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“…EN LA PERSECUCIÓN FINAL CONTRA LA SANTA IGLESIA ROMANA REINARÁ PEDRO ROMANO, QUIEN PASTOREARÁ A SU GREY EN MEDIO DE MUCHAS TRIBULACIONES. DESPUÉS DE ESTO, LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS SERÁ DESTRUIDA Y EL JUEZ JUSTO VOLVERÁ PARA JUZGAR A SU PUEBLO...




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lunes, 2 de julio de 2012

JESUS LLAMA AL DEMONIO: MENTIROSO Y ASESINO


  • Sacerdotes por la Vida
    Hay muchas formas de expresar el propósito de la misión de N. S. Jesucristo en el mundo. San Juan lo resume en su primera carta que dice: "Y para esto apareció el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo". (I Juan 3:8). ¿Y cuáles son las "obras del diablo que Cristo destruye? El propio Cristo nos dice que el demonio "fue asesino desde un principio, y no se apoya en la verdad porque no existe verdad en él.. Cuando miente, habla en carácter, ya que es mentiroso, y el padre de todas las mentiras." (Juan 8:44). En una palabra Nuestro Señor llama al demonio mentiroso y asesino. La mentira y el asesinato van a la par.
  • Del único modo que el aborto puede continuar en tan horribles proporciones es cubriéndolo de mentiras, suavizándolo con negación y tergiversación de la verdad. Cristo ha venido a destruir las obras del demonio. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Juan 1 4:6). El es el camino de salvación, precisamente porque El es la Verdad, haciendo añicos las mentiras del demonio; y porque El es la Vida, deshaciendo la obra de muerte del demonio.  P. Frank Pavone


miércoles, 20 de junio de 2012

CREA TU PROPIA LECTIO DIVINA

Crea tu propia LECTIO DIVINA

Orar es dialogar con Dios; un encuentro personal con Dios vivo.

Un medio privilegiado para encontrar y escuchar a Dios es la Sagrada Escritura. Cristo está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla (SC 7). La Biblia no es sólo un libro que contiene verdades y enseñanzas, sino es sobre todo lugar de encuentro con Cristo Resucitado.

Por obra del Espíritu Santo, la Virgen María recibió en su seno al Verbo que se hizo carne. De modo análogo cuando nosotros leemos la Biblia y la meditamos, recibimos la Palabra en nuestro corazón bajo la acción del Espíritu Santo.

Al leer la Sagrada Escritura, nuestra actitud fundamental debe ser de acogida y escucha. Se trata de escuchar lo que Dios me dice a mí y luego responderle.

El 6 de noviembre de 2005, el Papa Benedicto XVI explicó así la Lectio Divina:

"Consiste en meditar ampliamente sobre un texto bíblico, leyéndolo y volviéndolo a leer, rumiándolo en cierto sentido como escriben los padres, y exprimiendo todo su jugo para que alimente la meditación y la contemplación y llegue a irrigar como la savia la vida concreta. Como condición, la lectio divina requiere que la mente y el corazón estén iluminados por el Espíritu Santo, es decir, por el mismo inspirador de las Escrituras, y ponerse, por tanto, en actitud de religiosa escucha. Esta es la actitud típica de María santísima, tal y como lo muestra de manera emblemática la imagen de la anunciación."

Los pasos de la Lectio Divina:

1. RECÓGETE PARA ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS E INVOCA AL ESPÍRITU SANTO.

El mismo Espíritu que habita en el templo de tu alma por la gracia,"habita" y está presente en la Sagrada Escritura. Con el deseo ardiente de escuchar a Dios, invoca al Espíritu Santo: que ilumine tu inteligencia para conocer mejor a Cristo y su palabra, que encienda tu corazón para amarlo con pasión y que mueva tu voluntad para seguirlo más de cerca.



2. LECTURA (LECTIO) ¿QUÉ DICE EL TEXTO?

Lee pausadamente un texto de la Biblia, como si fuera "una carta de amor escrita por Dios personalmente a mí" (san Gregorio Magno).

Reléelo; trata de familiarizarte con el texto, intenta comprenderlo (el contexto, los personajes, los sentimientos, las acciones, los verbos...) sin pretender todavía extraer mensajes o conclusiones.

Descubre la palabra-luz que ilumina tu inteligencia, la palabra-fuerza que fortalece tu espíritu, la palabra-fuego que enciende tu corazón de amor a Dios y a los hombres, la palabra-símbolo que abre tu mente y corazón a nuevas reflexiones y afectos.

Puedes subrayar lo que te parezca central: poner un signo de exclamación al pasaje o pasajes que más te interpelen, y un asterisco a lo que te ayude a orar. Puedes señalar de una forma las reflexiones que te llamen la atención y de otra manera aquellas frases que te susciten afectos.


3. MEDITACIÓN (MEDITATIO) QUÉ ME DICE A MÍ EL TEXTO?

Gusta y saborea ese mensaje de Dios para ti, como María, que "custodiaba todas estas cosas rumiándolas en su corazón." (Lc. 2,19)

Recuerda otros pasajes de la Sagrada Escritura que tengan relación, confróntalos, que se enriquezcan y complementen los unos con los otros, como si fueras una abeja que va combinando el néctar de diversas flores. Es el Espíritu Santo el que va a elaborar en tu interior una miel exquisita preparada especialmente para ti.

Confronta los textos con las situaciones y circunstancias de tu vida y pregúntate: ¿por qué este texto es importante para mí?, ¿qué me sugiere?, ¿qué actitudes y sentimientos me transmite? Intenta escuchar a Dios que te habla.



4. ORACIÓN (ORATIO) QUÉ LE DIGO A DIOS MOVIDO POR SU PALABRA?

Dios te ha hablado, le has escuchado y has acogido su palabra. Ahora respóndele esa carta de amor que Él te escribió. Háblale con toda humildad y con todo tu corazón.

Exprésale con confianza tus sentimientos, una vez unos, otra vez otros: de agradecimiento, alabanza, súplica, adoración, alegría, tristeza, odio al pecado, amor a Cristo, arrepentimiento, compasión, intercesión, reconocimiento de tu miseria y petición de perdón, ofrecimiento...



