BIENVENIDO

“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




martes, 31 de enero de 2017

PUEBLO DE MARIA

QUIEN COMO DIOS... NADIE COMO DIOS....

CATÓLICOS:
 
DEFENDAMOS A NUESTRA MADRE
 
Y LAS
 
ENSEÑANZAS DE "SIEMPRE"
 
(MAGISTERIO, DOCTRINA, TRADICIÓN)
 
DE NUESTRA AMADA IGLESIA DE CRISTO.
 
 
¡Cuánto consuelo dais a mi profundo dolor; cuánta alegría proporcionáis a mi Corazón Inmaculado!
Porque, por medio de vosotros que me habéis respondido, la devoción hacia Mí ya está refloreciendo en toda la Iglesia.

De este modo Yo puedo ejercer, en estos vuestros tiempos, el gran poder que me ha sido dado por la Santísima Trinidad, para volver inofensivo el ataque que mi Adversario, el Dragón Rojo, ha desencadenado contra Mí, vomitando de su boca un río de aguas para sumergirme.

El río de aguas está formado por el conjunto de todas las nuevas doctrinas teológicas que han tratado de oscurecer la figura de vuestra Madre Celeste, de negar mis privilegios, de redimensionar la devoción para Conmigo, de ridiculizar a todos mis devotos.

A causa de estos ataques del Dragón, en estos años la piedad hacia Mí ha ido disminuyendo en muchos fieles y, en algunos lugares, ha desaparecido por completo.

Pero han acudido en auxilio de vuestra Madre Celeste las dos alas de la gran águila.
La gran águila es la Palabra de Dios, sobre todo la Palabra contenida en el Evangelio de mi Hijo Jesús.
 
Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi
(del Movimiento Sacerdotal Mariano, dado el 6 de Mayo de 1989).
 
 
 
Catecismo de la Iglesia Católica:

"JESUCRISTO FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA
DEL ESPÍRITU SANTO Y NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN"
 
Párrafo 2
“... CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO,
NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN”
I Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo ...
484 La anunciación a María inaugura la plenitud de "los tiempos"(Gal 4, 4), es decir el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir a aquel en quien habitará "corporalmente la plenitud de la divinidad" (Col 2, 9). La respuesta divina a su "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" (Lc 1, 34) se dio mediante el poder del Espíritu: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti" (Lc 1, 35).
485 La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la del Hijo (cf. Jn 16, 14-15). El Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina, él que es "el Señor que da la vida", haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una humanidad tomada de la suya.
486 El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la Virgen María es "Cristo", es decir, el ungido por el Espíritu Santo (cf. Mt 1, 20; Lc 1, 35), desde el principio de su existencia humana, aunque su manifestación no tuviera lugar sino progresivamente: a los pastores (cf. Lc 2,8-20), a los magos (cf. Mt 2, 1-12), a Juan Bautista (cf. Jn 1, 31-34), a los discípulos (cf. Jn 2, 11). Por tanto, toda la vida de Jesucristo manifestará "cómo Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38).
II ... nacido de la Virgen María
487 Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.
La predestinación de María
488 "Dios envió a su Hijo" (Ga 4, 4), pero para "formarle un cuerpo" (cf. Hb 10, 5) quiso la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de Nazaret en Galilea, a "una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María" (Lc 1, 26-27):
El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida (LG 56; cf. 61).
489 A lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada por la misión de algunas santas mujeres. Al principio de todo está Eva: a pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una descendencia que será vencedora del Maligno (cf. Gn 3, 15) y la de ser la Madre de todos los vivientes (cf. Gn 3, 20). En virtud de esta promesa, Sara concibe un hijo a pesar de su edad avanzada (cf. Gn 18, 10-14; 21,1-2). Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil (cf. 1 Co 1, 27) para mostrar la fidelidad a su promesa: Ana, la madre de Samuel (cf. 1 S 1), Débora, Rut, Judit, y Ester, y muchas otras mujeres. María "sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación" (LG 55).
 
