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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




viernes, 8 de enero de 2016

EL ULTIMO DOGMA MARIANO

QUIEN COMO DIOS... NADIE COMO DIOS....

El último dogma mariano: “Éste será un dogma muy discutido”

 
VIDENTE IDA PEERDEMAN / ÁMSTERDAN, HOLANDA

Nuestra-Señora de Todos Los Pueblos_2
da Peerdeman – Mensajes de Nuestra Señora de Todos Los Pueblos (1945-1959)
30ª APARICIÓN
1º de abril de 1951
De todos los pueblos
Veo una luz brillante y oigo una voz que dice:
“Hija, la vez anterior vine sólo para que se supiera que era yo”.
Y ahora veo que la Señora sale de esa luz. Ella me dice:
“Ahora estoy aquí para seguir explicándote. Fíjate bien y escucha con atención lo que he de decirte. Estoy aquí y quiero ser la Señora de todos los Pueblos; no sólo de un pueblo en particular, sino de todos”.
Diciendo esto, la Señora abre los brazos y veo muchísima gente de todo tipo, incluso gente que yo ni siquiera sabía que existía.
El último dogma mariano
La Señora continúa:
“Ahora te voy a seguir explicando. Fíjate bien. Trata de comprender el contenido de este mensaje. Yo estoy de pie ante la Cruz, con la cabeza, las manos y los pies como de un ser humano. Mi cuerpo es como del Espíritu. ¿Por qué estoy así? Mi cuerpo también fue llevado al Cielo, como el Hijo. Ahora me encuentro ante la Cruz ofreciendo el Sacrificio, pues yo sufrí con mi Hijo espiritualmente y sobre todo corporalmente. Éste será un dogma muy discutido”.
Yo le digo a la Señora que este mensaje me asusta. Entonces la Señora dice:
“Hija, transmite esto y di que los dogmas marianos quedan clausurados con éste”.
Mientras la Señora dice esto, forma una especie de anillo o círculo, que cierra por decir así con una llave.
“Tú no tienes que hacer más que transmitir esto. He dicho que la teología tiene que ceder ante la causa de mi Hijo. Con esto quiero decir: Teólogos, el Hijo siempre busca lo pequeño y lo sencillo para su Obra. ¿Creen ustedes en lo pequeño y sencillo que predican a los demás? Hay que creer con sencillez. Ya no tenemos mucho más tiempo para esperar. Este tiempo es Nuestro tiempo”.
La Madre del Hijo del Hombre
Ahora la Señora se queda largo tiempo delante de mí sin decir nada y sólo me mira sonriendo. Entonces Ella se retira de la Cruz y siento de nuevo esos dolores espantosos. Primero me dan terribles calambres en todos los músculos del cuerpo. Luego desaparecen y me siento mentalmente muy cansada y extraña. Después veo a la Señora otra vez ante la Cruz y cesan mis dolores. Ahora veo a la Señora como en la niebla. Su cuerpo es tan transparente, que a través de él, veo claramente la Cruz delante de mí. Inmediatamente empiezan de nuevo esos horribles dolores. Esto dura un poco y luego todo vuelve otra vez a la normalidad, y la Señora me dice:
