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martes, 25 de agosto de 2015

CUIDEN EL TRAJE HERMOSÍSIMO DE LA GRACIA SANTIFICANTE

CUIDEN EL TRAJE HERMOSÍSIMO DE LA GRACIA SANTIFICANTE

Tomado del Libro: Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica)
De: Isabel Kindelmann – Budapest, Hungría

CUIDEN EL TRAJE HERMOSÍSIMO DE LA GRACIA SANTIFICANTE
Después de haberme hablado la Santísima Virgen, el Señor Jesús dijo todavía muchas cosas, pero lamentablemente no puedo escribirlas todas. Después de la Sagrada Comunión Le agradecí con profunda gratitud las abundantes Gracias y Le pedí perdón por haberlo recibido tantas veces indignamente en mi corazón. He reparado también por aquellos que hoy Le reciben indignamente. El Señor Jesús, viendo mi aflicción y reparación comenzó a quejarse efusivamente: Sus Palabras de quejan fluían a raudales:
Jesucristo.-
“Hijita Mía, cuando un padre de familia compra un traje nuevo para su hijo, lo hace dar gracias y le inculca que lo cuide porque ha sido fruto de sacrificio.

Mi Padre Celestial también les ha dado un traje nuevo en el Bautismo, el traje hermosísimo de la Gracia Santificante y ustedes, a pesar de todo, no lo cuidan. ¿Habrá padre de familia que haya sufrido más que Yo a fin de que la vestidura de Gracia Santificante pueda de nuevo recobrar su blancura?… He instituido el Sacramento de la Confesión y ustedes no hacen uso de él. Por eso he sudado Sangre. Por eso Me coronaron de espinas. Voluntariamente Me acosté sobre el madero de Mi Santa Cruz. He sufrido lo indecible y después Me escondí modestamente bajo una insignificante apariencia para ser más asequible a ustedes, para que no Me tengan miedo. Como Niño pequeño envuelto en blanco pañal, Me he escondido en la Hostia Blanca. Cuando entro en el corazón de ustedes, tengan cuidado de que no se halle en el vestido de su alma ninguna suciedad, desgarrón o mancha, porque ¿hay padre de familia que haya hecho mayor sacrificio para adquirir un traje a su hijo? Muchos ni Me lo agradecen debidamente. Todos los días repiten impasibles las mismas palabras con frialdad, sin sentirlas, sin poner atención, con el pensamiento vagado por otras partes. Así vienen todos los días y esto va así año tras año. No piensan que Yo también Soy Hombre y como a tal, no deben guardar los dos pasos de distancia de las reglas de urbanidad, ya que Me han recibido en su corazón. Tienen que hablarme con sencillas palabras humanas. No Me dejen, pues, solo, Mi Corazón anhela amor y confianza.
Soy Yo quien les pido que Me hablen, para que tenga oportunidad de responder a sus palabras con la plenitud de Mis Gracias.
Dondequiera que puedas, hijita Mía, trae las almas, más cerca de Mí.”
REPÁRAME POR LAS ALMAS CONSAGRADAS
24 de Mayo de 1962

Me conmueve hasta las lágrimas si Lo pienso como Niño pequeño y me postro ante Él. Él, espiritualmente, extendía hacía mí Sus dos Manitas y me decía:
Jesucristo.-
“¡Bésalas por aquellos hacia quienes en vano las extiendo!” 

Le he colmado con todo el anhelo de mi alma, y Le pregunté: ¿Hay personas hacia quien las extiendes y no te hacen caso?
Jesucristo.-
“Lamentablemente, sí las hay. Sólo Me apena que ante éstas tendré que levantar Mi Mano como severo Juez.” 

Hoy me dijo:
Jesucristo.-
“Repárame en lugar de aquellas almas que aunque están Consagradas a Mí, no se preocupan de Mí. A quienes he abrigado en Mi Corazón, a quienes he colmado con Mis preciosos tesoros, pero ellas dejan que se empolven en el fondo de su alma. Si por el Sacramento de la Penitencia les sacaran brillo, de nuevo estarían relucientes con la claridad de Mis Gracias. Pero esto no les interesa, se distraen solamente con el juego multicolor de este mundo. Quien no recoge Conmigo, desparrama.” 