La Inmaculada Concepción
 
490 Para ser la Madre del Salvador, María fue "dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante" (LG 56). El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como "llena de gracia" (Lc 1, 28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente poseída por la gracia de Dios.
491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:
... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (DS 2803).
492 Esta "resplandeciente santidad del todo singular" de la que ella fue "enriquecida desde el primer instante de su concepción" (LG 56), le viene toda entera de Cristo: ella es "redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo" (LG 53). El Padre la ha "bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" (Ef 1, 3) más que a ninguna otra persona creada. El la ha elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor (cf. Ef 1, 4).
493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios "la Toda Santa" ("Panagia"), la celebran como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura" (LG 56). Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.
"Hágase en mí según tu palabra ..."
494 Al anuncio de que ella dará a luz al "Hijo del Altísimo" sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 28-37), María respondió por "la obediencia de la fe" (Rm 1, 5), segura de que "nada hay imposible para Dios": "He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 37-38). Así dando su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y , aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención (cf. LG 56):
Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, "por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano". Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar "el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe". Comparándola con Eva, llaman a María `Madre de los vivientes' y afirman con mayor frecuencia: "la muerte vino por Eva, la vida por María". (LG. 56).
 
La maternidad divina de María
 
495 Llamada en los Evangelios "la Madre de Jesús"(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como "la madre de mi Señor" desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios ["Theotokos"] (cf. DS 251).
 
La virginidad de María
 
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido "absque semine ex Spiritu Sancto" (Cc Letrán, año 649; DS 503), esto es, sin elemento humano, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, S. Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): "Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen, ...Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato ... padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente" (Smyrn. 1-2).
497 Los relatos evangélicos (cf. Mt 1, 18-25; Lc 1, 26-38) presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas (cf. Lc 1, 34): "Lo concebido en ella viene del Espíritu Santo", dice el ángel a José a propósito de María, su desposada (Mt 1, 20). La Iglesia ve en ello el cumplimiento de la promesa divina hecha por el profeta Isaías: "He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un Hijo" (Is 7, 14 según la traducción griega de Mt 1, 23).
498 A veces ha desconcertado el silencio del Evangelio de S. Marcos y de las cartas del Nuevo Testamento sobre la concepción virginal de María. También se ha podido plantear si no se trataría en este caso de leyendas o de construcciones teológicas sin pretensiones históricas. A lo cual hay que responder: La fe en la concepción virginal de Jesús ha encontrado viva oposición, burlas o incomprensión por parte de los no creyentes, judíos y paganos (cf. S. Justino, Dial 99, 7; Orígenes, Cels. 1, 32, 69; entre otros); no ha tenido su origen en la mitología pagana ni en una adaptación de las ideas de su tiempo. El sentido de este misterio no es accesible más que a la fe que lo ve en ese "nexo que reúne entre sí los misterios" (DS 3016), dentro del conjunto de los Misterios de Cristo, desde su Encarnación hasta su Pascua. S. Ignacio de Antioquía da ya testimonio de este vínculo: "El príncipe de este mundo ignoró la virginidad de María y su parto, así como la muerte del Señor: tres misterios resonantes que se realizaron en el silencio de Dios" (Eph. 19, 1;cf. 1 Co 2, 8).
 
María, la "siempre Virgen"
 