5. CONTEMPLACIÓN (CONTEMPLATIO)

Contempla el rostro de Cristo, esperando y deseando que, a través de los ojos del alma, el Espíritu Santo actúe en tus facultades (inteligencia,voluntad, corazón, sensibilidad, acción) llenándolas de su santidad, de su sabiduría, de sus dones y carismas.

Déjate impregnar por la presencia y el amor de Dios como una esponja sedienta que se hunde bajo el agua viva.



6. ACCIÓN (ACTIO)

Que la palabra de Dios sea ahora escuela de vida para ti. Que poco a poco te transforme y te modele conforme a la imagen de Cristo.

Busca imitarle y seguirle más de cerca por la vivencia de las virtudes teologales y las demás virtudes cristianas. Con tu comportamiento y con tu palabra, sé para los demás un testigo que se ha encontrado con Dios. Como una concha llena que comparte lo que lleva dentro.

Pídele ayuda y dale las gracias.

FUENTE: La-Oracion.com

Si quieres profundizar en el método de la Lectio Divina, te recomiendo que leas la Scala Claustralium de Guido II el Cartujo, sobre el modo de orar a partir de la Palabra de Dios, y la Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini del Papa Benedicto XVI.

viernes, 14 de octubre de 2011

UNA REFORMA URGENTE Y NECESARIA - CATOLICA NO MUNDANA

Un alto en el camino para contemplar:
 Las maravillas que Dios creo
(Poner volumen alto)


Prefecto de la Congregación para el Clero en el Vaticano,
Cardenal Mauro Piacenza
Entrevista exclusiva completa concedida a ACI Prensa en la ciudad de Los Ángeles (EEUU, 11 de Octubre 2011)
Ver más abajo otra importante e imperdible entrevista al Cardenal:

"El sacerdocio católico, entre la crisis de fe y los ataques del Maligno"

