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miércoles, 14 de octubre de 2015

LA PARTICIPACIÓN EN LA SANTA MISA ES LO QUE MÁS AYUDA A CEGAR A SATANÁS

Tomado del Libro: Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica)

De: Isabel Kindelmann – Budapest, Hungría

LA PARTICIPACIÓN EN LA SANTA MISA ES LO QUE MÁS AYUDA
A CEGAR A SATANÁS

En una ocasión así habló la Santísima Virgen:
Santísima Virgen.-
“Si asisten a la Santa Misa cuando no hay obligaciones y están en gracia de Dios, derramaré la Llama de Amor de Mi Corazón y cegaré a Satanás durante este tiempo. Mis Gracias fluirán abundantemente a las almas por quienes la ofrecen. La razón de ello es que Satanás, hecho ciego y despojado de su poder, no podrá hacer nada. La participación en la Santa Misa es lo que más ayuda a cegar a Satanás. Jadeando de terrible venganza, atormentado, lleva una lucha más feroz todavía por las almas porque siente que su obcecación se aproxima.”

RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS DISPERSOS
23 de Noviembre de 1962

Jesucristo.-
“¡Ven, hijita Mía, recojamos los granos de trigo desparramados!”

De pronto, no comprendí lo que deseaba de mí el amable Salvador. Esperaba en silencio a que me haga entender el sentido de Sus Palabras.
Él, con Su Voz suplicante dijo:
Jesucristo.-
“Discúlpame si yo abro ahora ante ti la pena bien conocida de Mi Corazón. Sabes, las almas a Mí Consagradas que han caído en buena tierra produjeron fruto abundante y ahora están desperdigadas, no tienen mayor ilusión que convertirse en pasto para el ganado. No se dejan recoger, ni se dejan moler, pero, sin esto, nunca serán criaturas útiles. ¡Oh, cómo Me duele el Alma por estos granos de trigo desparramados! Siente, hijita Mía, el dolor de donde brotan Mis Palabras quejosas. ¡Qué nuestro interior sienta lo mismo!”

(Explicación: Por granos de trigo desparramados el Señor Jesús entendía a los religiosos y religiosas dispersos, quienes habiendo producido fruto bueno y abundante, ahora viven dispersos y muchos de ellos no se dejan guiar por la Gracia Divina para llevar una vida de víctima y de apóstol).
PALABRAS ESCÉPTICAS DEL SACERDOTE
29 de Noviembre de 1962

Hoy fui a confesarme con el Padre D. a quién entregué las comunicaciones de la Santísima Virgen. Me habló sobre diferentes tópicos antes de pasar a las comunicaciones de la Santísima Virgen, porque sólo leyó unas pocas líneas de ellas. Hace una semana que se las entregué. Yo escuchaba apenada. ¿Ves, mi buena Virgen Santísima, qué puedo hacer? ¡Nada! Tú estás actuando por medio mío. No depende de mí que hasta ahora nada haya pasado… El Padre D. habló de todo, menos de la Llama de Amor de la Santísima Virgen. Él hablaba sobre cómo el alma tiene diversas explosiones que no vienen necesariamente de Dios. Me molestaba mucho oír estas cosas, hubiera preferido pedir la palabra… pero no lo hice.
Ejercitando la paciencia, la humildad y el dominio de la lengua, escuchaba sus posteriores discusiones: ponderaba la admirable Providencia con cuya ayuda educo sola a mis seis hijos. Añadió que lo que yo digo es la verdad. A sus palabras escépticas me contenté con decirle: ¡Dios ve mi alma! Me dolió mucho su desconfianza hacia mí. Pensé: Dios es quien obró conmigo, yo nada soy. ¡A Él sea la gloria! Me sentí feliz de poder colocar a los Pies del Señor Jesús estas humillaciones. Me había asegurado la Santísima Virgen que sólo por medio de ellas sería apta para transmitir sSu Llama de Amor.
El Señor Jesús en cierta ocasión me pidió con Palabras amables:
Jesucristo.-
“¡No seas impaciente! Con otros, sabes ser indulgente y paciente, contigo eres impaciente. Tienes obligaciones para contigo también. ¡Vuélvete hacia Mí! Recibe Mi claridad y pásala a tu prójimo. ¡Vive una vida escondida! Mira la violeta de los bosques. ¿No es conmovedor? Apenas si asoma un poquito sobre la superficie de la tierra y ¡cómo la buscan por su perfume! La pequeña flor también recibió de Mí su perfume. Tu vida también sea oculta y expanda su buen olor. Que irradie su perfume y los malos irán detrás de ella. Tú, despréndete de buen grado de él y Yo compensaré con Mis Gracias para que sigas exhalando Mi buen olor. Te ruego, ama a tu projimo y cuando oigas que alguien pronuncia con anhelo Mi Nombre, siga esto resonando en tus oídos y al alma que ha suspirado así, ¡ayúdala a acercarse a Mí!”

Viernes. Este día es siempre el día de los sufrimientos y de la aceptación más generosa de los sacrificios. Ahora también vine arrastrándome por la fatiga a los Pies del Señor.
Durante las tres Horas Santas que quería pasar sumergida en Sus Sufrimientos, recogiendo todas mis fuerzas, procuraba disponer mi alma para la oración. El dulce Salvador se compadeció de mi debilidad y en la soledad de Su Alma se dirigió a mí con amables Palabras:
Jesucristo.-
“¡Mira por dónde camino! Abandonado, en pueblos y en ciudades, a dondequiera que mires, Me ves a Mí mal vestido, en Mi Ser sublime se derrama Mi tristeza, Mi fracaso.”