499 La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María (cf. DS 427) incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre (cf. DS 291; 294; 442; 503; 571; 1880). En efecto, el nacimiento de Cristo "lejos de disminuir consagró la integridad virginal" de su madre (LG 57). La liturgia de la Iglesia celebra a María como la "Aeiparthenos", la "siempre-virgen" (cf. LG 52).
500 A esto se objeta a veces que la Escritura menciona unos hermanos y hermanas de Jesús (cf. Mc 3, 31-55; 6, 3; 1 Co 9, 5; Ga 1, 19). La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a otros hijos de la Virgen María; en efecto, Santiago y José "hermanos de Jesús" (Mt 13, 55) son los hijos de una María discípula de Cristo (cf. Mt 27, 56) que se designa de manera significativa como "la otra María" (Mt 28, 1). Se trata de parientes próximos de Jesús, según una expresión conocida del Antiguo Testamento (cf. Gn 13, 8; 14, 16;29, 15; etc.).
501 Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se extiende (cf. Jn 19, 26-27; Ap 12, 17) a todos los hombres a los cuales, El vino a salvar: "Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (Rom 8,29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre" (LG 63).
La maternidad virginal de María en el designio de Dios
502 La mirada de la fe, unida al conjunto de la Revelación, puede descubrir las razones misteriosas por las que Dios, en su designio salvífico, quiso que su Hijo naciera de una virgen. Estas razones se refieren tanto a la persona y a la misión redentora de Cristo como a la aceptación por María de esta misión para con los hombres.
503 La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios (cf. Lc 2, 48-49). "La naturaleza humana que ha tomado no le ha alejado jamás de su Padre ...; consubstancial con su Padre en la divinidad, consubstancial con su Madre en nuestras humanidad, pero propiamente Hijo de Dios en sus dos naturalezas" (Cc. Friul en el año 796: DS 619).
504 Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María porque El es el Nuevo Adán (cf. 1 Co 15, 45) que inaugura la nueva creación: "El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo viene del cielo" (1 Co 15, 47). La humanidad de Cristo, desde su concepción, está llena del Espíritu Santo porque Dios "le da el Espíritu sin medida" (Jn 3, 34). De "su plenitud", cabeza de la humanidad redimida (cf Col 1, 18), "hemos recibido todos gracia por gracia" (Jn 1, 16).
505 Jesús, el nuevo Adán, inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo por la fe "¿Cómo será eso?" (Lc 1, 34;cf. Jn 3, 9). La participación en la vida divina no nace "de la sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino de Dios" (Jn 1, 13). La acogida de esta vida es virginal porque toda ella es dada al hombre por el Espíritu. El sentido esponsal de la vocación humana con relación a Dios (cf. 2 Co 11, 2) se lleva a cabo perfectamente en la maternidad virginal de María.
506 María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe "no adulterada por duda alguna" (LG 63) y de su entrega total a la voluntad de Dios (cf. 1 Co 7, 34-35). Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador: "Beatior est Maria percipiendo fidem Christi quam concipiendo carnem Christi" ("Más bienaventurada es María al recibir a Cristo por la fe que al concebir en su seno la carne de Cristo" (S. Agustín, virg. 3).
507 María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más perfecta realización de la Iglesia (cf. LG 63): "La Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo" (LG 64).
 
Resumen
 
508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, "llena de gracia", es "el fruto excelente de la redención" (SC 103); desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.
509 María es verdaderamente "Madre de Dios" porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.
510 María "fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen al parir, Virgen durante el embarazo, Virgen después del parto, Virgen siempre" (S. Agustín, serm. 186, 1): Ella, con todo su ser, es "la esclava del Señor" (Lc 1, 38).
511 La Virgen María "colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres" (LG 56). Ella pronunció su "fiat" "loco totius humanae naturae" ("ocupando el lugar de toda la naturaleza humana") (Santo Tomás, s.th. 3, 30, 1 ): Por su obediencia, Ella se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes.
 
Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica.
 
 
MENSAJE Y COMENTARIO AL MENSAJE DE MEDJUGORJE DEL 25 DE ENERO DE 2017:
 
 
MENSAJE DEL 25 DE ENERO 2017:

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a orar por la paz. Paz en los corazones, paz en las familias y paz en el mundo. Satanás es fuerte y quiere ponerles a todos en contra de Dios, hacerles regresar a todo lo que es humano y destruir en los corazones todo sentimiento hacia Dios y las cosas de Dios. Ustedes, hijos míos, oren y luchen contra el materialismo, el modernismo y el egoísmo que el mundo les ofrece. Hijos míos, decídanse por la santidad, y yo, con mi Hijo Jesús, intercedo por ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamada".
 
COMENTARIO:

Satanás, que significa Adversario, Enemigo, es el enemigo del hombre y de Dios y, ya que nada puede contra el Altísimo, su odio va dirigido a la destrucción del hombre y de la creación. Por eso, él que es el Acusador, primero pretende separarnos de Dios para luego ponernos contra nuestro Creador y Salvador en abierta rebelión. Tal la apostasía que hoy vive el mundo y que ha penetrado en la Iglesia de Cristo.

La Santísima Virgen revela el plan del Maligno y esta vez lo resume en el egoísmo, el materialismo y el modernismo. El egoísmo nos separa del otro; el materialismo nos cierra al espíritu, y el modernismo, verdadero compendio de todos las herejías –como lo definió san Pío X- nos separa de Dios y lo hace de un modo sibilino, sin que nos demos cuenta y encima, para colmo de males, obra dentro de la misma Iglesia.