 “me colma de alegría escuchar cómo el Santo Padre invoca continuamente tal reforma como una de las más urgentes y necesarias en la Iglesia. ¡Pero recordemos que la reforma de la que se habla no es "mundana" sino católica!”
“Un clero no secularizado, que no sucumbe a las modas pasajeras ni a las costumbres del mundo”.
“confiando más en el Señor que en nuestras pobres fuerzas humanas. ¡Así viene el rescate!, si el sacerdote es aquello que debe ser: hombre de Dios, hombre de lo sagrado, hombre de oración”.
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ACI Prensa: Una conjunción de hechos y de sobreexposición en la prensa secular ha creado una "crisis", por así decirlo, de la imagen del sacerdote católico. ¿Cómo rescatar esta imagen para el bien de la Iglesia?
Cardenal Piacenza:
En la teología católica, la imagen y la realidad no están nunca separadas. La imagen se cura curando la interioridad. Debemos curar primero que nada "por dentro". No debemos preocuparnos mucho por "aparecer por fuera" sino por "ser realmente". Es fácil individualizar las reglas que mueven lo externo y los consiguientes intereses entrecruzados.
Nosotros no debemos nunca escondernos, pero, donde sea necesario, debemos reconocer con humildad y verdad los errores, con la capacidad de reparar, ya sea humanamente, ya sea espiritualmente, confiando más en el Señor que en nuestras pobres fuerzas humanas. ¡Así viene el rescate!, si el sacerdote es aquello que debe ser: hombre de Dios, hombre de lo sagrado, hombre de oración y, por ello, totalmente al servicio de los otros hombres, de su fe, de su bien auténtico e integral, ya sea espiritual o material, y del bien de la comunidad en cuanto tal.
ACI Prensa: ¿Cómo hacer enteder a tantos católicos desilusionados que ven el llamado "escándalo sexual" de la Iglesia, que esto no define para nada ni el sacerdocio ministerial ni la Iglesia?
Cardenal Piacenza:
Es humanamente comprensible, como el Santo Padre ha referido en la entrevista durante el vuelo del último viaje apostólico a Alemania, que algunos puedan pensar que no pueden reconocerse en una Iglesia en la cual suceden ciertos actos infames. Sin embargo, el mismo Benedicto XVI, en aquella ocasión, invitaba con claridad a ir hasta el fondo de la naturaleza de la Iglesia, que es el Cuerpo viviente de Cristo resucitado, que prolonga en el tiempo su existencia y actuar salvífico.
El horrible pecado de algunos no desligitima el buen proceder de muchos, ni tampoco cambia la naturaleza de la Iglesia. Ciertamente debilita enormemente su crediblidad y, por ello, estamos llamados a obrar incesantemente por la conversión de cada uno y por aquella radicalidad evangélica y fidelidad, que siempre deben caracterizar a un auténtico Ministro de Cristo. Recordemos que para ser verdadermante creíbles es necesario ser verdaderamente creyentes.
ACI Prensa: Algunos creen que esta "crisis" es todavía un argumento más para las "reformas exigidas" sobre el modo de vivir el sacerdocio. Se habla, por ejemplo, de sacerdotes casados como una solución tanto a la soledad de los sacerdotes como a la falta de vocaciones sacerdotales. ¿Qué cosa significa verdaderamente la "reforma del clero" en el pensamiento y el magisterio del Santo Padre Benedicto XVI?
Cardenal Piacenza:
Quien argumenta eso, si lo siguiera, crearía un crack inaudito. Los remedios sugeridos agravarían terriblemente los males y seguirían la lógica inversa del Evangelio. ¿Se habla de soledad? ¿Pero por qué, Cristo es acaso un fantasma? ¿La Iglesia es un cadáver o está viva? ¿Los santos sacerdotes de los siglos pasados han sido hombres anormales? ¿La santidad es una utopía, un asunto para pocos predestinados, o una vocación universal, como nos lo ha recordado el Concilio Vaticano II?
No se debe bajar el tono sino más bien elevarlo: ese es el camino. Si el ascenso es arduo se debe tomar vitaminas, nos debemos reforzar y, fuertemente motivados, se sube con mucha alegría en el corazón.
Vocación significa "llamada" y Dios sigue llamando, pero es necesario poder escuchar y, para escuchar, es necesario no tener tapadas las orejas, es necesario hacer silencio, es necesario poder ver ejemplos y signos, es necesario acercar la Iglesia como el Cuerpo, en el que ocurre siempre el acontecimiento del Encuento con Cristo.
Para ser fieles es necesario estar enamorados. Obediencia, castidad en el celibato, dedicación total en el servicio pastoral sin limites de calendario u horario, si uno está realmente enamorado no se perciben como constricciones sino como exigencias del amor que constitutivamente no podría no donarse. No son tantos "no" sino un gran "sí" como aquel de la Santa Virgen en la Anunciación.
¿La reforma del clero? Es lo que invoco desde cuando era seminarista y luego un joven sacerdote (hablo de los años 1968 -1969) y me colma de alegría escuchar cómo el Santo Padre invoca continuamente tal reforma como una de las más urgentes y necesarias en la Iglesia. ¡Pero recordemos que la reforma de la que se habla no es "mundana" sino católica!
Creo que, en una síntesis extrema, se puede decir que el Papa valora mucho un clero cierto y humildemente orgulloso de la propia identidad, completamente ensimismado con el don de gracia recibido y por el cual, consiguientemente, es clara la distinción entre "Reino de Dios" y mundo. Un clero no secularizado, que no sucumbe a las modas pasajeras ni a las costumbres del mundo.
Un clero que reconozca, viva y proponga el primado de Dios y, de tal primado, sepa hacer descender todas las consecuencias. Más simplemente la reforma consiste en ser lo que debemos ser y buscar cada día llegar a ser lo que somos. Se trata entonces de no confiar tanto en las estructuras, en las programaciones humanas, sino y sobre todo en la fuerza del Espíritu.
ACI Prensa: Se habla con frecuencia también del "sacerdocio femenino". De hecho existe en Estados Unidos un movimiento que pretende y exige el sacerdocio y la ordenación de obispas mujeres, y que afirman haber recibido tal mandato de los sucesores de los Apóstoles.
Cardenal Piacenza:
La Tradición Apostólica, en este sentido, es de una claridad absolutamente inequívoca. La gran e ininterrumpida Tradición eclesial siempre ha reconocido que la Iglesia no ha recibido de Cristo el poder de conferir la ordenación a las mujeres.
Cualquier otra reivindicación tiene el sabor de la auto-justificación y es, histórica y dogmáticamente, infundada. En cualquier sentido, la Iglesia no puede "innovar" simplemente porque no tiene el poder para hacerlo en este caso. ¡La Iglesia no tiene un poder superior al de Cristo!
Donde vemos comunidades no católicas guiadas por mujeres, no debemos maravillarnos porque donde no es reconocido el sacerdocio ordenado, la guía obviamente es confiada a un fiel laico y, en tal caso, ¿qué diferencia hay si ese fiel es hombre o mujer? La preferencia de uno sobre otro sería sólo un dato sociológico y por tanto mutable, en evolución. Si fueran solo hombres entonces sería discriminador. El asunto no es entre hombres y mujeres sino entre fieles ordenados y fieles laicos, y la Iglesia es jerárquica porque Jesucristo la ha fundado así.
El sacerdocio ordenado, propio de la Iglesia Católica y de las Iglesia ortodoxas, está reservado a los hombres y esto no es discriminaciòn de la mujer sino simplemente consecuencia de la insuperable historidad del evento de la Encarnación y de la teología paulina del cuerpo místico, en el que cada uno tiene su propio papel y se santifica y produce fruto en coherencia con el propio lugar.
Si luego se interpreta esto en clave de poder, entonces estamos completamente fuera de órbita, porque en la Iglesia solo la bendita Virgen María es "omnipotencia suplicante", como ningún otro lo es, que resulta así en ese aspecto más poderosa que San Pedro. Pero Pedro y la Virgen tienen roles diversos y ambos esenciales. Esto lo he escuchado mucho también en no pocos ambientes de la Comunión anglicana.
ACI Prensa: Desde el punto de vista de las cifras y de la calidad, ¿cómo aparece la Iglesia Católica hoy, en comparación con su pasado reciente, y cómo se ve en el futuro?
Cardenal Piacenza:
En general, la Iglesia Católica está creciendo en el mundo, sobre todo gracias a la enorme contribución de los continentes asiático y africano. Esas jóvenes Iglesias aportan su fundamental contribución en orden a la frescura de la fe.
En las últimas décadas –si se me concede la expresión- hemos jugado rugby con la fe, chocándonos, a veces haciéndonos también mucho mal, y al final ninguno ha llegado a ningún punto. Han habido y hay problemas en la Iglesia, ¡pero es necesario mirar hacia adelante con gran esperanza!
No tanto en nombre de un ingenuo o superficial optimismo, sino en nombre de la magnífica esperanza que es Cristo, concretizada en la fe cada uno, en la santidad de cada uno y en la perenne auténtica reforma de la Iglesia.
Si el gran evento del Concilio Ecuménico Vaticano II ha sido un viento del Espíritu que ha entrado por las ventanas abiertas de la Iglesia al mundo, es necesario reconocer que, con el Espíritu, ha entrado también no poco viento mundano, se ha generado una corriente y las hojas han volado por los aires. Hay de todo, nada se ha perdido, sin embargo es necesario, con paciencia, volver a poner orden.
Se pone orden afirmando sobre todo y con fuerza el primado de Cristo Resucitado, presente en la Eucaristía. Hay una gran batalla pacífica por hacer y es la de la Adoración eucarística perpetua, para que todo el mundo haga parte de una red de oración que, unida al Santo Rosario, vivido como rumia de los misterios salvíficos de Cristo, junto a María, generen y desarrollen un movimiento de reparación y penetración.
Sueño con un tiempo cercano en el que no exista diócesis en la que no haya una iglesia o al menos una capilla en la que día y noche se adore al Amor sacramentado. ¡El Amor debe ser amado! En cada diócesis, y mejor si también en cada ciudad y pueblo, deben haber manos alzadas al cielo para implorar una lluvia de misericordia sobre todos, cercanos y lejanos, y entonces todo cambiaría.
¿Recuerdan lo que sucedía cuando Moisés tenía las manos alzadas y qué cosa sucedía cuando las dejaba caer? Jesús ha venido para portar el fuego y su deseo es que arda en todo lugar para llegar a la civilización del amor.
Este es el clima de la reforma católica, el clima para la santificación del clero y para el crecimiento de santas vocaciones sacerdotales y religiosas, este es el clima para el crecimiento de famlias cristianas verdaderas iglesias domésticas, he aquí el clima para la colaboración de fieles laicos y clérigos.
Es necesario creer todo esto verdaderamente y en los Estados Unidos siempre ha habido y hay todavía muchos recursos prometedores. ¡Adelante!
Fuente: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=34956