“Hija, como ha sufrido Él, así he sufrido también yo, como Madre del Hijo del Hombre. Repítelo bien”.
En el corazón de todos los pueblos
Después la Señora me indica el globo terrestre sobre el cual está de pie, y veo como si alrededor de Ella estuviera nevando. La Señora sonríe y dice:
“¿No lo entiendes? Observa bien el globo”.
Entonces veo el globo terrestre cubierto por una gruesa capa de nieve. Ahora la Señora sonríe de nuevo y dice:
“Mira otra vez el globo”.
Es como si el sol lo iluminara; como si la nieve se derritiera y desapareciera lentamente del suelo. Entonces dice la Señora:
“Te preguntas qué significa eso. Ahora te doy la explicación de mi venida de hoy. Como los copos de nieve van cayendo sobre la tierra y van cubriendo el suelo con una espesa capa, así se difundirá la imagen con la oración y caerá en los corazones de todos los pueblos”.
Mientras dice esto, veo a todos esos pueblos de pie delante de mí. La Señora indica entonces su propio corazón y luego los corazones de todas esas personas y dice:
“Como la nieve se deshace en la tierra, de la misma manera el fruto —el Espíritu— penetrará en los corazones de todos aquellos que digan esta oración cada día, pues piden que el Espíritu Santo venga al mundo”.
Comiencen y verán el milagro
“Y ahora me dirijo a los que desean un milagro. Pues bien, les digo: Comiencen esta obra de redención y de paz, llenos de celo y fervor, y verán el milagro. Éste es mi mensaje para hoy, pues el tiempo apremia. Hay que emprender una gran acción en favor del Hijo, de la Cruz y de la Abogada y Portadora de la paz y la tranquilidad, la Señora de todos los Pueblos”.
La fe sencilla
“Tú, hija, tendrás que colaborar sin miedo ni temor. Tú sufrirás física y espiritualmente. Más tarde verán cuál ha sido mi intención. Yo te daré indicaciones para la difusión. Hoy te he traído aquí, en todo silencio y calma, para que puedas transmitir bien mi mensaje. Di que esto es urgente. El mundo está tan corrompido y es tan materialista, que es urgente volver a llevar la fe sencilla entre los hombres. Eso es todo lo que necesitan: La Cruz con el Hijo del Hombre. Ustedes, padres de familia de este mundo, enseñen a sus hijos a volver a la Cruz. Yo les ayudaré como la Señora de todos los Pueblos”.
Ten confianza
“Y tú, hija, en tu regazo pongo a todos los hijos de los hombres. ¡Mírame y ten confianza!”.
Luego la Señora se queda mirándome largo rato y va desapareciendo lentamente, mientras me dice:
“Este tiempo es Nuestro tiempo”.