Si la Santísima Virgen al hablar de estas calamidades las presenta como aquellas que “el mundo nos ofrece” y no menciona a la Iglesia, en la que decididamente el modernismo está presente, es por la simple razón que el modernismo no pertenece a la Iglesia verdadera sino que es el intruso espíritu del mundo que ha invadido y penetrado en la santa Iglesia de Dios. A esa Iglesia rebelde, modernista, el santo Papa Juan Pablo II la llamó la Anti-Iglesia profetizando que la batalla final sería entre la Iglesia y esa Anti-Iglesia. Por su parte el Papa Benedicto XVI, en el 2010, cuando fue en peregrinación a Fátima, dijo: “La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje (se refería al tercer secreto de Fátima) reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia. También esto se ha sabido siempre, pero hoy lo vemos de modo realmente tremendo: que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia….” Se refería a todo pecado que la corrompe como la apostasía de la fe, la rebelión al Magisterio, la ambición de poder, la banalización del misterio, la perversión sexual y el ataque a todo lo que es sagrado y santo.

Esta es la tercera vez en toda la historia de Medjugorje que nuestra Madre Santísima pone al descubierto al “modernismo”, como arma satánica para destruir nuestra relación con Dios y la vida de la gracia. En efecto, en el mensaje del 25 de mayo del 2010, nos alertaba diciendo que Satanás no duerme y “a través del modernismo los desvía y los conduce por su camino”. Y nos exhortaba a amar sobre todas las cosas a Dios y a vivir sus Mandamientos.
Cinco años después, el 25 de marzo del 2015, volvía a decir: “oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo”.

El modernismo ataca las bases de la fe e ignora toda sobrenaturalidad. Para el modernismo no existe la gracia que, por ejemplo, permite cumplir con la Ley de Dios. La única realidad, para esa corriente apóstata, es el hombre con sus debilidades que hace de la Ley un ideal bueno pero inalcanzable. Dicho de otro modo: Dios pide imposibles. No admite ningún absoluto, porque el modernismo es el fautor del relativismo. Claro está, no admite ningún absoluto que no sea el suyo. Habla sí de amor, de misericordia y de libertad cuyos significados son lo contrario a lo que nos enseñó nuestro Señor y que ha custodiado el magisterio bimilenario de la Iglesia. Los modernistas utilizan eufemismos –es decir palabras que suenan bien- para ocultar el mal que está promoviendo e imponiendo[1].
Una de las tácticas diabólicas es la confusión y de allí el caos. Corrompe el lenguaje. Lo propio es acusar a Dios de los males y empujar al hombre a rebelarse, primero en un falso humanismo donde Dios queda excluido.

Un poco de historia:

El modernismo hace su aparición en el siglo XIX. Prontamente, los Papas advierten el peligro y la condenan[2].
En el pasado siglo XX aparecen teólogos y liturgistas que siguen en la misma tarea de socavar los fundamentos de la Iglesia. En los Países Bajos, apenas concluido el Concilio Vaticano II, se publica el Nuevo Catecismo para Adultos, llamado “Catecismo holandés”. Es el manual del neo-modernismo donde no hay herejía que haya sido dejada de lado. Interviene el Papa Pablo VI. Se detectan la gran mayoría de los errores del modernismo aunque bajo otras presentaciones más elaboradas y sofisticadas. El pretendido “catecismo” inducía a la duda o negaba verdades fundamentales de nuestra fe como la virginidad perpetua de María y la concepción virginal de Jesús, la Presencia real y substancial de Jesucristo en la Eucaristía, la preexistencia de Cristo y su Encarnación, la infalibilidad de la Iglesia en materia de fe y de moral, la diferencia entre sacerdocio ministerial y común, el Primado del Papa, los milagros de Cristo y su Resurrección, los novísimos, el sacramento de la penitencia, la indisolubilidad del matrimonio. Propendía a la regulación de los nacimientos y presentaba una lista aún mayor de herejías. Ante ese tsunami heterodoxo, el Papa Pablo VI reaccionó con el Credo del Pueblo de Dios (30 junio 1968).