Presentamos nuestra traducción de la interesante entrevista que el Cardenal Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero, ha concedido recientemente al sitio Kath.net, en la cual se refiere a temas de gran importancia como la renovación del sacerdocio, la recuperación de su auténtica dignidad, la colaboración entre los fieles laicos y el clero, la crisis de las vocaciones, la sagrada liturgia, y la esencia del arte sacro.

***

Con su libro “El sello – Cristo, fuente de la identidad del sacerdote”, publicado en el 2010, usted ha recordado la identidad del sacerdocio, declarando que cualquier discurso sobre una “nueva evangelización”, objetivo principal de la Iglesia, es vano si no se basa en la renovación espiritual del sacerdote. Concretamente, ¿cómo podría configurarse la renovación del sacerdocio? ¿Qué significa que el sacerdote es “signo de contradicción” en la sociedad actual, como dijo usted una vez? ¿De dónde debe partir la Iglesia y, en particular, cómo deberían intervenir los responsables de los seminarios?

Quien renueva continuamente a la Iglesia y, en ella, al sacerdocio, ¡es el Espíritu Santo! Fuera de una visión claramente pneumática y, por eso, sobrenatural, es imposible incluso sólo pensar en una renovación. Considero que este es precisamente uno de los principales caminos por recorrer: el de la recuperación clara de la dimensión vertical, espiritual del ministerio. En las décadas pasadas, demasiados “reduccionismos”, animados por la así llamada teología de la desmitificación, han tenido como resultado el de transformar el sacerdocio simplemente en un “super-ministerio” de animación y coordinación eclesial. El sacerdote es también aquel que anima la vida pastoral de una comunidad pero ejerce tal ministerio en virtud de una vocación sobrenatural y de la configuración a Cristo, determinada por el sacramento del Orden. Antes de todo “servicio ministerial”, él representa a Jesús Buen Pastor en el corazón de la Iglesia y, concretamente, en la comunidad a la cual es enviado.

Consecuencia de esto es que la renovación deberá pasar necesariamente por el primado de la oración, de la relación íntima y prolongada con Cristo Resucitado, presente espiritualmente en las Sagradas Escrituras, realmente en la Eucaristía, y con el cual el sacerdote está perennemente en relación en el servicio concreto de cada gesto ministerial. Primado de la oración significa también primado de la fe: la fe pura y sincera de los santos, capaz de desestructurar, precisamente por su sencillez, todo cálculo humano o razonamiento. Un sacerdote así, en un contexto cultural fundado en el eficientismo y el activismo, se convierte necesariamente en signo de contradicción; como el Señor Jesús ha sido y es todavía hoy “signo de contradicción”, así, a Su imagen, todo sacerdote está llamado a serlo, precisamente en virtud de la pertenencia a Cristo y a la Iglesia, y de la “novedad perenne” que la apostolica vivendi forma es para el mundo.

En el actual contexto secularizado, son signo de contradicción los sacerdotes santos, fieles, dedicados al propio ministerio porque dedicados a Dios y capaces, por eso, de conducir a las almas a un encuentro auténtico con el Señor. Sólo quien es todo de Dios puede ser todo de la gente.

En todo esto deben esencialmente ser formadas las nuevas generaciones de sacerdotes, evitando cuidadosamente caer en la tentación de quien quisiera “normalizar” el sacerdocio, pensando, de tal modo, hacerlo más aceptable a los jóvenes y a los hombres de nuestro tiempo. Esto, por el contrario, llevaría a la “desertificación” de las vocaciones. El futuro del sacerdocio, que está garantizado a nivel sobrenatural por la fidelidad de Dios a Su Iglesia, está también, en lo que nos concierne, en la motivada preocupación de su naturaleza auténtica, que es – las Escrituras lo testimonian y la gran Tradición eclesial y magisterial lo confirma – de origen exquisitamente divino.

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El Santo Padre Benedicto XVI en su libro-entrevista con Peter Seewald, “Luz del mundo”, dice: “Es imaginable que el diablo no lograse soportar el año sacerdotal y entonces nos ha echado en cara la inmundicia. Quiso mostrar al mundo cuánta suciedad hay también precisamente entre los sacerdotes”. ¿Usted considera que es casualidad que, precisamente durante el año sacerdotal, en no pocos países del mundo haya estallado el escándalo de los abusos sexuales? ¿Y realmente ha perdido el diablo al final?

¡Usted sabe bien que la casualidad no existe! Existen, en cambio, las coincidencias y, más a menudo, las estrategias humanas, que se exponen a las instrumentalizaciones del maligno.

Hay que recordar, en primer lugar, que el demonio no venció durante el Año Sacerdotal cuando, como afirmó el Santo Padre, “nos echó en cara la inmundicia”, sino más bien cuando algunos ministros de Dios, llamados por vocación a anunciar el Evangelio y administrar los Sacramentos, abusando de la propia tarea, han herido de modo mortal jóvenes vidas inocentes. En esta perversión absoluta está la verdadera victoria del maligno, y el hecho de que tales terribles y atroces comportamientos hayan emergido durante el Año Sacerdotal no ha disminuido la verdad del sacerdocio sino que, permitiendo la necesaria penitencia y reparación por lo ocurrido, ha favorecido una conciencia más profunda de cómo el extraordinario Tesoro, donado por Cristo a Su Iglesia, es contenido en vasijas de barro.

