una Hostia viva que consuma mi cuerpo aquí en la Tierra

HERMANO ESTANISLAO JOSÉ (1903-1927)
Hno. Estalislao José

Tomado del Libro:
UN JOVEN HEROICO DESCONOCIDO
Escrito por el Hno. Ginés de María Rodríguez, f.s.c.


CAPÍTULO V

Toma de hábito.- Carta a la Virgen.- Cambio de nombre.- Nuevo tipo de espiritualidad.- Coloquio con San Estanislao
Se acercaba la fecha de tomar el hábito de Hermano de las Escuelas Cristianas para empezar el Año canónico de nuestro noviciado. Todos estábamos anhelantes y con excelentes disposiciones, pero sin duda entre los 26 postulantes, Olimpio descollaba por su fervor.

La preparación inmediata se tenía con unos ejercicios espirituales de ocho días, que fueron del 24 al 31 de enero de 1921. Nos los dio el R. P. Cándido Basaba, de la Compañía de Jesús, que supo llegar muy bien al fondo de nuestras almas. Días inolvidables por los impactos que dejaron en nuestro espíritu las verdades eternas, la malicia e ingratitud del pecado, el amor de Dios hacia los hombres hasta darnos a su Hijo para repararlo; los sufrimientos de nuestro Salvador; el derroche de su amor en la Eucaristía, en la Cruz y… la generosidad de darnos su propia Madre, etc., etc.

El día que se meditó sobre la muerte, Olimpio escribió estos sentimientos: “Padre mío y Dios mío, después de ser polvo y ceniza, soy un pobre pecador; pero no, que ya se terminaron en mí tantas maldades. Ya sé que tengo que despreciar el mundo traidor; por tu amor renuncio a Satanás con sus astucias y al mundo con sus maldades. Os pido perdón de todo corazón y hoy mismo día 26 de enero de 1921, voy a hacer confesión general y después de haberla hecho, sólo os pido la hermosa gracia que Vos me podéis dar, y que yo sé me conviene, y es la muerte un millón de veces que ir al mundo, aunque fuera para ser rey. Madre mía, bajo tu amparo me pongo, porque breve es el gozo y eterno el penar.”
Excuso decir que tomamos resoluciones serias de ser buenos, de ser mejores, de ser santos. Olimpio escribió esta enérgica resolución: “Mi principal cuidado y mi único negocio es hacer bien el Noviciado. Traeré a mi memoria con frecuencia estas palabras de San Juan Bergmans: Si no me hago santo durante el noviciado, no me haré nunca.”

Además, tomó estas santas resoluciones:
1ª Haré todas las cosas con el fin de agradar a Dios y en todo cumplir su santa voluntad.
2ª Después de cada acción haré una recolección y una comunión espiritual.
3ª Por amor a la Virgen santísima guardaré muy bien el silencio interior y exterior, es decir, viviré en la presencia de Dios y el recuerdo de la sagrada Eucaristía, y exteriormente evitaré hasta una palabra inútil o una mirada curiosa.
4ª Rezaré todos los días los 15 misterios del Rosario.

La víspera de tomar el santo hábito escribió una carta a la Virgen en la que dice:

Madre mía benditísima, te escribo para decirte que tengo mucho miedo de ir al mundo, ya sea por enfermo, ya por otra causa y como sois muy buena con los que os invocan, os escribo estas letras sacadas de la cabeza de este pecador para pediros que si no me queréis Hermano, me deis la muerte antes de tomar el santo hábito, y si lo tomo, que sea para llevarlo hasta la muerte, aunque por vuestro amor tenga que morir en una cruz, pues los tormentos de esta vida luego pasan, pero los de la otra son eternos. Quiero amaros muchísimo y haceros amar más y más. Madre mía si alguna vez tuviera intenciones de hacer alguna cosa que os desagradara, antes de hacerla, dadme la muerte. Recuerdos a San José y a S. Juan Bautista de La Salle, que pidan por mí. Vuestro hijo que por Vos da la vida. Olimpio Fernandez.”
Llegó por fin el día 1 de febrero, víspera de la Purificación de la Purísima Virgen María y Presentación del niño Jesús en el Templo, esperado con tanta ansia durante seis meses; en este día nos presentábamos, también purificados, 26 jóvenes venidos de varias provincias y nuestra presentación tenía un objetivo noble y santo, ofrecernos con Jesús al Padre por manos de María, la MADRE, para emplear nuestra vida entera en su servicio como apóstol de la infancia, y para ello pedíamos humildemente, pero con decisión, nos dieran vestir las libreas de San Juan Bautista de La Salle. Todos sentíamos, mejor dicho palpábamos la gracia de Dios, nos encontrábamos en “forma”, es decir, con unas disposiciones estupendas en todos los aspectos.