La gravedad del momento:

Lo grave es que esta corriente hereje ha estado muy difundida porque sus sostenedores han ocupado durante muchos decenios cátedras en seminarios y facultades de teología, entre las más importantes de Occidente, influyendo enormemente en la formación de futuros pastores que por deformación se manifestarán, muchos de ellos, escépticos, críticos y en rebeldía con la Tradición[3].
El otro punto de ataque fue dirigido a la liturgia, de aquellos que han querido “librar a la liturgia de todas las escorias con que la ha oscurecido la Edad Media”. Entre ellas, ¡atención!, “la excesiva insistencia en la presencia real en la Eucaristía” (!!!)[4].
La liturgia refleja siempre la fe y la fe se expresa en el culto. Es decir, nosotros creemos en aquello que celebramos y celebramos lo que creemos. Por eso, por vía de la liturgia querían los modernistas cambian la doctrina de y sobre la Iglesia.
Otro ariete, con el que el neo modernismo arremete, para derribar las puertas de la Iglesia, es el relativismo.
El entonces Cardenal Ratzinger, en la Misa pro eligendo romano pontifice antes del Conclave del 2005, dijo: “Poseer una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es a menudo etiquetado como fundamentalismo. Mientras el relativismo, el dejarse llevar aquí y allá por cualquier viento de doctrina, aparece como la única actitud a la altura de los tiempos actuales. Se va constituyendo así una dictatura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo al propio yo y sus deseos. Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Es Él la medida del verdadero humanismo. ‘Adulta' no es una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente radicada en la amistad con Cristo”. De Él viene “el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad”.
Pues aquí está una de las claves de este mensaje: la advertencia muy seria que nos hace la Santísima Virgen sobre el propósito satánico de un humanismo en el que Dios queda fuera y en el centro está el hombre.
La dictadura del relativismo, que refuta la verdad absoluta, promueve viva y eficazmente a todo teólogo que pase por innovador y que sea visto a tono con el mundo y sus opiniones y por tanto en contra de las verdades doctrinales de la Iglesia. Ese teólogo gozará de la popularidad y del beneplácito de los medios masivos de difusión[5].

En qué consiste el modernismo:

Para mejor defendernos: ¿cuáles son los rasgos que definen el modernismo?
La negación de toda certeza de fe; negación de la autenticidad y de la fidelidad de los Evangelios, por tanto de los milagros del Señor[6], y puesta en duda su misma Resurrección y divinidad, o sea de la misma historicidad (para esto contraponen lo que llaman el “Jesús de la historia”, para ellos desconocido, al “Cristo de la fe”, elaboración tardía –siempre según los modernistas- de las primeras comunidades cristianas)[7]; desprecio de los dogmas; negación de toda sobrenaturalidad (racionalismo, naturalismo); negación de la virginidad perpetua de María (o sea negar que la Madre del Señor fue virgen no sólo antes del parto sino durante y después del parto) y de sus prerrogativas[8] para hacerla “más humana”, lo que en realidad significa una mujer como cualquier otra[9]; protestantización de la liturgia[10] y de la exégesis bíblica; negación de la existencia de principios morales no negociables[11]; la falsa misericordia manifestada en la tolerancia ante el pecado y la consecuente intolerancia ante la verdad de la fe y de la moral cristianas[12]; el indiferentismo religioso y falso ecumenismo que se traduce en que toda religión es válida, todos son caminos posibles de salvación, por tanto negación implícita de Jesucristo como único Salvador y de la Iglesia como única poseedora de los instrumentos de salvación; negación de la existencia de verdades absolutas (cada uno tiene su verdad con lo cual ninguna es la verdad); negación de la existencia del bien objetivo, por eso los modernistas son promotores del relativismo moral y de la ética situacional: el bien o el mal dependen de las circunstancias particulares, de las culturas; falso humanismo donde el hombre es el centro de todo y no Dios[13]; silencio acerca de la salvación de las almas (de eso nunca se habla) sustituido por el asistencialismo material; desprecio por la educación en la fe (lo que importa es instruir no educar en la fe y la moral católicas); devaluación y negación de los sacramentos; equiparación del sacerdocio ministerial al bautismal; abolición del celibato[14], sacerdocio a las mujeres, libre examen interpretativo de las Escrituras o sea rechazo del Magisterio de la Iglesia así como otras herejías de porte protestante…
Estos son las principales herejías modernistas de las que la Santísima Virgen por tercera vez, nos advierte, vienen de Satanás. A través de estas herejías presentadas sibilinamente, busca el Demonio demoler la Iglesia que fundó nuestro Señor Jesucristo. Tengamos por seguro que nunca jamás logrará su cometido, pero eso no evitará que muchos sean arrastrados en el error y hasta en la perdición.

