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martes, 5 de enero de 2016

Las ciencias teológico-místicas en relación con los éxtasis y raptos de Ezquioga

QUIEN COMO DIOS... NADIE COMO DIOS....

Las ciencias teológico-místicas en relación con los éxtasis y raptos de Ezquioga

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Capítulo VIII

CAPÍTULO VIII.  Tercer Hecho. Las ciencias teológico místicas en relación con los éxtasis y raptos de Ezquioga. Preliminares a la ciencia teológico mística. Apariciones, visiones y revelaciones en general. Definición de las apariciones, visiones y revelaciones místicas, preternaturales, naturales y místicas. Análisis de las apariciones, visiones y revelaciones místicas. Señales de los buenos éxtasis.  
TERCER HECHO.—  La visión y audición por los videntes de seres celestiales (casi siempre la Santísima Virgen, protagonista, a veces, el diablo para engañar, seducir y desprestigiar), comunicándose con aquellos, ordenándoles cosas referentes a la instrucción, y al mejoramiento de costumbres propias y ajenas, privadas y públicas.
Las ciencias teológico-místicas en relación
con los éxtasis y raptos de Ezquioga

La secular cuestión de las relaciones de lo finito con lo infinito la han querido resolver tres escuelas: la panteísta, la naturalista o positivista y la católica, u ortodoxa.
Para la panteísta no había más medio que la mortificación y casi destrucción del cuerpo y la aniquilación del alma; pretendiendo así, en la eternidad del vacío y abrazada al nihilismo, adentrarse inútilmente en Dios.
Para la positivista, que va por opuesto camino, no hay mas que la destrucción del problema de las relaciones del hombre con un Ser superior; y “explica la existencia de los fenómenos místicos, que primero negó, por desequilibrios del sistema nervioso. Admite el éxtasis, pero prescinde de todo elemento sobrenatural. Las visiones de santos y bienaventuradas almas, las apariciones de Cristo esposo tienen dos factores: la excesiva debilidad del cuerpo en fuerza de la vigilia y de las maceraciones, y un ferviente amor, que excita la fantasía del místico… Las llagas no son más que efecto de un acto vehemente de autosugestión en sujetos excesivamente sensibles y predispuestos por una preparación de ayunos rigurosos y largas horas de oración imaginativa sobre la Pasión de Jesucristo…” —San Juan de la Cruz, su obra científica y su obra literaria, por el P. Crisógono de Jesús Sacramentado, carmelita descalzo, tomo I, Ávila-1929, pág. 66.—
Para la católica, las relaciones entre Dios y el hombre se establecen a base del amor de caridad el cual sella la unión. Para llegar a ésta, hay dos medios; la penitencia y la oración. Por la penitencia severa la materia queda sujeta al espíritu  Mas, como no basta esto, sino que es menester sujetar también el espíritu a Dios, de ahí la necesidad de la oración, fragua donde se enciende el fuego del amor de caridad. Hay dos linajes de oración: ordinaria y extraordinaria (ascética y mística). “En las dos es la oración sobrenatural, pero en la primera no hay más sobrenaturalidad que la entitativa del acto, mientras que en la segunda existe también la del modo. Ésta se caracteriza por la divina infusión que, aunque no está sujeta a un determinado y gradual procedimiento por razón de su naturaleza, lo está por razón de la disposición del alma. Ésta es la razón de los diferentes grados de la oración infusa, los cuales se reducen a tres: oración o unión incipiente, unión plena y unión transformante. En la unión incipiente no se unen todas las potencias del alma; al principio sólo se une la voluntad; y luego, el entendimiento. Sólo cuando está unida la memoria se realiza la unión plena o espiritual desposorio. En la unión transformante hay entera comunicación de bienes: el alma recibe la forma de Dios y parece Dios aunque la perfecta consumación de esta admirable unión no existe mas que en el cielo.
Tal es, en su parte esencial y en trazos generales, la naturaleza de las relaciones entre Dios y el hombre, según la concibe el cristianismo. Pero, dentro de esta base esencial, existen variadísimos matices de exposición que responden a bien diversas circunstancias”.  —Idem, pág 68-69.—  ¿Cuáles pueden ser éstas?
