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miércoles, 8 de octubre de 2014

“Quiero hacer de ti un copón vivo. Quiero quedarme sacramentado en tu pecho si me eres fiel.”

HERMANO ESTANISLAO JOSÉ (1903-1927)
Hno. Estalislao José

Tomado del Libro:
UN JOVEN HEROICO DESCONOCIDO
Escrito por el Hno. Ginés de María Rodríguez, f.s.c.

CAPÍTULO X
Los votos religiosos.- Alegría, íntimo fruto de la entrega a Dios.- Concomitancias entre el H. Estanislao y el H. Benjamín Antonio.
Todas las actividades del noviciado habían ido precisamente encauzadas a hacer de cada uno de nosotros un hombre consagrado, un hombre de Dios, entregado en cuerpo y alma a cumplir la divina voluntad, renunciando deliberadamente a las tres concupiscencias de que habla San Juan: concupiscencia de los ojos, concupiscencia de la carne y soberbia de la vida, que tienen como antídoto más eficaz los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia.
Con los votos religiosos entrábamos, como entonces se decía. Nos sentíamos almas consagradas, algo divino, algo perteneciente a Dios mismo, algo que nos decía que, ya NO nos pertenecemos, pues nos hemos dado al SER SUPREMO, nuestro Dios y nuestro PADRE.
La alegría interior que sentíamos era desbordante, parece que ya no podrían venirnos grandes tristezas, pruebas desalentadoras, pues con aquellas gracias tan grandes que habíamos recibido en los últimos meses de nuestro noviciado y aquella facilidad que nos acompañaba. ¡Qué contentos estábamos todos! ¡Qué felices nos sentíamos! Y aunque nos habían enseñado (y algunos ya lo sabíamos) que la vida tiene muchas pruebas y muchas contrariedades y que nuestra formación iba encaminada a estar preparados para triunfar de todas ellas, sin embargo estábamos alegres y gozosos…
Y alegres y gozosos seguiríamos toda la vida, si continuásemos siendo fieles a la gracia,fieles a la Madre a quien todos habíamos prometido fidelidad en rezarla el Rosario completo, en llamarla siempre MADRE… ¡pero, ay! ¡que dejamos de ser fieles… y dejamos de ser felices! Cuándo se convencerá el hombre que fuera de Dios, de la Virgen María, no se puede ser feliz… ¿Por qué? Porque si no se ora, NO VIENE la gracia que hace todo fácil: el yugo suave y la carga ligera…
La Madre es elemento primordial en esta empresa espiritual. Cuánto más tiempo se pasa, tanto más necesitamos de la gracia, tanto más necesitamos de María, la Madre…
Vamos a relatar algo de la vida del santo Hno. Benjamín Antonio en cuanto tiene relación con nuestro Hno. Estanislao José, cosas sucedidas precisamente este tiempo que estamos historiando.
Éramos de 80 a 90 novicios. El Hno. Benjamín era uno de los tres profesores que ayudaban al Maestro de Novicios; llevaba la clase inferior, es decir, los novicios mas retrasados; su misión era explicar la religión, historia Sagrada, historia de la Iglesia, liturgia, etc. Materias todas encaminadas a ayudar al Hno. Maestro en la formación integral de la vida religiosa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. A las órdenes inmediatas de este Hermano estaba de ordinario el Hno. Estanislao José, que indudablemente influyó mucho en sus progresos.
El Hno. BENJAMÍN ANTONIO murió el 5 de junio de 1921, primer viernes de ese bendito mes consagrado al Corazón Sacratísimo de Jesús, de quien era devotísimo. Como se sabe por la gran propaganda que se hizo por los años 1921 a 1924,este fervoroso religioso conservaba en su pecho las santas especies de una a otra comunión, se había ofrecido como víctima por el triunfo de la divina Eucaristía y el Señor le aceptó y le dio una enfermedad misteriosa que en pocos meses le llevó al Cielo. Tenía 23 años.
