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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




martes, 1 de diciembre de 2015

“Cristiandad, tú no conoces tu gran peligro. Hay un espíritu que quiere socavarte. Pero el triunfo es Nuestro”.

QUIEN COMO DIOS... NADIE COMO DIOS....

“Cristiandad, tú no conoces tu gran peligro. Hay un espíritu que quiere socavarte. Pero el triunfo es Nuestro”.

VIDENTE IDA PEERDEMAN / ÁMSTERDAN, HOLANDA

23ª APARICIÓN
15 de agosto de 1950
(La Asunción de María)

El oriente
Veo ante mí una figura oriental, con un vestido largo y un paño sobre la cabeza. Éste se inclina tres veces con los brazos cruzados y con las palmas hacia abajo. Luego, separa los brazos y hace el mismo movimiento pero con las palmas hacia arriba. Entonces veo que hay muchos símbolos extraños: arquitos, rayitas, puntos, una letra parecida a nuestra J, y después diversos signos sueltos unos de otros. Me parece que es un tipo de idioma. Después veo una muralla; esa muralla va ondeando de arriba a abajo, como si bajara por una montaña. Esto me da un dolor terrible.
Formosa
De repente veo una bestia delante de mí, una bestia simbólica que no conocemos. Después veo cangrejos y estrellas de mar grandes. Ahora veo una isla extendida; se me dice que es Formosa[1]. Hay una isla más pequeña poco más abajo. Entonces tengo que correrme un poco desde la izquierda y hacer sobre la isla un gesto hacia abajo. Y oigo decir:
“América (EE.UU.), ten cuidado aquí también”.
Siento que sobre esa isla ha de venir algo.

Lucha cristiano-política
Entonces tengo que juntar las manos y miro hacia arriba, a la izquierda. Veo a la Señora y le oigo decir:
“Éste es el tiempo de la lucha cristiano-política. Esto ya lo he dicho repetidas veces. Grandes acontecimientos ahora se van a agudizar. El caos, del que hablé, está ocurriendo ya. Han dimitido los gobiernos, han llegado las calamidades y vendrán muchas más. Atención, hija, ahora empieza la lucha. Te muestro estos cuatro dedos y trazo un círculo alrededor.
Reinará un rey, por poco tiempo, pero con fuerza. Tú no lo verás en tu pequeño círculo”.

Un espíritu nuevo
Entonces dice la Señora:
“Mira”.
Mientras yo estoy junto a Ella, veo que de repente aparecen unas bestias y se paran frente a Ella.
“Mira”,
—dice la Señora otra vez, y ahora veo a su izquierda un lobo o perro con una antorcha en la boca; a su lado llega una leona y a la derecha de ésta, un águila grande.
“Mira”,
—dice la Señora otra vez. Ahora señala hacia arriba y veo una paloma blanca. La Señora dice:
“Éste es un espíritu nuevo que vendrá”.
Entonces veo que de la paloma brotan rayos hacia abajo: dos rayos al centro, dos a la derecha y dos a la izquierda. La Señora dice:
“El significado lo entenderás más tarde”.
Luego veo a la Señora otra vez con esas bestias y la paloma, alrededor de esto aparecen muchas estrellas.

Este y Oeste
A continuación, es como si la Señora bajara un peldaño y dice:
“Ven”.
Ahora es como si llegáramos a una explanada. Nos detenemos en el centro de ésta. Entonces dice la Señora:
“¿Ves esto?”.
La Señora señala del Este al Oeste. Después abre los brazos del todo y es como si Ella pusiera dos murallas en la explanada; una frente a la otra. Ella prolonga bastante esos muros. De pronto, la Señora está como por encima de ellos y me dice:
“Eso no es nada”,
—e indica el Este y el Oeste. Entonces abre las manos y cierra los puños, primero con la mano derecha y después con la mano izquierda. Luego dice:
“Escucha bien cuántas veces doy un golpe; dalo tú también”.
Cierro los puños como Ella y la Señora empieza a contar, mientras golpeamos con fuerza nuestros puños.
“Tres veces”,
—dice la Señora.
“La mitad de esto es el Este”.
Entonces veo los Balcanes y Grecia rodeados con una gran cadena, y veo también Alemania Oriental. Es como si la Señora los atara con esa cadena. Veo que una parte queda libre. Al fondo veo una figura sentada con la cabeza apoyada en la mano. La voz me dice:
“Los trabajadores y filósofos de la destrucción del mundo”.

El triunfo es Nuestro
Después de esto se me presenta una escena oriental.
Subimos aquella montaña, y arriba hay otra vez una explanada. Aquí nos detenemos. La Señora señala una cosa tirada en el suelo.
“Ven”,
—dice Ella, y me indica el suelo. Veo un madero pesado y tengo que empujarlo, apartándolo de mí. Entonces veo que sobre éste se coloca un travesaño; el conjunto forma ahora una cruz.
Entonces miro de nuevo a la Señora y digo: “¿Cómo tengo que llamarla a Usted?” (He tenido que preguntarle por orden de mi director espiritual). Ella sonríe y hace un gesto, como diciendo: ¿Otra vez me lo preguntan? Y me responde:
“Di nada más que ‘la Señora’”.
Entonces la Señora, señalando el madero que yo había empujado, dice:
“La cristiandad”.
Y hace un gesto con las manos y los dedos, como si todo se dispersara volando y dando vueltas. Esto representa simbólicamente a la cristiandad. La Señora dice:
“Tú dirás esto: Cristiandad, tú no conoces tu gran peligro. Hay un espíritu que quiere socavarte. Pero…”
—y la Señora hace con la mano un signo de bendición—
el triunfo es Nuestro”.