31ª APARICIÓN
15 de abril de 1951
El lienzo de Jesús
Veo otra vez esa gran luz brillante. Muy despacio, la Señora comienza a emerger de esa luz hasta encontrarse muy claramente delante de mí. La Señora no dice nada todavía, sólo me mira sonriendo. Esto dura un momento, hasta que empieza a hablar. La Señora dice:
“Hija, fíjate bien otra vez”.
Ahora la Señora indica el lienzo que lleva alrededor de su cintura; tengo que mirarlo bien. La Señora dice:
“Has expresado todo correctamente. Estás en el buen camino. Tan sólo, mira bien este paño”.
Veo entonces cómo si la Señora se quitara el paño de la cintura. Es un velo muy largo y Ella me hace ver como se lo pone. Con la mano izquierda sostiene el extremo del paño y con la derecha le da dos vueltas alrededor de la cintura, hasta quedar de nuevo al lado izquierdo. Luego con la mano izquierda dobla el resto del paño, de forma que queda una parte colgando.
“Escucha bien lo que esto significa”,
—dice la Señora.
“Es como el lienzo que cubrió la cintura del Hijo en la Cruz, pues estoy como la Señora ante la Cruz del Hijo”.
Un nuevo dogma
“Esta imagen precederá…”
—la Señora espera un momento y luego repite recalcando con fuerza—
“precederá a un dogma, un nuevo dogma. Ahora te lo voy a explicar, escucha bien. El Hijo vino a este mundo como el Redentor de los hombres y la Obra de Redención era la Cruz, con todo su sufrimiento, espiritual y corporal”.
Entonces la Señora se retira de la Cruz, y ahora soy yo quien está ante la gran Cruz. Otra vez siento esos terribles dolores, aún más fuertes que antes. Esto se me hace muy largo, y luego la Señora viene como en una niebla a ponerse ante la Cruz. La veo retorcerse y empieza a llorar. Su rostro expresa un dolor indescriptible y las lágrimas corren por sus mejillas. Entonces la Señora dice:
“Hija mía”,
—y es como si Ella me comunicara ese dolor. Primero se apodera de mí un cansancio espiritual; lo siento muy intenso. Luego siento los mismos dolores que antes, aunque no tan fuertes como la primera vez. De repente es como si me desplomara y digo a la Señora: “Ya no puedo más”. Esto dura un momento y luego todo termina.
La Corredentora y Abogada
La Señora está de nuevo muy claramente ante la Cruz y dice:
“Escúchame bien, entiende bien lo que ahora voy a explicar. Te repito: el Hijo vino al mundo como el Redentor de los hombres; la Obra de la Redención era la Cruz. Él fue enviado por el Padre.
 Pero ahora el Padre y el Hijo quiere[1]  enviar a la Señora por todo el mundo, pues Ella anteriormente también precedió y siguió al Hijo. Por eso estoy ahora de pie sobre el mundo, sobre el globo de la tierra. La Cruz está ahí bien plantada y enraizada. Ahora viene la Señora a ponerse ante ella, como Madre del Hijo, que completó con Él esta obra de Redención. Esta imagen habla claro y desde ahora será llevada por el mundo, porque el mundo nuevamente necesita la Cruz.
Pero la Señora está ante la Cruz como la Corredentora y Abogada. Esto provocará mucha oposición, pero la Iglesia, Roma, no tendrá miedo de entablar esta lucha. La cual sólo hará que la Iglesia se vuelva más fuerte y vigorosa. Esto se lo digo a los teólogos. Y además les digo que tomen este asunto en serio. Te repito: el Hijo busca siempre lo pequeño y lo sencillo para su Obra. Hija, espero que hayas comprendido bien esto y que puedas transmitirlo”.
Rápida difusión de la oración
“Ahora te hablo especialmente a ti, hija: Haz que la difusión se haga rápida”.
Yo le digo a la Señora: “¿Y cómo puedo yo hacer eso? Siento tanto miedo de hacerlo”. Y la Señora me dice:
“¿Tienes miedo? ¡Yo te ayudo! Ya verás que la difusión se hará por sí sola. Tú vas por buen camino. Esto se ha de hacer y se hará; todos los que acepten esta oración se comprometerán a rezarla todos los días. Tú no puedes calcular lo que eso vale. Tú no sabes lo que el futuro traerá”.
La corrupción del mundo
Entonces la Señora me hace ver el mundo: Es como si muchas serpientes se arrastraran por todo el globo. Y dice:
“Los hombres todavía no se dan cuenta de cuán grave es la situación del mundo. Volviéndose los hombres tan superficiales, no pueden comprender cuánto daño eso causa a la fe”.
Después la Señora mira largo rato hacia delante, como si mirara fijamente a lo lejos. Luego dice:
“Hija, este tiempo es como el que precedió a la venida del Hijo. Por eso no puedo insistir bastante en que los hombres, que Roma, que todos colaboren en la lucha a favor de la Obra del Hijo. Ya sé que aquí y allá hay un despertar, pero está lejos de lo que tiene que ser para poder salvar al mundo. Y al mundo hay que salvarlo de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Envía esta oración con la imagen a los países en que la fe se ha debilitado”.
Paz
“Y ahora me dirijo a tu director espiritual. Dile que él sabe cómo actuar. Yo ayudaré, y harán sólo lo que yo les diga. Quiero ser la Señora de todos los Pueblos, que quiere ayudar al mundo en este tiempo. Los hombres no saben a dónde ir. Pues bien, que vuelvan a la fe sencilla y el mundo obtendrá nuevamente la paz”.
Ahora la Señora se va muy despacio y le oigo decir otra vez:
“Este tiempo es Nuestro tiempo”.