Precisamente son las que concurren en las Apariciones de la Santísima Virgen en Ezquioga, y que determinan los éxtasis y raptos de los llamados videntes. A primera vista, siguiendo la tradicional escuela mística, no parece sino que estos celestiales dones son conferidos únicamente a las almas subidas en el amor de caridad; pero, si se tuvieran en cuenta las palabras del autor citado, basadas en otras de Doctor Místico de que “sería un error pensar que el éxtasis es un favor del cielo, y más bien es una declaración de nuestra flaqueza en testimonio de la imperfección del alma, algo que debiera causarnos rubor”, —Idem, pag. 291. “Las comunicaciones de los aprovechados, enseña San Juan de la Cruz, ni pueden ser muy fuertes ni muy intensas ni muy espirituales, por la flaqueza y corrupción de la sensibilidad, que participa en ellas. De aquí vienen los arrobamientos y traspasos y descoyuntamiento de huesos, que siempre acaecen cuando las comunicaciones no son puramente espirituales, esto es, al espíritu solo, como son las de los perfectos, purificadas ya por la noche segunda del espíritu, en las cuales cesan ya estos arrobamientos y tormentos del cuerpo, gozando ellos de la libertad de espíritu sin que se anuble y trasponga el sentido”. Noche, 1.2, c.1. pág. 52. Cántico Espiritual, canc. 13, v. 2, pág. 229.— no extrañarían absolutamente nada los éxtasis y raptos en los videntes afectos a aquellas Apariciones, incipientes en la virtud o en el primer grado de oración o unión con Dios. Hay que tener esto muy en cuenta para no extraviarse en este linaje secreto de estudios, que a muchos extravía la falta de una exacta consideración semejante.
Apariciones, visiones y revelaciones, en general
Las apariciones, visiones y revelaciones, en general, son las que, como especial tipo —no único modelo— registran los Libros Santos, las historias eclesiásticas, las biografías de los bienaventurados, los grandes maestros de espíritu, santos Bernardo de Craraval, Ildegardo de Bingen, las dos Matildes de Magdeburgo y la Joven, Gertrudis la Grande, Brígida de Suecia, Buenaventura, Cardenal, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, venerable María Jesús de Ágreda, Fr. Juan de los Ángeles, etc. Repetimos que estos santos forman un especial tipo de videntes, pero no únicos modelos; porque, entonces, daríamos el caso de querer sujetar las manos a la omnipotencia divina, lo cual es inadmisible. Qué, ciertamente los teólogos hemos de procurar conformar nuestros estudios con los modelos probados; pero de esto no se sigue que la omnipotencia divina, con el lento rodar de los tiempos, no se manifieste de otras maneras, cuando a nuestro juicio no repugnan a la verdad, grandeza y santidad divinas. De aquí la carta de San Pablo a los hebreos, cuando para convencer a estos de la venida de Jesucristo, Hijo de Dios, para redimir al mundo, les decía: “Dios, que antiguamente habló muchas veces y de muchos modos por medio de los profetas, ahora nos ha hablado por medio de su Hijo”.  —Cap. 1, 1.—
Las muchas veces y, más aún, los muchos modos, ¿acabaron ya con la venida de Jesucristo al mundo? Afirmar esto, ¿no sería negar a Dios su poder? ¿Y no es la historia de la Iglesia un testimonio vivo y perenne de las variadas y repetidas manifestaciones místicas? La razón abona que en estos tiempos de variadas, colosales e inauditas prevaricaciones, variados, colosales e inauditos han de ser también los remedios. Que si las apariciones de la Virgen en Ezaquioga son, por lo insistentes y grandes, único caso en la Historia de la Iglesia, también es evidente que los actuales tiempos son excepcionales en la historia postdiluviana y los más semejantes a los antecoetáneos del diluvio universal; y por esto, los remedios han de ser y son ciertamente heroicos y colosales.
Está empero, el siglo tan materializado, las inteligencias se han metalizado tanto, y la fe cristiana, salvo contados casos, se ha neutralizado de tal modo que, al mirar al cielo, sus ojos no ven limpio. Se niega por la propensión a negar; se viene a Ezquioga por inclinación a escudriñar, pasar el tiempo y criticar; y de aquí las contradicciones y las oposiciones y las persecuciones de los enemigos a un Hecho tan sencillo como grande, y tan lógico como consecuente, amén de las ignorancias y debilidades de los mismos videntes y simpatizantes, que, con toda miseria humana, acrecen la oposición.