Inglaterra
La Señora prosigue:
“Te llevo conmigo y te enseño una cosa”.
Ahora veo a Inglaterra, extendida ante mí. Parece como si la Señora pusiera un pie sobre Inglaterra. Llamando la atención con el dedo, dice:
“¿Por qué eres tan apegada a todo? ¿Es que no puedes ocuparte de las cosas comunes?”.
Entonces es como si hiciera una gran corona sobre Inglaterra y dice:
“También de allí van a querer tirarla”.
Es como si la Señora hiciera agujeros alrededor de la corona, por los que pasan unas cintas, y como si Ella atara todas esas cintas a Inglaterra. Entonces retira el pie de Inglaterra y dice:
“No, Inglaterra, esa política tuya no es justa”.
Ahora veo de pronto al Rey de Inglaterra ante mí y es como si se diera la vuelta muy rápidamente. Después veo también a Churchill, de perfil, por encima de Inglaterra, pero sólo le veo la cabeza.
Entonces la Señora me indica alguien, y veo un obispo de pie, pero no es de nuestra Iglesia. Percibo en mi interior: Ése es el obispo de Canterbury. La Señora lo mira e indica con el dedo. A continuación veo aparecer detrás de todo eso torres de campanarios. Mientras la Señora señala eso, dice:
“Allí habrá un cambio”.
Pero me parece que eso será más tarde.
Luego veo al Papa a nuestra izquierda, con dos dedos levantados. Al otro lado, frente a él, está el obispo de Canterbury. Entonces llega otro eclesiástico, que se le pone al lado. Este último tiene una peluca blanca con rizos rígidos, y lleva una sotana larga con alzacuello blanco[2].
Entonces veo que la Señora está de pie por encima de sus cabezas y dice:
“Mira”.
Desde el lado del clero inglés, la Señora pasa un dedo por la cabeza de los eclesiásticos ingleses y pone el dedo entre los dos dedos abiertos del Papa.

Corea
Desaparece esa imagen y a continuación veo escrito: “51-53”. La Señora me lo enseña y en seguida recibo algo en la mano; es como si tuviera que agarrarlo en el aire, viene de muy alto. Oigo decir a esa voz:
“Pongan atención a los meteoros”.
Entonces dice la Señora:
“Ven”.
Y proseguimos. La Señora dice:
“Esa guerra en Corea es apariencia y el principio de una gran miseria”.
Entonces veo que se hacen demarcaciones y treguas.
Después veo a alguien sentado y que apoya la cabeza en la mano; está muy concentrado. Percibo en mi interior que se trata de un dirigente ruso. Me parece que es Stalin o Lenín.
“Yo les he avisado de ese peligro”,
—oigo que alguien dice junto a mí.
Entonces veo la mitad del globo de la Tierra y tengo que mirarlo. Mientras que, por así decir, lo sostengo con la mano, tengo que decir: “Aquí observo con mucha atención y lo sostengo”. A continuación tengo que ir bajando por el globo en diagonal hacia la derecha, y más allá trazar una línea recta. Me siento por eso terriblemente sofocada.

Encíclicas
“Sigamos”,
—dice la Señora. Ahora veo la parte superior de Italia y tengo que sujetarla. Después veo el sur de Italia, y en cierto modo sujeto el tacón de Italia con el dedo pulgar, mientras los otros cuatro dedos los pongo sobre el sur de Italia. Entonces oigo a la Señora decir:
“No, las cosas ahí no van bien para nada. ¿Dónde están las encíclicas?”.
Tengo que hacer un gesto y cruzo las manos verticalmente. Sigo viendo manos vacías.Entonces veo la basílica de San Pedro y oigo decir a la Señora:
“¿Sabes cuál es tu poder? ¿Pero conoces tu doctrina?”.
Entonces Ella escribe, “Encíclicas”, y dice:
“Eso está bien, así que ponlo en práctica. Que corra a derecha e izquierda, arriba y abajo. Tú sabes…”
—y Ella aprieta el puño—
“que ese poder tiene tanta fuerza”.
Después me hace ver un “1”, un “2” y un “3”. A continuación veo un libro; una mano se pone sobre el libro. La Señora dice:
“Observa tus leyes”.
Y es como si Ella sacara una cosa, y cuanto más saca, más larga y más ancha se vuelve. Mientras hace esto la Señora, dice:
“Sabe que ha llegado tu tiempo”.

Caos
Entonces me lleva a una pendiente y me dice:
“Urbi et Orbi”.[3]
La Señora mira conmigo desde esa pendiente hacia la basílica de San Pedro y dice:
“¿Por qué tanta rigidez? Hazlo más amplio”.
Luego me lleva a un espacio y me dice:
“Ahí tiene que llegar”.
Entonces veo como una especie de angustia y oigo decir:
“De todo este caos vendrá primero una lucha y sólo después vendrá un florecimiento”.
Y ahora siento una gran melancolía y la Señora se va, diciendo:
“Vendré de nuevo con un mensaje”.

[1] Isla de Taiwán, también conocida en el pasado como Formosa.
[2] La vidente reconoció esta imagen, cuando vio por televisión el encuentro entre el Papa Pablo VI y el Dr. Ramsey, Arzobispo de Canterbury, ocurrido en 1966 en la Capilla Sixtina, en Roma.
[3] En latín: “Para la Ciudad y para el mundo”.

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