Tal situación, que es dramáticamente inquietante, podría incluso volverse desesperante si no estuviésemos seguros de que el diablo, el cual vence por desgracia muchas batallas, ya ha perdido definitivamente su guerra ya que ha sido derrotado por la Muerte redentora de Nuestro Señor Jesucristo y por su gloriosa resurrección.

*
Con frecuencia, particularmente en países de lengua alemana, muchos sacerdotes son expuestos a presiones por parte de laicos y consejos pastorales. Casi se tiene la sensación de que ciertos laicos quieren hacerse lugar en el espacio del altar para asumir funciones ministeriales. En no pocas diócesis de lengua alemana, sacerdotes que quieren ser fieles a la Iglesia se encuentran con frecuencia solos. A veces ni siquiera los obispos diocesanos ofrecen a sus sacerdotes el apoyo necesario. ¿Cómo es visto este problema en Roma? ¿Cómo deberían y podrían ser defendidos los sacerdotes en tal situación?

En primer lugar quiero afirmar con absoluta claridad y motivado convencimiento que la colaboración entre sacerdotes y laicos es tan necesaria cuanto sacramentalmente fundada. Es necesario vivirla dentro de algunos parámetros irrenunciables tanto desde el punto de vista teológico como bajo el perfil pastoral. Hay que recordar que al ministerio del testimonio están llamados todos los bautizados y no simplemente aquellos que han recibido algún ministerio eclesial. Los fieles laicos deben ser educados en este sentido permanente del apostolado, que debe vivirse sobre todo en el mundo, en sus concretas circunstancias existenciales, familiares, afectivas, laborales, profesionales, educativas y públicas. Los laicos realmente “comprometidos” son aquellos que se comprometen a dar testimonio de Cristo en el mundo, no aquellos que suplen la eventual carencia de clero, reivindicando porciones de visibilidad dentro de las comunidades.

Partiendo de esta claridad sobre la vocación universal de los bautizados, nada excluye que ellos puedan efectivamente colaborar en el ministerio de los sacerdotes, recordando siempre, sin embargo, que entre el sacerdocio bautismal y el ministerial existe, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, retomando el Concilio Vaticano II, una diferencia esencial y no sólo de grado (cfr. CCC, n. 1547).

También en este caso se trata de redescubrir la fe en la Iglesia, que no es una organización humana, ni mucho menos puede ser gestionada con criterios “empresariales” que obedecen a leyes humanas, como la presunta o real competencia o eficiencia y el necesario reparto del poder, y que están lo más lejos posible del auténtico servicio eclesial.

Considero que precisamente esta “reducción empresarial” del modo de pensar la Iglesia es una de las causas tanto de la así llamada crisis del número de las respuestas a las vocaciones, como de las polémicas que, en sucesivas oleadas, a veces también orquestadas, se desencadenan contra el celibato sacerdotal. Todo forma parte de aquella miope “estrategia de normalización” que busca, en última instancia, expulsar a Dios del mundo borrando de él aquellos signos que, objetivamente, remiten a Él de modo más eficaz; en primer lugar la vida de aquellos que, en la fidelidad y la alegría, eligen vivir en la virginidad del corazón y en el celibato por el Reino de los Cielos, testimoniando de ese modo que Dios existe, está presente, y que por Él es posible vivir.

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¿Cómo se explica la “crisis de las vocaciones” en las actuales sociedades occidentales?

La así llamada crisis vocacional, de la cual, en realidad, se está saliendo lentamente, está vinculada, fundamentalmente, a la crisis de la de en Occidente. Donde existe se debe admitir que, en realidad, la crisis de vocaciones es crisis de fe. Dios continúa llamando pero para responder es necesario escuchar y para escuchar se necesita el clima adecuado y no el alboroto absoluto. En los mismos ambientes está en crisis la santificación de la fiesta, está en crisis la confesión, está en crisis el matrimonio, etc. La secularización y la consiguiente pérdida del sentido de lo sagrado, de la fe y de su práctica, han determinado y determinan una importante disminución del número de los candidatos al sacerdocio. A estas razones exquisitamente teológicas y eclesiales se le agregan algunas de carácter sociológico: en primer lugar, el decrecimiento, único en el mundo, de la natalidad, con la consiguiente disminución del número de los jóvenes y, por lo tanto, también de las jóvenes vocaciones.

En este panorama representan una loable excepción, cargada de entusiasmo y de esperanza, los movimientos y las nuevas comunidades, en las cuales la fe es vivida de manera genuina e inmediata, y traducida en vida concreta, y esto abre el corazón de los jóvenes a la posibilidad de entregarse por completo a Dios en el sacerdocio ministerial. Tal vitalidad, en la diferencia de expresión y de métodos, debe ser de toda la Iglesia, de cada parroquia y de cada diócesis, porque sólo una fe auténtica, significativa para la vida, es el ambiente en el cual pueden ser escuchadas las muchas llamadas que Dios dirige, también hoy, a los jóvenes. El primer e irrenunciable remedio a la disminución de las vocaciones lo ha sugerido el mismo Jesús: “Rueguen al dueño de los sembrados que envía trabajadores para la cosecha” (Mt. 9, 38). Éste es el realismo de la pastoral de las vocaciones. La oración por las vocaciones, una intensa, universal y extendida red de oración y de Adoración Eucarística que involucre a todo el mundo, es la única verdadera respuesta posible a la crisis de las respuestas a la vocación. ¡Pero se necesita fe! Donde esta actitud orante es vivida en forma estable se puede afirmar que una auténtica recuperación está teniendo lugar y que, en cierto modo, la noche ha pasado y ya amanece. Quisiera que cada diócesis tuviese un centro de adoración eucarística, posiblemente perpetua, precisamente por estas intenciones: santificación del clero y vocaciones. ¡Éste es el plan pastoral más eficaz y realista que pueda haber! De allí se irradiará también una admirable fuerza de caridad en todos los ámbitos. ¡Hay que probar para creer!