Me pidió el dulce Salvador que meditara junto con Él Sus eternos anhelos. Esto ha tomado largo tiempo; ha meditado conmigo la oración, siento pena de no poder describirlo porque Sus Palabras pasaron directamente a mi conciencia. Penetraron tanto a mi interior y se fundieron con él, que no soy capaz de expresarlas con palabras.
Tenía un trabajo que debía entregar, por tanto, andaba con prisa. Él todavía me dijo:
Jesucristo.-
“¿Verdad que seguiremos unidos?” 

No nos separaremos nunca, ya que ¡no podríamos soportar vivir el uno sin el otro!
Estas palabras sonaban tan simultáneamente en mi alma que verdaderamente no sé quién las pronunció antes, Él o yo.
AGRADECER A JESÚS CON EL ARREPENTIMIENTO DE LOS PECADOS
2 de Junio de 1962. Sábado

En la Santa Misa había exposición del Santísimo. Saqué mi libro de oraciones (el pequeño Salterio). Entonces el dulce Salvador me dijo:
Jesucristo.-
“¡Guarda tu libro de oraciones y conversemos!” 

Grande emoción se apoderó de mí porque Sus Palabras llenas de caridad inundaban con Gracias mi alma. Me dirigí a la Santísima Virgen:
Ven, Madre mía, ayúdame a dar gracias a Tu Hijo Santo, porque apenas puedo soportar Sus Gracias que vienen arrolladoras hacía mí. No alcanzo a pronunciar palabras. ¿De qué manera podría agradecérselas?
Santísima Virgen.-
“¡Responde a Mi Santo Hijo, con el profundo arrepentimiento de tus pecados!” 

Las Palabras de la Santísima Virgen me han movido a profundo arrepentimiento de mi alma. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Así ha pasado el tiempo hasta el momento de la Sagrada Comunión. En el melodio se entonó el canto sagrado: “En el fondo silencioso del templo…” Esto aumenta todavía más la ternura que sentía hacia Él. Éste es mi canto preferido. Hace ya meses que no lo había oído tocar y ahora ya es el cuarto día sucesivo que lo oigo. Nunca me ha impactado tanto como hoy. Las lágrimas corrían por mi rostro. No podía contenerlas ni siquiera cuando estaba comulgando. Cuando me arrodillé de nuevo en mi lugar, hubiera querido expresar mi gratitud por la unión con Él. Pero Él no ha dejado de hablar. ¡Él ha comenzado a encomiarme a mí!:
Jesucristo.-
“¡Mi pequeña hermanita! ¡Qué feliz Me siento que puedo entrar a tu corazón que con todo su empeño trata de amarme a Mí!” 

Y tanto inundaba mi alma (que ya llevaba algunos días de aridez espiritual) con Sus Gracias fecundas que me sentía abrumada bajo la conciencia de mi miseria. Él seguía hablándome:
Jesucristo.-
“¿Te ha gustado el canto? He sido Yo quien lo ha tocado hoy en el melodio. Éste es el canto que nos gusta más. Quería con ello halagarte porque tanto amas el fondo silencioso del Templo donde Yo habito.” 

El 2 de Junio fue el dulce Salvador, quien me despertó para la hora de la velada nocturna con estas Palabras:
EN LA NOCHE SOLITARIA, BUSCO CORAZONES
No tome a mal quien algún día lea estas líneas que de nuevo tengo que anotar que me brotan las lágrimas. Tanta delicadeza y atención de parte de Él empañan mis ojos de lágrimas. Luego dijo:
Jesucristo.-
“Como esto también te agrada, desde hoy, cuando sea Yo quien te despierte, ésta será la consigna: En la noche solitaria busco corazones.” 

Sentí de Sus Palabras que Su eterno Pensamiento es buscar corazones.

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