32ª APARICIÓN
29 de abril de 1951
La Señora de todos los Pueblos
Veo una luz brillante. Lentamente la Señora emerge de esa luz. Ahora la veo claramente de pie y Ella dice:
“Aquí estoy como la Señora de todos los Pueblos, y vengo ahora para enseñar precisamente que quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Escúchame bien. Tú me ves aquí, de pie sobre la tierra, junto a la Cruz del Hijo. No se te ha olvidado transmitir nada. Sólo faltaba el lienzo en torno a la cintura. Es el que llevaba puesto el Hijo; di esto”.
El dogma de la Corredentora
“Aquí estoy como la Corredentora y Abogada. Todo pensamiento ha de dirigirse a esto. Repite lo siguiente: el nuevo dogma será el dogma de la Corredentora. Quiero marcar especialmente ‘Co’. Ya he dicho que será muy combatido. Y te repito nuevamente: la Iglesia, Roma, luchará y lo hará. La Iglesia, Roma, afrontará oposición y resistencia. La Iglesia, Roma, se volverá más fuerte y vigorosa, a medida que resista en la lucha. Mi intención y el encargo que te hago, no son sino de exhortar a la Iglesia y a los teólogos a que emprendan esta lucha, puesto que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desea[2]  traer al mundo, como Corredentora y Abogada, a la Señora que fue elegida para traer al Redentor”.
Este tiempo es Nuestro tiempo
“Yo he dicho: Este tiempo es Nuestro tiempo. Con esto quiero decir lo siguiente: El mundo se corrompe y se vuelve indiferente; no sabe qué rumbo tomar. Por eso el Padre me envía para que sea la Abogada, a fin que venga el Espíritu Santo. Y es que el mundo no puede ser salvado por la fuerza; el mundo será salvado por el Espíritu. Pues sólo las ideas son las que gobiernan el mundo. Adelante, pues, Iglesia de Roma, ya conoces tu tarea. Lleva tus ideas, lleva de nuevo a Cristo”.
La Señora bajo la Cruz
Ahora la Señora se retira de la Cruz y a mí me dan otra vez esos terribles dolores, pero llegando al extremo. Esto dura un poco y después veo a la Señora, como en una neblina, de pie ante la Cruz. En eso empiezo a sentir de nuevo esos fuertes dolores físicos y espirituales. Me siento agotada; es como si me fuera a desplomar y digo: “Ya no puedo más”.
Entre tanto veo que la Señora se desploma bajo la Cruz y se abraza a los pies de su Hijo, llorando amargamente. Después la veo levantarse y del lado derecho veo venir una espada, cuya punta se dirige al corazón de la Señora. Entonces le oigo decir:
“Ésa era la espada que se me había predicho”.
Ya había sido predestinada
Entonces se me pasan todos los dolores y la depresión espiritual, y de nuevo veo claramente a la Señora ante la Cruz. Ella me mira y dice:
“Hija, transmite claramente a los que luchan y trabajan por esta obra deseada por el Hijo, que lo hagan con mucho celo y fervor”.
Luego la Señora sonríe y dice:
“Yo les ayudaré. Ya te he dicho, te he dictado esa sencilla oración al Padre y al Hijo. Cuida que sea difundida por todo el mundo, en todos los pueblos. Todos tienen derecho a ello. Te aseguro que el mundo cambiará.
Pero tú, hija mía, comunica simplemente cuanto te digo. Tu director espiritual hará mi voluntad, sencillamente. ¿Me preguntas cómo? Solamente difundiendo, otra cosa no se te pide. Esto solamente precederá; repito: Precederá. Esta imagen será utilizada como una obra precedente de paz, de redención. Más tarde emplearán esta imagen para la Corredentora”.
Luego la Señora hace una pausa. Entonces dice otra vez marcando las palabras:
“¡Corredentora! Los dolores, espirituales y físicos, los compartió la Señora. Ella siempre ha precedido. Cuando el Padre la eligió, ya era Ella la Corredentora con el Redentor, que vino al mundo como el Hombre-Dios. Diles eso a sus teólogos. Yo bien sé que la lucha será grande y dura…”
—y la Señora sonríe y parece como si mirase lejos—
“pero ya había sido predestinada”.
La gravedad de los tiempos
Entonces la Señora me dice, dando unos pasos más hacia delante:
“Tú me ves ahora de pie, muy claramente. Así la imagen irá por el mundo. Por tanto, hija, insiste en que estas cosas se lleven a cabo. No, no vacilarán; actuarán. La hora es demasiado grave. Nadie comprende cuánto lo sea. También quiero llegar a esos pueblos que han sido apartados de mi Hijo. Salva así mismo a los hombres que son obligados a apartarse de Él. Tú tienes la obligación. El mundo está tan corrompido, que ha sido necesario que el Padre y el Hijo me enviaran a todos los pueblos, para venir a salvar como la Corredentora. Di esto a los teólogos”.
Entonces veo a la Señora irse y oigo que otra vez dice:
“Este tiempo es Nuestro tiempo”.
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[1] Cuando la Señora habla sobre más de una persona de la Santísima Trinidad, utiliza a menudo la conjugación singular del verbo.
[2] Véase la nota anterior.
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