Argumentos falaces que ocultan la trampa diabólica:

Los modernistas utilizan argumentos que suenan bien pero que son mentirosos, tales como que la Iglesia debe reconciliarse con la sociedad moderna, que no puede desconocerla ni actuar de espaldas a ella. Sin embargo, en esa aparente razonabilidad se oculta, como caballo de Troya, la apostasía de la verdad de la revelación, de la fe y de la moral. Los modernistas, por ejemplo, han estado y siguen estando ahora más que nunca en contra de la Veritatis Splendor de Juan Pablo II. Lo propio del modernismo es el relativismo moral. Cada uno, dicen, tiene su propia idea de bien y basta que siga esa idea –su conciencia[15]- para que se establezca la convivencia pacífica. La mentira se vuelve evidente porque si no hay bien en sí mismo, objetivo, total, absoluto, el bien dependerá de cada gusto, sensibilidad, pasión o conveniencia. Para los modernistas, no es la Ley de los Mandamientos de Dios, ni siquiera la ley natural la que nos dice qué es bien y qué es mal sino que cada uno tiene su propia medida de bien. Por eso, llegan a justificar el aborto o la eutanasia, abjurando del valor no negociable de la vida y de otros principios también no negociables cuales la indisolubilidad del matrimonio y la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de los padres en la educación de los hijos, etc.

La Mujer que viene del Cielo y lucha por y con sus hijos:

Es María Santísima, la Madre de nuestro Señor y Dios, nuestra misma Madre, quien, ante las tinieblas que nos envuelven, viene a traernos la luz diciéndonos, en este mensaje, que nos decidamos por la santidad de vida. Para ello, había ya dicho en el 2010 que debemos vivir los Mandamientos de Dios. Quizás en aquellos momentos no nos dábamos cuenta del alcance de tal pedido pero ahora se vuelve evidente qué nos quería decir. Porque en estos tiempos, cuando hay quienes dentro de la Iglesia tuercen los Mandamientos, lo que está en juego es la misma Ley de Dios y con ella nuestra salvación. Por eso, una vez más nos da las armas para el combate al decirnos: oren y luchen. Luchar debe interpretarse como resistir al error, la mentira y la herejía y enfrentarse en la defensa de la verdad de la fe y de la moral católicas.
No temamos, nuestra Madre y Señora está intercediendo ante su Hijo, quien además nos dice: “nadie los arrebatará de mis manos” (Cf. Jn 10:28).
 
P. Justo A. Lofeudo.

[1] Por ejemplo al aborto lo llaman “interrupción voluntaria del embarazo”, ¡como si luego se pudiera reanudarlo! A la mujer les dicen que solo ella tiene derecho a su cuerpo pero dejando de lado la evidencia que en el embarazo ese cuerpo lleva otro cuerpo. A la eutanasia la llaman “derecho a una muerte digna” y otras lindezas por el estilo. ¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien! (Is 5:20)

[2] Ya a mediados del siglo XIX el Beato Pío IX condena en el “Syllabus” por heréticas a 65 proposiciones modernistas.
Luego es san Pío X que en su Encíclica “Pascendi” denuncia la doctrina modernista como “el compendio de todas las herejías”. Dice el Papa que si bien nunca faltaron, suscitados por Satanás, “hombres de lenguaje perverso”, “sujetos al error y que arrastran al error”, “decidores de novedades y seductores”, en estos tiempos los enemigos de Cristo usan nuevas artes llenas de perfidia con el fin de, si fuera posible, aniquilar la Iglesia y destruir el Reino de Cristo. Lo peor –sigue diciendo- y que grandísimo dolor y angustia causa, es que se ocultan en el mismo seno de la Iglesia. “El peor peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas…no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper”.