Sus Palabras conmovían tanto mi alma que sollozaba abundantemente. Él continuó:
Jesucristo.-
“Ves, ¡cuánto ando detrás de las almas! Y no quieren percibirme. Me miran un momento, luego, al ver Mi triste mirada, rápidamente viran su cabeza. Hay quienes Me dicen, nos compadecemos de Ti, pero será para otro día. La gran mayoría, ni siquiera se entera.

(Y exclamó dolorido en mi alma):
¡Oh, indiferencia sin límites! Mi Corazón, hijita Mía, se queda aquí contigo. Descansa un poquito. Sé que tú Me comprendes y tratas de agradarme con toda tu fuerza. Te ruego, quédate Conmigo. ¡Oh, este abandono, este estar despreciado! ¡Alivia Mis sufrimientos con tu frecuente presencia!”
Ves, mi adorado Jesús, que frágil soy. Mi alma Te desea con ansia, pero el cansancio del cuerpo me obliga a que me despida de Ti. Miré mi reloj, se iban a cumplir las tres horas. El Señor Jesús me dijo:
Jesucristo.-
“Me he asido a tus manos. Yo voy contigo. ¡Qué nuestros pies vayan juntos!”

Y no interrumpimos la conversación. Él seguía quejándose del abandono de Su Alma y de nuevo me pidió suplicante:
Jesucristo.-
“¡No Me dejes solo, hijita Mía! Ahora te ato más, más estrechamente todavía a Mí por medio de Mis sufrimientos.”

¡OFREZCAN SUS TRABAJOS PARA GLORIA DE DIOS!
ESO TAMBIÉN AYUDA A CEGAR A SATANÁS
30 de Noviembre de 1962

Hoy, cuando comencé a tocar la campana, para las seis de la mañana, la Santísima Virgen me habló amablemente:
Santísima Virgen.-
“¡También a lo largo del día ofrezcan sus trabajos para gloria de Dios! Este ofrecimiento también, realizado en estado de gracia, ayuda a cegar a Satanás. Vivan conforme a Mis Gracias, para que cada vez más, y en un radio de acción cada vez mayor, sea cegado Satanás. Las abundantes Gracias que les ofrezco, si las utilizan bien, traerán consigo el mejoramiento de multitud de almas.”

NUEVAS PRUEBAS PARA ENTREGAR LA LLAMA DE AMOR
1ro. de Diciembre de 1962

Santísima Virgen.-
“Veo, hijita Mía, que tienes grandes temores. Temes del largo camino y qué nuevas pruebas te costará el entregar Mi Llama de Amor. Que sea tu porte muy humilde, valiente y decidido. Yo voy contigo. Estás en posesión del Espíritu de Amor. Su Fuerza te acompaña e ilumina las almas a quienes tienes que ir.”

La Santísima Virgen me dijo también con qué disposición recibirán Su Llama de Amor aquellos a quienes tengo que ir. Y continuó con Sus Palabras que me infundían valor:
Santísima Virgen.-
“Tienes que caminar, aceptando de la manera más generosa muchos y dolorosos malentendidos y humillaciones.

A quien te dirijo, él mismo está sufriendo. Él también está atormentado por el dolor y la duda más que tú todavía. Ves, hijita Mía, por qué tienes que sufrir, orar y ayunar tanto, y aquellos también a quienes te dirijo. Para que de alguna manera puedan ganar méritos para entregar Mi Llama de Amor, que se pone en marcha con mucha dificultad. No sin intención la hago llegar precisamente a almas que estén debatiéndose en duda. Hago esto para que experimenten la efusión de los efectos de Gracia de Mi Llama de Amor y para que así crean y confíen en Mí.”
Cuando escuché las Palabras bondadosas de la Santísima Virgen, me quedé maravillada. Después de los sufrimientos y tentaciones del día anterior el Señor Jesús me dijo:
Jesucristo.-
“¡Sufre Conmigo! Aumentaré los sufrimientos de tu alma y te privaré de Mi Palabra.”

Siempre cuando oigo esto, me estremezco de tristeza, pero el Salvador me consoló con Palabras bondadosas.
Jesucristo.-
“Te voy a dejar el sentimiento de Mi Presencia. En los grandes sufrimientos que ahora voy a derramar sobre ti, te va a dar fuerzas sumamente grandes la Llama de Amor de Nuestra Madre. Es Esta misma que Me obliga a Mí también a que no te retire el sentimiento de Mi Presencia. ¡Agradécelo a Ella también!”

La Santísima Virgen platicó todavía muchas cosas. Me instruyó como se instruye a una niña pequeña:
Santísima Virgen.-
“Dime, ¿por qué temes?”

Yo estaba pensando en que tengo que ir donde el Señor Obispo. Al pensar en esto, cada vez, se me encogía el corazón.
Santísima Virgen.-
“No tienes por qué temer. Aunque hayamos preparado tu alma, tienes que sentir continuamente que eres un instrumento en Nuestras Manos. ¡No te atribuyas nada a ti misma! Tener temor es una necesidad porque es todavía un reflejo de tu presunción. ¿Crees que tú serías capaz para algo? Entrégate ya, hijita Mía, plenamente. ¡Reconoce tu nada! Nosotros te conduciremos.”

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