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Desde 2003 hasta su nombramiento como secretario de la Congregación para el Clero por parte del Papa Benedicto XVI en el 2007, usted ha sido presidente de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia; desde el 2004 también Presidente de la Pontificia Comisión para la Arqueología Sacra. ¿Cómo juzga el estado actual del “ars sacra” que a menudo es confundido con el “ars religiosa”?

El argumento es muy amplio y merecería ser afrontado con la amplitud apropiada ya que toda realización artística habla de la idea de hombre y de Dios que tenemos, como también todo “edificio iglesia” que se construye habla tanto de la idea de Iglesia que tenemos como, sobre todo, de la experiencia de Iglesia que vivimos. La Iglesia no es una realidad sociológica humana, no es una reunión de personas que creen en lo mismo. Es el Cuerpo de Cristo, nuevo Pueblo sacerdotal, Presencia divina en el mundo.

Toda auténtica expresión de arte sagrado y toda nueva iglesia deberían ser ante todo reconocibles como tales. Todo hombre, todo transeúnte, del niño al anciano, del culto al analfabeto, del creyente al ateo, debería poder decir inmediatamente: “¡Esa una obra de arte! ¡Esa es una iglesia!”. Esta última, además, debe ser monumental, es decir, debe hablarnos de la grandeza de Dios y debe, por lo tanto, ser diferente, también por proporciones, de cualquier otro edificio. Una iglesia, y todo el arte sacro, para ser tal, no deben obedecer tanto a la originalidad subjetiva del arquitecto o artista singular como a la fe genuina y sincera del pueblo, que en ella y a través de ella rezará. No son “monumentos” a la genialidad del individuo sino lugares e instrumentos de culto, dedicados a Dios, en los cuales y a través de los cuales encontrar a Dios y reunirse como Su Pueblo.

*
En su opinión, ¿qué tan importante es la celebración de la liturgia para la esencia de la vida de la comunidad y también para la misión de una nueva evangelización de los países de antigua cristianización?

Varias veces el Santo Padre ha recordado que, con la Liturgia, vive o muere la fe de la Iglesia. Ella es, al mismo tiempo, un espejo en el cual se refleja la fe, y un alimento que constantemente la nutre, la purifica y la sostiene. El antiguo adagio “lex orandi, lex credendi” obviamente mantiene todavía hoy toda la propia validez y eficacia.

En no pocos casos, el mencionado intento de desmitificación ha implicado también a la Liturgia produciendo, como único y devastador efecto, el de reducirla nuevamente y paradójicamente a “ritos pre-cristianos”, simbólicamente interpretables y expuestos, por tanto, a toda posible deriva subjetivista y relativista. La Liturgia no es principalmente un actuar humano, en el cual los individuos pueden expresar libremente la propia emocionalidad subjetiva, o en el que sería necesario hacer o decir algo para participar; ella es principalmente acción de Cristo, el cual, vivo y presente en Su Iglesia, rinde culto al Padre, atrayendo, en esta acción humano-divina, a nosotros los hombres.

Cristo Resucitado es el verdadero protagonista de la historia y de la Liturgia, y toda acción humana que quiera ser realmente litúrgica debe obedecer a este imprescindible criterio y debe buscar orientar el corazón de los fieles hacia el reconocimiento del primado absoluto de Dios.
Haber reducido o banalizado la Liturgia es una responsabilidad gravísima, no independiente de la pérdida del sentido de lo sagrado, de la que Occidente es víctima y que se deriva, una vez más, de la desmitificación radical promovida por cierta teología, creyendo ser “científica”.

La respuesta a todo esto puede encontrarse, sin embargo, en el corazón del hombre, el cual, a pesar de todo, está hecho por Dios y es constitutivamente religioso, por lo tanto abierto a lo trascendente y al sentido de lo sagrado. Una Liturgia cristocéntrica, correctamente celebrada, eclesialmente significativa y que sea la realización de “Él [Cristo] debe crecer y yo, en cambio, disminuir” (cfr. Jn. 3, 30), de joánea memoria, contribuye ciertamente a la nueva evangelización de Europa y a la recuperación del sentido de lo sagrado, sin el cual incluso el necesario diálogo con las otras culturas y tradiciones religiosas sería imposible.

*
Le agradecemos a su Eminencia por la entrevista e invocamos sobre usted la bendición de Dios
***
Fuente: Kath.net


A.M.G.D

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El sacerdocio católico, entre la crisis de fe y los ataques del Maligno