[3] Aún hoy a una de estas figuras que fuera perito durante el Concilio Vaticano II, el P. Schillebeeckx, mentor del catecismo y de la misa holandesa, Wikipedia la considera “el mejor teólogo católico sin duda del siglo XX”.
El entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, intervino muchísimas veces señalando los errores y exigiendo enmiendas y rectificaciones que luego, en muchos casos, en abierta rebelión al Magisterio no fueron hechas.
[4] Algunos monjes liturgistas y teólogos, en el primer tercio del Siglo XX y posteriormente, pusieron mano a la obra de “purificación” atacando a la tradición y con ella al misterio, en aras de formar una piedad colectivista. El ataque frontal era contra el Concilio de Trento.
[5] Hace más de 40 años, el Cardenal Siri denunciaba al modernismo al decir que “la actual situación de la Iglesia es una de las más graves de su historia, porque esta vez no se trata de la persecución exterior la que la ataca sino la perversión de adentro que es más grave”. Hablaba de “aquellos que usan de su función eclesiástica para subvertir la Iglesia”. Hablaba de abusos en la liturgia y de la ideología ecumenista. Afirmando luego que “lo más urgente es restaurar en la Iglesia la distinción entre verdad y error”.

[6] Para los racionalistas modernistas Jesucristo no hizo milagros ni nada que ellos, mediante la “ciencia” puedan explicar y por eso niegan la Resurrección del Señor. El Padre Joseph Marie Lagrange OP, el gran sabio biblista fundador de la Escuela Bíblica de Jerusalén (de allí la Biblia de Jerusalén), irónicamente decía que en el episodio en el que Jesús le manda a Pedro ir al lago a pescar y pagar el tributo del templo con la moneda que sacaría de la boca del pez, un racionalista diría que en realidad Pedro fue a pescar y luego con lo que obtuvo por la venta del pescado en el mercado pagó el tributo.

[7] A tales fantasiosas conjeturas elevadas por los modernistas a la categoría de verdades, salió al encuentro el Papa Benedicto XVI con su libro “Jesús de Nazaret” mostrando que el “Jesús de la historia” es el mismo “Cristo de la fe"

[8] Entre ellas la de negarle la fe firme y absoluta sin cuestionamientos a Dios. La fe de la Santísima Virgen fue mayor que la de Abraham con quien fundó Dios la Alianza. Los herejes modernistas dicen, por ej., que dudó de las palabras del Ángel viendo a su Hijo en la cruz, cuando Ella, en ese momento sublime de la redención de la humanidad, era la Corredentora, Aquella que se unía al sacrificio del Hijo en la cruz en oblación al Padre.
[9] Si María es una mujer como cualquier otra entonces Jesús es un hombre pero no Dios. Un gran profeta a lo sumo.
[10] A la Eucaristía se la ha banalizado, a la Misa desacralizado. Si algún extraño a la fe asistiera a una de las Misas corrientes (lamentablemente así son la mayoría), no advertiría nada de sacro. Nada de reverencias ni gestos de adoración y ni qué decir de manifestaciones y gestos acerca de la Presencia real del Señor en la Eucaristía. De eso nada, todo lo contrario al santo temor de Dios y a la adoración.

[11] Como el derecho a la vida y la sacralidad de la misma, el derecho a la educación de los hijos por parte de los padres, los valores morales universales insertos en la misma ley natural.
[12] A quienes defiendan la verdad los tratan de fundamentalistas e integristas.
[13] Modernismo es falso humanismo que pone al hombre en el lugar de Dios. Por eso, so pretexto de razones pastorales y de falsas misericordias, aunque diga lo contrario en la realidad niega los dogmas. Y quienes niegan los dogmas, asegurando que no lo hacen, son algunos de los llamados teólogos, pastores, biblistas de nuestro tiempo.

[14] Hace ya un tiempo aduciendo razones antropológicas y apoyándose por lamentables escándalos se viene atacando al celibato. También se habla de democratización en la Iglesia y se propone un gobierno colegiado o sinodal.

[15] Sólo una recta conciencia, una conciencia bien formada, puede discernir con propiedad entre el bien y el mal. No es la conciencia la última instancia moral sino la verdad de la ley divina.

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