BIENVENIDO

“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




martes, 1 de diciembre de 2015

Lección No. 28 Miércoles 2 Dic Consagración Al Inmaculado Corazón de María

QUIEN COMO DIOS... NADIE COMO DIOS....

Consagración Al Inmaculado Corazón de María 
Lección No. 28 Miércoles 2 Dic  

JESUS Rey del Universo

Santo Rosario misterios Gloriosos

28. Virtud del Sufrimiento 
“Acercaos a la gran Ciencia de la Cruz. En ella encontraréis los medios para que seáis fuertes en las pruebas; pruebas, que aceptadas con amor, os van purificando como a ángeles. En la Cruz está el Misterio de Jesucristo; Misterio que es derrota al imperio de satanás y triunfo para el Cielo. Todas las almas llevan sobre sus hombros la Cruz. Cruces pesadas o livianas, según sea la capacidad del alma para sobrellevarla. Si supierais las grandes riquezas que encierra este Misterio de Amor, cargarían con extremo amor la cruz de cada día, la desearían más que la tierra reseca al agua. La desearían más que el bebé a su madre. La desearían más que el pájaro, su libertad para emprender el vuelo. Porque en la Cruz es donde mostráis si verdaderamente amáis de corazón a Cristo Crucificado. En la Cruz iréis siendo acrisolados y purificados. En la Cruz menguáis un poco el sufrimiento de Mi Hijo. En la Cruz os hacéis semejantes a Él, que soportó con amor vejámenes y atropellos. En la Cruz masacráis vuestro instinto carnal. En la Cruz morirá vuestro ser terrenal. En la Cruz toda partícula de mundo se hará trizas. En la Cruz lo opaco de vuestro corazón se tornará lúcido. En la Cruz ansiaréis el Cielo. Cielo que os espera para daros vuestro premio por haber hecho de vuestra vida oblación y redención. El Corazón adorable de Jesús es herido cuando el alma huye a la Cruz o cuando reniega del sufrimiento. Es mejor, Mis pequeños, sufrir en la Tierra y recibir la recompensa en el Cielo, que disfrutar en el mundo y después lamentarse por toda la eternidad. Por amor a la Cruz Me desprendí de Jesús, siendo el Tesoro más grande de Mi Inmaculado Corazón. Dios Me lo dio, a Él debía devolvérselo. Por amor a la Cruz guardé en Mi Corazón la profecía del anciano Simeón. No caminé en contravía a la Voluntad de Dios, esperé en la paz a que llegase aquel momento. Por amor a la Cruz guardaba silencio cuando Jesús era atacado por los judíos y Sumos Sacerdotes. Por amor a la Cruz huí a Egipto, debía defender al indefenso Hijo de Dios. Por amor a la Cruz acepté ser la Madre del Salvador. Por amor a la Cruz soporté el Sufrimiento Corredentor de Su Sagrada Pasión. Por amor a la Cruz permanecí a Su lado hasta Su último suspiro. Por amor a la Cruz Lo sostuve entre Mis Brazos y limpié Sus Heridas con Mis Lágrimas. Por amor a la Cruz esperé pacientemente Su Gloriosa Resurrección. Por amor a la Cruz sabía que un día sería llevada en Cuerpo y Alma al Cielo. Por amor a la Cruz ayudaba y Me mortificaba para permanecer en entera obediencia a Su Fiat Divino. Fiat que Me costó llanto y terrible sufrimiento a Mi frágil Corazón, pero la gran Misericordia de Dios Me mantuvo fortalecida y animada para caminar por la calle de la amargura; calle que es el sendero angosto y pedregoso que nos lleva al Cielo.”

Consagración al Sagrado Corazón de Jesus 
Jesus, en Ti Confío !

DÍA 28
DEMOS GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN
 POR LOS BENEFICIOS RECIBIDOS EN EL ORDEN DE LA NATURALEZA
I
ESTOS últimos días del mes de Junio los dedicaremos a la acción de gracias. Nada más digno
de un corazón noble que el agradecimiento por los beneficios recibidos, y por desgracia nada
más olvidado por el común de los cristianos.
 Fijémonos hoy únicamente en lo que debemos a Dios en el orden de la naturaleza. Dones suyos
son esta existencia que tengo, y los mil medios con que su bondad me conserva todos los días y me la embellece. La luz que me alumbra, el pan que me sustenta, el agua que sacia mi sed, el sueño que repara mis fuerzas, la creación entera que me rodea, todo ha sido puesto a mi disposición para que me sirva y me regale y me ayude a la consecución de mi fin. Si amanece y si anochece, si cambian las estaciones, si da la tierra sus cosechas, si resplandece en el firmamento el sol, si tiene peces el mar, y fieras la tierra, y aves el aire, si reinan en todo el orden y la providencia más admirables, por mí lo hizo, por mí lo ordenó Dios en admirable conjunto.
 ¿Hay corazón capaz de entonar al Supremo Hacedor el himno debido a la acción de gracias por
tales y tan grandes maravillas? Sí le hay. En el Sagrado Corazón de Jesús tiene el hombre un medio seguro con que mostrarse agradecido. ¡Oh supremo dador de todo bien! ¡Lo que nuestra lengua es incapaz de decirte, lo que nuestro corazón es pequeño para sentir como se debe, por nosotros te lo canta eternamente y te lo satisface con infinito amor e infinitas alabanzas el Sagrado Corazón de Jesús!
En Él, pues, y por Él, y con Él te seremos eternamente reconocidos. Mira, Padre celestial, el
Corazón de tu Hijo, y mira en Él la satisfacción por todos tus bienes.
 Medítese unos minutos.
II
 Los beneficios de Dios no nos han sido hechos una sola vez sino que nos siguen, nos rodean, nos acompañan como luminosa atmósfera de amor en todos los instantes de nuestra vida. No resplandece más fijamente el sol del día cada mañana en el horizonte, de lo que brilla continuamente sobre mí la inefable bondad de Dios. Hasta en los males que en su adorable designio permite su Providencia sobre la tierra, encuentro motivos de agradecimiento. Porque aun dejando de lado el bien último, a cuyo fin todo está infaliblemente ordenado, si con esos males yo me uno, como corresponde, a los designios de su soberana voluntad, ¿cuánta paz y cuánto consuelo derrama su mano sobre cualquiera de mis tribulaciones? ¿No he comprobado muchas veces la verdad de aquélla expresión de que nunca se muestra más Padre Dios que cuando nos aflige? Y aun sin eso, ¿no es verdad que la sola consideración de los muchos males de que me libra cada día su bondad, exige de mí un continuo y amoroso
reconocimiento? La enfermedad que no tengo, la persecución que no sufro, la privación que no me mortifica, son beneficios negativos, ¿pero son por eso menos apreciables? ¿Quién sino Dios tiene extendida como un escudo su mano sobre mí para librarme de tantas angustias como aquejan a otros hermanos míos?
 ¡Oh Sagrado Corazón! A Ti agradezco tan inestimables beneficios, para que me seas ante el Padre
celestial de intercesor de este afectuoso agradecimiento mío. Pase por Ti, Jesús mío, mi gratitud y adquiera en el encendido fuego de tu Corazón las cualidades que la hagan digna de ser admitida por el Supremo Dispensador de todos los bienes.
 Soy como un niño, Dios mío, te digo con un Profeta; y no sé hablar de Ti como merecen tu bondad y grandeza. Que hablen por mí los armoniosos acentos de gratitud y alabanza que salen eternamente del Corazón de tu Hijo y suplan ellos mi indignidad y cubra mi insuficiencia.
Medítese, y pídase la gracia particular.

Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave Maria y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.

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