Definición de las visiones y revelaciones místicas o sobrenaturales, preternaturales, naturales y mixtas
Procuremos sintetizar, sin divagaciones, la doctrina de los doctores místicos y nuestra labor experimental, sobre los extremos del título del presente capítulo, a fin de ofrecerlos, como robustos sillares del edificio que levantamos.
 Aparición mística es el acto de mostrarse un ser u objeto sobrenatural a la criatura humana.
El acto de la percepción de la aparición se denomina: Visión mística; es a saber: el acto de cualquier potencia cognoscitiva o de sentido exterior o de interior o imaginación o del entendimiento que Dios, agente principal, causa, o por sí mismo o por ministerio de los ángeles, para significar o manifestar alguna verdad oculta.   —Santo Tomás, 1 p., q. 67. Art. I.—
Cuando la visión es entendida por el que la recibe pasa a ser revelación. Por consiguiente:
Revelación mística es una manifestación sobrenatural de alguna verdad oculta, que Dios comunica en particular a algún individuo para beneficio de éste o de los demás.
Anticipando ideas, prevenimos que cualquier visión intelectual es propiamente revelación. No así las visiones imaginarias y corporales, que pueden no serlo; porque, aunque Dios las forme para significar alguna verdad oculta, puede ser que el que las recibe no tenga la inteligencia de ella, y sin ésta, no hay revelación posible.
Las visiones toman el nombre de corporales, porque se forman, ante todo, en alguno de los sentidos externos, proponiéndole objetos sensibles. Item, el de imaginarias, cuando, primero, se forman en la fantasía. Item, intelectuales, cuando asimismo, previamente se forman en el entendimiento.
Esto, en cuanto al carácter místico o sobrenatural de las apariciones, visiones y revelaciones; porque, asimismo, hay apariciones, visiones y revelaciones preternaturales, esto es, que están fuera del orden natural y son causadas por el diablo; apariciones y visiones reales, en cuanto a sí mismas; pero no auténticas, sino falsas, en cuanto que el diablo las procura para engañar y seducir. Y nótese que las revelaciones que se originen de semejantes apariciones y visiones son siempre absolutamente mentirosas por parte del agente, y equivocadas y de funestos resultados por parte del paciente.
Hay visiones y pseudorevelaciones naturales. Visión natural es una especie fantástica, sin realidad, creada en la imaginación exaltada, que se toma como verdadera. A los que las padecen, se les llama visionarios, nombre que, como se ve, jamás cuadra con los que tienen las visiones místicas y aun las preternaturales. Seudorevelación natural es el razonamiento que la inteligencia extraviada se forja y toma como inspiración verdadera.
Apariciones, visiones y revelaciones mixtas son aquellas que, a) participan de las místicas y preternaturales, b) de las místicas y naturales, c) de las preternaturales y naturales y d) de las tres categorías juntas; pero en cada caso a base de una de ellas; v. gr.: en el caso a) a base de las místicas; en el caso b) a base de ídem; en el caso c) a base de la preternatural; y en el caso d) a base de la mística. Que todo esto puede haber en un mismo sujeto, y que Dios permite para humillación de los hombres y aquilatación de la Obra divina.
De aquí se colige cuán necesario es el examen de cada uno de los afectos a las apariciones, visiones y revelaciones, y de cada uno de los casos de las mismas, por un buen maestro de espíritu, a fin de no errar en materia tan delicada y difícil, y no arriesgarse a tomar unas cosas por otras, estropeando el asunto en sí mismo y a las personas pacientes del mismo.
Análisis de las apariciones, visiones y revelaciones místicas
Ante todo, hay que reconocer que, de ordinario, o sea, para la gente no letrada, como suelen ser los videntes en general, las apariciones han de mostrarse por el medio más sencillo, es a saber: el medio de los sentidos y la imaginación.  De ahí el que tomen cuerpo sensible los seres y objetos revelados. Por manera, que de ordinario, las apariciones son imaginarias y corpóreas, aunque reales, porque lo contrario sería ilusión.
Los que poseen escuela religioso-mística y, por tanto, han ingresado en los largos cursos de la misma, es más fácil que tengan visiones y revelaciones intelectuales, ya que de las mismas conocedoras son, aunque esto no impide el que puedan tener también las imaginarias y corpóreas.