jueves, 29 de septiembre de 2011

MAS SOBRE LOS ANGELES

Fiesta de San Miguel Arcángel  – Su origen – Culto que rendimos a los Ángeles – Espíritu de este culto – Fiesta de los Ángeles custodios – Origen de la fiesta de los Ángeles custodios – Nuestros deberes respecto del Ángel custodio.
Antigüedad del culto de los Ángeles
El culto de los Ángeles es tan antiguo como el mundo, pues vemos  que se les invoca en el Antiguo Testamento, y los mismos gentiles les rendían homenajes supersticiosos. La Iglesia católica, heredera de todas las tradiciones verdaderas, ennobleció, purificó y consagró desde su origen el culto de los santos Ángeles, sobre cuyo punto están acordes los Padres de Oriente y Occidente. Sin embargo, habiendo rendido algunos herejes un culto idólatra a los Ángeles, la Iglesia de Oriente creyó que debía valerse de cierta reserva en las honras que dirigió a estos espíritus bienaventurados, temiendo que los sectarios se aprovechasen para fortalecerse en sus errores; pero no abrigando temor semejante la Iglesia de Occidente se expresó más libremente sobre la invocación de los Ángeles.
Es indudable que se les invocaba mucho tiempo antes de habérseles destinado fiestas y templos, y no se les había señalado un día particular, porque su culto estaba como incorporado en todas las oraciones públicas, en todos los sacrificios públicos, y  por consiguiente en todas las fiestas de la Iglesia. Se hace mención de los Ángeles en el Prefacio y en el Canon de la misa; en el Salterio, que compone casi todo el oficio canónico; reiteramos con muchísima frecuencia la memoria de los Ángeles; las Letanías, que ascienden a la más remota antigüedad, y son como un compendio de las oraciones generales de la Iglesia, nombran a los Ángeles después de María, su augusta Reina: y así como se celebra una fiesta general de la Trinidad, del Santísimo Sacramento y de todos los Santos antes que hubiera solemnidades particulares establecidas en honra suya, del mismo modo se celebra la fiesta general de todos los Ángeles, cuyo culto enlaza a toda la liturgia católica, antes que se les hubiese designado fiestas o templos particulares. Sin embargo la Iglesia, llena de gratitud hacia los espíritus administradores que velan por su defensa y cooperan a la salvación de sus hijos, estableció dos fiestas especiales para satisfacer el tributo de su devoción. La primera es la de San Miguel, príncipe de la milicia celestial, y la segunda la de todos los santos Ángeles, y en particular en Ángel custodio. Explicaremos en breves palabras el origen de esta doble solemnidad. En la época que el Creador había señalado para poner a prueba la fidelidad de los Ángeles, un gran número de ellos, enorgullecidos con su propia excelencia, se alzaron contra el Autor de tantos donde sublimes. El Arcángel san Miguel precipitó en el abismo a los rebeldes con la impresión irresistible del nombre de Dios, victoria expresada por el mismo nombre de este Arcángel Quis sicut Deus? ¿Quién cómo Dios? San Miguel ha sido mirado siempre como el Ángel defensor de las naciones fieles; antiguo protector de Francia, el rey  Luis XI le tomó por patrono de la Orden militar establecida bajo su nombre en 1469.
Fiesta de San Miguel
El glorioso Arcángel apareció en 493 en el monte Gargano en Italia. Esta aparición fue muy consoladora y muy célebre, y en reconocimiento de los beneficios que procuró a la Iglesia el enviado del Omnipotente, se estableció una fiesta para recordar este acontecimiento y en honra de San Miguel; fiesta que desde el siglo V se celebra el 29 de setiembre, y que era en otro tiempo muy solemne en varios países de Occidente.
He aquí lo que leemos en las leyes eclesiásticas publicadas en 1014 por Etelredo rey de Inglaterra: “todo cristiana que tenga la edad prescrita ayunará tres días a pan y agua, no comiendo más que raíces crudas, antes de la fiesta de san Miguel, e irá a confesar y a la Iglesia con los pies descalzos… Cada sacerdote irá tres días con los pies descalzos en procesión con su pueblo, y caea cual preparará los víveres que necesite para tres días, observando si embargo que no haya de gordo, y que se distribuya todo a los pobres. Todos los servidores serán dispensados del trabajo durante estos tres días para celebrar mejor la fiesta, o  no habrán sino lo necesario para su uso. Estos tres días son el lunes, el martes y el miércoles antes de la fiesta de san Miguel.”
Aunque sólo se nombra a san Miguel en el título de esta fiesta, según la oraciones de la Iglesia, forman, según parece, su objeto todos los santos Ángeles, de lo cual se desprenden una verdad magnífica y propia para estrechar los lazos de caridad que nos unen, y es que la Iglesia quiere indudablemente que honremos a los Ángeles y a los Santos, y celebremos su fiesta con espíritu de unidad y universalidad, considerándolos a todos como un solo cuerpo y un solo santo, que es el cuerpo de Jesucristo. Es difícil honrar un miembro sin que esta honra se comunique a todos los demás miembros del cuerpo; la gloria y la alegría de cada uno de ellos es común a todos, y la que es común a todos es propia de cada uno de ellos en particular. Si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él, dice San Pablo. Así pues, la fiesta de cada santo es la de todos los demás Santos. Por esta razón se celebra en otro tiempo la fiesta de todos los Apóstoles en un solo día, porque no puede celebrarse la de uno de ellos sin que todos sean de ella partícipes.
Estas reflexiones son más necesarias respecto de los Ángeles, a todos los cuales honramos generalmente el día de la fiesta de San Miguel. La Iglesia no permite que se haga mención más que de tres Ángeles, cuyos nombres se nos han indicado en la Escritura, y sin embargo desea que honremos a muchos millones. Por consiguiente no debemos prestarles homenajes por medio de fiestas particulares, sino estando en la firme persuasión de que cuando nombremos u honremos a uno de ellos, los comprendemos y reverenciamos a todos, como si todos no compusieran más que una santa ciudad, cuya majestad y preeminencias representa cada uno de ellos.
Medios de honrar a los santos ángeles
Hablemos, aunque brevemente, del culto que rendimos a los Ángeles, y del modo de celebrar su fiesta. El culto supremo, llamado de latría, sólo pertenece a Dios, y no podríamos rendirlo a la criatura sin incurrir en la más monstruosa idolatría, y sin ser culpables del crimen de alta traición contra la Majestad divina. Es idólatra el que ofrece sacrificio a un ser que no es Dios, y le atribuye directa o indirectamente algún atributo de la Divinidad; pero existe una honra de orden inferior que debemos a ciertas criaturas por su superioridad o excelencia. Tal es la que la misma ley de Dios nos prescribe que prestemos a nuestros padres, a los príncipes, magistrados, y a todas las personas constituidas en dignidad; tal es igualmente la honra mezclada de sentimientos de religión que, según los Libros santos y la ley natural, debemos a los sacerdotes o a los ministros del Altísimo, y que los Reyes, hasta los más malos rendían con frecuencia a los Profetas, aunque eran hombres oscuros y despreciables a los ojos del mundo.