Después de la conferencia preparatoria del Reverendo Hermano Visitador Provincial en la que lleno de entusiasmo nos decía, que “el lumen ad revelatiónem” que iba a cantar la Iglesia, nos venía perfectamente a nosotros que éramos 26 lámparas que se encendían para iluminar la inteligencia de los niños con la luz del santo Evangelio. Había llegado la hora de vestirnos el hábito religiosos; el corazón nos palpitaba de emoción.
Olimpio, cuenta aquel momento tan emotivo de esta manera:

“Cuando me acerqué por el santo hábito iba con un gozo especial en mi alma; invoqué a Jesús, María y José, hice una comunión espiritual y mientras me lo ponían pedí a Dios con fe amorosa, me diera la muerte antes que abandonarlo”.
Sabido es que en el Instituto de La Salle al vestirnos el hábito religioso nos entregaban un crucifijo que besábamos con amor agradecido, y en aquel momento nos ponían un nombre nuevo. A Olimpo le dijeron: “Te llamarás: ESTANISLAO JOSÉ, sin duda porque la Virgen del Sagrario en su primera aparición le dijo que le quería otro San Estanislao, nombre que le agradó muchísimo, y desde el primer momento propuso tomarle por modelo de su vida religiosa.

Empezamos nuestro NOVICIADO de Hermano de las Escuelas Cristianas durante el cual tantos buenos ejemplos íbamos a presenciar en este joven que, al principio parecía vulgar y rudo, y en breve tiempo se transformó en un tipo modelo de nueva espiritualidad eucarístico-mariana de nueva cepa, es decir, un tipo espiritual nuevo, desconocido, según nos decía nuestro amado Maestro de Novicios, hablando en general, que empieza sobre los montes más altos, como dice la Escritura…

La divina Madre le iba llevando por caminos de extraordinaria perfección. Fijémonos en estos conceptos escritos pocos días después de tomar el santo hábito:

“Evitaré todo pecado venial deliberado y aun toda imperfección por amor a mi Madre. Yo con vuestra gracia, Madre mía, quiero ser la flor de tu corazón, quiero ser una hostia viva que consuma mi cuerpo aquí en la tierra. Madre, si queréis, durante el Noviciado dadme la muerte para ir contigo al Cielo por toda la eternidad. No permitas que yo vuelva al mundo traidor, porque el mundo está perdido…”

No me apegaré a nada de este mundo; quiero tocar el suelo con los pies, y el corazón siempre en el Cielo. Me meteré en el Corazón de mi Madre y después la diré que cierre bien, sin dejarme salir, por más que mi naturaleza traidora gima y se quiera rebelar. Mi Madre se encargará de amansarla y así pasaré este mundo humildemente metido en su Corazón, hasta… ¡Madre! Hasta que a ti te parezca bien sin ser visto de nadie más que de sólo Tú.”

Una mañana después de comulgar le dijo la Santísima Virgen: “Hijo mío, si sigues amándome con esta intensidad y con esta ternura que pones, yo te ayudaré siempre en todas tus acciones.”

El Hno. Estanislao la contestó: “Madre mía, yo os amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas y quiero antes morir que ofenderos. Os entrego mi alma y enteramente me consagro a Vos, Madre queridísima, tengo toda mi confianza en Vos porque has escuchado a muchos pecadores y espero me escuches a mí. Os pido sólo una cosa: que entréis en mi cuerpo, dispongáis de mi alma y me conservéis en la vida religiosa.

Pronto acudió a su santo Patrono pidiéndole su ayuda para imitarle en todo. En un coloquio fervoroso le dice cosas muy tiernas, muy originales y de alta oración:

“¡Oh, hermoso modelo mío! Te suplico de todo corazón que pidas a la que llamabas tu Madre, que yo también la llame así y que me oiga mis ruegos, como oyó los tuyos, y me dé las gracias de seguir sus inspiraciones. Si a mí me llenó de alegría cuando la vi varias veces en el Sagrario, como tú sabes, ¡cómo te pondrías tú cuando te puso su hermoso niño en tus brazos!… Bendita sea para siempre esa bendita Madre que tanto nos quiere. Yo no soy digno de que me conceda esas gracias; tú fuiste siempre fiel, no cometiste pecados; yo he tenido la desgracia de cometerlos, pero sin saber que lo eran; los cometí como un tontín. Ahora los lloro y los lloraré toda mi vida.

“Oh, San Estanislao bendito, querido modelo mío, quiero imitarte en lo que me sea posible y te suplico con amor y confianza, que me alcances de esa Madre tan querida, la perseverancia en la vocación hasta la muerte, aunque sea tan pronto como la tuya, pues lo que deseo y de todo corazón te pido, amado modelo mío, que me alcances de nuestra Madre benditísima, la muerte de cruz, antes que ir al mundo traidor.”

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