De todos modos surge el interrogante: ¿La Santísima Virgen aparece realmente en su cuerpo y alma? No cabe duda que la Santísima Virgen puede aparecerse y aparece realmente en Ezquioga en cuerpo y alma; primero, porque no hay necesidad de que de otro modo aparezca; y segundo, porque así Ella lo tiene revelado a varios videntes, y la experiencia en estos lo confirma.
Ya que alguien, de aparatosa resonancia, ha querido hacer valer la doctrina mística de Santa Teresa de Jesús, como si otro modelo no existiese. —Tiene la doctrina mística de la santa doctora castellana algo y mucho de común con la de todos los grandes maestros de espíritu que la precedieron, y en los cuales, en cuanto pudo, para ir segura, procuraba inspirarse, ya directa ya indirectamente, por referencias o por conducto de sus confesores. Más se distingue por su forma, acomodada a los tiempos y circunstancias, que por su fondo… P. Arintero. La verdadera mística tradicional, cap. V.— (nosotros somos sus perfectos admiradores), encajan aquí unas excepcionales Reglas, dadas por la misma Madre de Dios a su sierva, la V. M. María de Jesús, Abadesa de Ágreda. —Mística Ciudad de Dios, lib. II, cap. 14.— que todos debiéramos sabernos de memoria. Dicen así: “La gracia de las visiones divinas, revelaciones y raptos, aunque son operaciones del Espíritu Santo, se distinguen de la gracia santificante y virtudes, que santifican y perfeccionan el alma en sus operaciones; y, porque no todos los justos y santos tienen forzosamente visiones ni revelaciones divinas, se prueba que puede estar la santidad y virtudes sin estos dones. Y también que no se han de regular las revelaciones y visiones por la santidad y perfección de los que las tienen, sino por la voluntad divina que las concede, a quien es servido, y cuando conviene, y en el grado que quiere, obrando siempre con medida y peso para los fines que pretende en su Iglesia; bien puede comunicar Dios mayores y más altas visiones y revelaciones al menos santo y menores al mayor. Y el don de profecía, con otrosgratis datos puede concederlos a los que no son santos; y algunos raptos pueden resultar de causa que no sea precisamente virtud de la voluntad, que es la que santifica, mediante la caridad y virtud, sino de causa del entendimiento, el cual no santifica el alma.
“Pero no obstante que la gracia de visiones divinas sea distinta de la santidad y virtudes, que pueden separarse; con todo eso la voluntad y providencia divina las junta muchas veces, según el fin y motivo que tiene en comunicar estos dones… para que no estén frecuentemente en vasos inmundos y no derogase a la verdad divina y a su magisterio la mala vida del instrumento.
“Las divinas revelaciones y visiones pueden atender a cosas generales y del bien común y a particulares o del bien individual del que las recibe. En cuanto a esta última, las razones son de parte de la criatura y otra de parte de Dios. La de la parte de la criatura ignorante consisten, en que éste es el modo más proporcionado y conveniente para que se levante a las  cosas eternas entre ellas, y se espiritualice para llegar a la perfecta unión del Sumo Bien. Y las de parte del Señor estriban en que el amor divino es impaciente para no comunicar sus bienes y secretos al amado y al amigo. Y no pierde su crédito esta verdad por no ser entendida de la sabiduría carnal; ni tampoco porque algunas almas se hayan deslumbrado con ella, dejándose engañar por el ángel de Satanás, transformado en ángel de luz, con algunas visiones y revelaciones falsas… Este peligroso engaño se evita temiendo con humildad y no deseando saber altamente, no juzgándose en el tribunal del propio juicio y prudencia, sino remitiendo a Dios y a sus ministros y confesores doctos, examinado la intención; pues no hay duda que se conocerá si el alma desea estos favores por medio de la virtud y perfección o por la gloria externa de los hombres. Y lo seguro es nunca desearlos y temer siempre el peligro… Y no se admiren los hombres sabios de que las mujeres hayan sido tan favorecidas en estos dones, porque, a más de ser fervientes en el amor, escoge Dios al más flaco por testigo más abonado de su poder, y tampoco no tienen la ciencia de la teología adquirida como los varones doctos, si no se la infunde el Altísimo para iluminar su flaco e ignorante juicio”. —Cap. II. Algunos reparos preventivos a los no creyentes y a los creyentes.—