Las particularidades que voy a referir me las contó a mí el R. H. L. Leobatán Julián, Maestro del Noviciado, como hemos dicho, a quien ayudé yo más tarde como socio, en un puesto similar al del Hno. Benjamín. Diría lo mismo si tuviera que declarar con juramento ante el tribunal que lleva la causa de Beatificación de este Hermano.
El Hno. Benjamín Antonio oyó repetidas veces, después de comulgar, la voz de Jesús que le dijo: “Quiero hacer de ti un copón vivo. Quiero quedarme sacramentado en tu pecho si me eres fiel.” Lo fue y Jesús le concedió este gran favor el día 9 de noviembre de 1920, fiesta de la dedicación de la Basílica del Salvador: “He aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres”…
Pues bien, este favor tan extraordinario lo tenía sumamente secreto, aunque estaba bien cierto del tesoro de infinito valor que llevaba consigo. Pero un día del mes de diciembre se determinó a decirlo al Hno. Director Julián, que era nuestro Maestro, el cual no lo creyó –así me lo dijo a mí- por tratarse de una cosa tan grande e insólita. Sin embargo el Hno. Benjamín insistió muy convencido de ello, diciendo que sentía con toda certeza la presencia de Jesús Sacramentado en su pecho, de una a otra comunión.
Precisamente era en este tiempo cuando Olimpio, todavía postulante, pidió a la Virgen la prueba de que le había perdonado aquellas faltas de silencio y de poca vigilancia, cuando saltó la rata. Ya vimos que la Virgen correspondió con aquella visión de la fila de almas que tenían este favor, de las cuales una de ellas era el Hno. BENJAMÍN ANTONIO, única persona que conocía Olimpio.
Cuando el postulante contó al Hno. Maestro la visión de esta fila y que en ella estaba el Hno. Benjamín, quedó impresionadísimo y con la certeza de que era verdad, pues se completaban ambas manifestaciones. Sin embargo pensó después si Olimpio habría oído algo en clase al Hno. Benjamín respecto al particular, y en una nueva entrevista con éste le hizo algunas preguntas sobre la permanencia de Jesús en su pecho, si era más sensible la presencia eucarística, como le había prometido el Señor, a lo que el Hno. Benjamín contestó afirmativamente. De paso le dijo: “Ya lo habrá dicho a varios?”… El Hno. contestó rápidamente: “NO, por Dios, no lo he dicho a nadie, ni siquiera al confesor, a quien tengo intención de consultarle.”
Después tuvo oportunidad de hablar con Olimpio y le preguntó también a quién había dicho lo de la visión de la fila; y le contestó igualmente, que a nadie, ni siquiera al Sr. Capellán. Con esto el Hno. Maestro quedó convencido de que ambos Hermanos eran dignos de crédito. Repito que, así me lo dijo a mí, después de algún tiempo, el Hno. Loebán Julián; me dijo también que el Hno. Benjamín había muerto sin saber nada de las manifestaciones tan extraordinarias de su alumno. Es verdad que cuando murió el Hno. Benjamín no tenía todavía el Hno. Estanislao el favor eucarístico, pues no le tuvo hasta el 8 de septiembre, como se ha dicho anteriormente.
Éste es un detalle histórico que viene a confirmar la veracidad de los dos Hermanos: el favor eucarístico del Hno. BENJAMÍN ANTONIO y la fila de almas eucarísticas que veía el Hno. Estanislao José.
La Tercera fila que vio varias veces este Hno. la formaban las almas bienaventuradas que ya están en el Cielo y que disfrutan de una gloria muy particular por haber vivido aquí en la tierra muy unidos con la divina Eucaristía que llevaron consigo en su pecho y que fue para ellos fuente inapreciable de méritos.”
También en esta fila de almas gloriosas vio bastantes veces al Hno. Benjamín Antonio con quien habló en éxtasis altísimos.

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