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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




sábado, 21 de noviembre de 2015

LECCION 18 DE LA CONSAGRACION A MARIA PARA EL DOMINGO

QUIEN COMO DIOS... NADIE COMO DIOS....


Consagración al Inmaculado Corazón de María
Lección No. 18, Domingo  22 Nov
http://gloria.tv/?media=602675

Mortificación del Cristiano
https://m.youtube.com/watch?v=edQyOHXdM4w

Misterios Gloriosos
http://youtu.be/Ojvu3uBzsXM

 18. Virtud de la Serenidad
“Mi Inmaculado Corazón conservó la serenidad en cada una de las etapas de Mi vida, aun en las escenas más dolorosas de la Sagrada Pasión de Mi Hijo Jesús. Conservé siempre la calma, porque cuando se deja perder esta virtud se anida en el corazón la impaciencia y el ofuscamiento y éstos sí que son enemigos letales del alma; enemigos que son como langostas que destruyen y matan. La serenidad es suave oleaje y brisa refrescante, para los corazones agresivos e iracundos. La serenidad es dulce refrigerio, para los corazones melancólicos, tristes. La serenidad es viento suave, para los corazones inquietos, turbados. La serenidad es un torrencial de paz, para los corazones heridos y malogrados. Hijitos Míos, guardé serenidad en la Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios. Me abandoné en Sus Brazos y proseguí Mi camino. Guardé serenidad en la búsqueda de posada en Belén; no Me desesperé, confié en Dios, Me puse en Sus venerables Manos. Guardé serenidad en la profecía del anciano Simeón; conservé sus palabras en Mi Corazón y emprendí marcha. Guardé serenidad en la pérdida y hallazgo del Niño Jesús en el Templo; cuando Lo encontramos no protesté ante Sus Palabras, meditaba en ellas día y noche. Guardé serenidad en la Crucifixión y Muerte de Jesús; a pesar de Mi dolor y llanto, Mi Espíritu no se ofuscó, permaneció apacible. Hijos Míos, no os perturbéis ante los ataviares de vuestra vida; reconoced que un corazón siempre intranquilo es un corazón que aún no ha recibido a Jesús, no Le ha abierto sus puertas, no Le ha permitido entrar. La serenidad es Presencia de Dios, es joya diamantina para quien la posee. No la perdáis. Si carecéis de ella, trabajad arduamente en adquirirla y una vez la tengáis en vuestras manos guardadla en vuestro corazón y os sentiréis plenos, rebosados de Dios.”

Consagración al Sagrado Corazón de Jesus
Jesus, en Ti confío !

DÍA 18 EN EL SAGRADO CORAZÓN, HALLAREMOS LA MEJOR HONRA
I
Se llaman ilustres y honrados según. el mundo los que obtienen por sus merecimientos o por su fortuna el favor de los personajes famosos, y tienen libre entrada y valioso influjo en los palacios de los poderosos. A tales personas se los mira en general con admiración mezclada de secreta envidia: más que por sus riquezas y poderío se les señala por la importancia que rodea su nombre, por el esplendor en que viven sus familias, por la consideración y respeto que les tienen sus
conciudadanos; y no obstante, ¡qué fugaz y pasajera es esta gloria humana, y qué fácilmente se cambia en olvido, y quizá en espantosa desgracia! Llena está la historia de esas catástrofes de la humana
vanidad; más de una vez se han tocado en un mismo día los extremos de la mayor elevación y de la mayor ignominia; el trono quizá ayer, y hoy el cadalso.
 No es tal la gloria y el honor que a sus servidores concede el Sagrado Corazón de Jesús. Los predilectosMy favoritos de este generoso Rey no pierden nunca la gracia real, si no renuncian a ella espontáneamente
con un voluntario apartamiento. Son admitidos a su más dulce intimidad, y poseen cerca de Él la más absoluta influencia. De su recomendación pueden servirse para alcanzar del Padre cuanto les fuera conveniente para sí o para sus hermanos; ni se mostró más blando y generoso con los
suyos aquel antiguo José, de lo que con nosotros quiere mostrarse nuestro hermano mayor Jesucristo.
A los que se hayan sometido fielmente a Él en vida, les promete el asiento junto a sí para juzgar al mundo en el supremo tribunal. A los que por suyo le hayan tenido acá entre los hombres, les promete Él reconocerles por suyos ante su Padre Celestial.
 Medítese unos minutos.
II
 Si ambicionas gloria y honores y real preferencia, alma mía, ambiciona ésta que sólo puede darte el Sagrado Corazón. Oye lo que dijo a sus discípulos, y en ellos a todos nosotros: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo ignora lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque os dí a conocer todo lo que oí de mi Padre”. ¿Qué príncipe de la tierra habló jamás así a un súbdito a quien quisiese honrar?
 Así lo reconozco, Jesús mío, y por esto en adelante no quiero ya otra gloria ni otro honor que los que resultan de servirte a Ti. Guárdense los reyes sus palacios, los notables su codiciado influjo, los poderosos los obsequios con que honran a sus amigos. Ténganse estos engañosos favores, que tan caros se compran y tan fácilmente se pierden.
 No excitará ya mi codicia el brillo de los lujosos vestidos, de los elevados puestos, del ilustre renombre, de la fama popular incierta y veleidosa.
 ¡Oh Jesús mío! Quien vive como Tú alcanza el mayor favor: quien puede llamarse tuyo, adquiere el más distinguido título de honor. Ni más deseo, ni quiero pasar por menos. Sea ésta mi principal nobleza. La cruz, la herida de la lanza y la corona de espinas que muestras en tu Corazón, he aquí mis blasones, únicos que me han de dar a conocer en el juicio por servidor de tu palacio. Ambicioso soy, Jesús mío, y no me contento con menos que con reinar junto a Ti en la gloria que preparas a tus escogidos. Dame cada día más de esos verdaderos honores, y has que los alcance un día en tu reino celestial.
 Medítese, y pídase la gracia particular

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