Señales de los buenos éxtasis
Las señales de los perfectos éxtasis son fáciles de conocer; porque, aparte la suspensión total o casi total de los sentidos, la insensibilidad, el no siempre desplomamiento corpóreo, la rigidez de los miembros, la normalidad del pulso y del corazón dichos anteriormente, si acaso alterados accidentalmente en algunos sujetos, de suyo acentuadamente nerviosos o anémicos, están los siguientes: El estado de los ojos, de ordinario abiertos y clavados en un punto elevado, sin anisocoria ni contracción alguna. Otras veces, se hallan completamente cerrados, pero que advierten que, a través de ellos, hacia adentro, ve el pensamiento. El diálogo ortodoxo y edificante entre el vidente y un agente invisible, de forma que se oye muchas veces lo que el extático pronuncia, contestando, afirmando, negando o rogando; pero que, al soslayo de tales palabras y frases, casi puede deducirse el fondo del diálogo. El accionar varias veces con las manos y la cabeza corre parejas con el diálogo; esto no es más que la manifestación exterior del pensamiento. Y, finalmente, la entrega de objetos a los circunstantes con o sin hablar: todo ello sin funcionamiento patológico, que es en lo que estriba la suma de seis prodigios, resultado de la existencia de ciertas leyes desconocidas, superiores, transcendentes, sobrenaturales, que sustituyen o se contraponen a los naturales, que en tal caso y circunstancia debieran existir.
Ya terminado el éxtasis, y vuelto el paciente a su prístino normal estado, las dulces lágrimas que a los ojos asoman, la reserva, la paciencia y el retiro observado, sin pesadeces ni consecuencias más graves de los postaccidentes patológicos, dan a entender que el vidente pasó por el fenómeno extático, fenómeno por cima y fuera de toda ley psico-patológica.
Pero, por cuanto algunas de estas señales pueden darse en un éxtasis preternatural o diabólico —nunca en el natural o patológico—, aparte las varias reglas que en el curso de esta Obra damos para distinguir los unos de los otros, señalamos las siguientes, fruto al propio tiempo de la ciencia experimental de los grandes maestros del espíritu:
  1. Los éxtasis de los siervos de Dios nunca son voluntarios o procurados por ellos, sino según el divino agrado. Por tanto, no se sujetan a tiempos, lugares, estado de salud y ánimo de los pacientes, oraciones determinadas y demás circunstancias materiales y morales, porque “Spiritus ubi vult spirat”. —Juan 3, 8.—
  2. Ítem; aun cuando los siervos de Dios se desplomen violentamente y caigan en el fuego, nunca se hacen daño, a no ser que mano ajena humana lo procurase, y los movimientos de la caída o levantamiento son de tal índole que siempre dejan en honesta y edificante postura al extático.
  3. La resolución de los éxtasis en los siervos de Dios es espontánea, sin ayuda de personas ni medicamentos: no así en los éxtasis naturales. El alma de los siervos de Dios vuelve en sí o toma su estado normal al mandato, a veces puramente mental, de quien tenga autoridad sobre ellos, permaneciendo insensible al cesar esta autoridad, aun cuando el alma no lo sepa.
  4. Durante los éxtasis de los siervos de Dios el alma recibe grandes luces sobrenaturales que determinan locuciones santas y maravillosos cambios de conducta hacia Dios; y experimenta bilocaciones y bipersonaciones para dar lugar a grandes predicaciones y conversiones de almas y pueblos. En los demás éxtasis nada de esto se experimenta, antes bien el alma sale empeorada.
  5. Y, finalmente, señales y efectos de los éxtasis divinos son que los sufrimientos físicos, que en ellos se padecen, dan vida y alientos, mientras en los restantes éxtasis deja postrado y abatido al sujeto; y que, durante y luego de las comunicaciones divinas, queda el alma como divinizada, dándolo a entender las irradiaciones de luz y claridad que el rostro despide, y la actitud del cuerpo, como de santidad levemente dormida, que a veces, es movida mediante un soplo o levantada ella misma repentinamente, sin daño y esfuerzo, con admiración de los circunstantes. No así los éxtasis diabólicos y naturales, cuyas siniestras manifestaciones son patentes.
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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
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