En esta honra se diferencia, como se ve, infinitamente de la que solo pertenece a Dios; no puede serle injuriosa, y se refiere a las criaturas en tanto que sus perfecciones son dones de la bondad divina. Cuando manifestamos respecto de un embajador, honramos al soberano que le ha hecho depositario de una parte de su autoridad, porque el soberano es el fin ulterior de los sentimientos que manifestamos. La escritura acude sobre este punto en apoyo de la ley natural. Pagad a todos lo que se les debe… a quien honra, honra. “Honrad, dice San Bernardo con este motivo, honrad a cada cual según su dignidad.”
En cuanto al modo de celebrar dignamente las fiestas de los Ángeles, para no apartarnos del espíritu de la Religión, debemos: 1º dar gracias a Dios por la gloria con que colma a estas divinas criaturas, y regocijarnos con la felicidad con que aquellas se regocijan; 2º manifestar nuestro reconocimiento al Señor por haber confiado en su misericordia el cuidado de nuestra salvación a estos espíritus celestiales que nos hacen continuamente los esfuerzos de su celo y de su cariño; 3º unirnos a ellos para ensalzar y adorar a Dios, y para pedirle la gracia de hacer su voluntad en la tierra, como lo hacen los Ángeles en el cielo, y proporcionarnos nuestra santificación imitando la pureza de estos espíritus bienaventurados con los cuales estamos unidos de un modo tan íntimos; 4º honrarlos no sólo con fervor, sino implorar también el auxiliuo de su intercesión.
Devoción al ángel custodio
Nos queda hablar del Ángel custodio. En primer lugar, ¿hay hay algo más conveniente para dar al hijo de Adán, a este niño que se arrastra por el poolvo, que riega con sus lágrimas el camino de la vida, que lo recorre como si dijéramos cuál el más ínfimo de los seres, que se siente encadenado, por el peso de una naturaleza corrompida, hacia todo lo más vil y abyecto; se conoce algo más propio para ennoblecer a sus ojos, y hacerlo respetable y sagrado a los ojos de los demás, que la fiesta del Ángel custodio? Hijo del polvo, acuérdate, le dice la Iglesia en este día, de que eres hijo del Eterno. El Monarca de los mundos ha comisionado cerca de ti un príncipe de su corte, y le ha dicho: Marcha, toma a mi hijo de la mano, vigila todos sus pasos, y hazle conocer sus necesidades, deseos y suspiros. Durante el día, permanece a su lado en su camino, y por la noche, en pie a la cabecera de su lecho. Tómale en  brazos, no sea que se dañe el pie contra la piedra; está confiado a tu cuidado; le traerás en tus brazos al pie de mi trono el día que haya señalado para introducirle en mi reino, su inmortal herencia. He aquí lo que nos dice, y otras muchas cosas más en la fiesta del Ángel custodio. La Iglesia católica, que es reparadora universa, ¿podría olvidarse de celebrarla? Por el contrario, ha hecho todo lo que ha podido para sensibilizar y hacer que estuviera siempre presente la creencia del Ángel custodio. Desde la cuna hasta el sepulcro nos habla del Príncipe de la corte celestial que vela en defensa de nuestro cuerpo y de nuestra alma, que ve todas nuestras acciones y, da cuenta de ellas al Dios del cielo, padre y juez de todos los hombres.
Fiesta de los Ángeles custodios
No bastando, si embargo, todo esto a su solicitud, la Iglesia ha establecido una fiesta particular para honrar a los Ángeles custodios de sus hijos. Fernando de Austria, que después fue emperador, alcanzó a principios del siglo XVII del Papa Paulo V que pudiera hacerse el oficio del Ángel custodio, y se celebrase su fiesta. Esta interesante solemnidad se esparció muy pronto por toda la Iglesia, y no se ha interrumpid desde aquella época. En efecto, ¿no son los mismos, es decir, poderosos innumerables y queridos a los corazones honrados los motivos que tenemos para celebrarla? Hasta parece que cuanto más avanzamos  en la vida y más se acerca el mundo a su fin, más imperiosas son las razones de honrar a los Ángeles buenos. ¿No es testigo cada día de nuestra existencia, y la del mundo, de algún nuevo beneficio de los Ángeles custodios? Díganme pues, estos nuevos beneficios ¿no son títulos a nuestra gratitud y a nuestra devoción?
Dice San Bernardo que para cumplir los deberes que se nos han impuesto respecto de nuestro Ángel custodio, es preciso rendirle un triple homenaje: el del respeto, el de la devoción y el de la confianza. Le debemos el respeto por su presencia, la devoción por su caridad, y la confianza por su vigilancia. Penetrados del respeto, hay que ir siempre con circunspección, recordando sin cesar que estamos en presencia de los Ángeles encargados de guiarnos por nuestras sendas; y en cualquier lugar que estemos, por secreto que sea, tenemos que respetar a nuestro Ángel custodio. ¿Se atreverían a hacer delante de él lo que no quisieran hacer en mi presencia?
No solamente debemos respetar a nuestro Ángel tutelar, sino también amarle. Es un custodio fiel, un verdadero amigo, un protector poderoso; a pesar de la excelencia de su naturaleza, su caridad le inclina a encargarse del cuidado de defendernos y protegernos, y vela por la conservación de nuestros cuerpos, a los que los demonios tienen a veces el poder de dañar. Pero ¿qué no hace por nuestras almas? Nos instruye, nos anima, nos exhorta interiormente, y nos advierte nuestros deberes con secretas reprensiones; ejerce respecto de nosotros la misión que ejercía con los judíos aquel Ángel que los guiaba a la tierra prometida, y hace por nosotros lo que Rafael para el joven Tobías; nos sirve de guía en medio de los peligros de esta vida. ¡De cuán profunda gratitud, respeto, docilidad y confianza hemos de estar animados para con nuestro Ángel custodio! ¿Cómo podremos agradecer bastante la divina misericordia por el don inapreciable que nos ha hecho?
Reflexionando Tobías sobre los señalados favores que había recibido del ángel Rafael, dice a su padre: “¿Qué recompensa podríamos darle que fuera proporcionada a los bienes de que nos ha colmado? Me ha llevado y vuelto con perfecta salud, ha cobrado el dinero de Gabelo, me ha hecho tener la mujer con quien me he casado, ha apartado de ella el demonio, ha llenado de alegría a sus padres, me ha libertado del pez que iba a devorarme, ha hecho que veas la luz del cielo, y por medio del él hemos sido llenos de todos los bienes. En vista de esto ¿qué le podremos dar que sea correspondiente?” Tobías y sus padres, penetrados de la más profunda gratitud, cayeron en tierra sobre su rostro durante tres horas y bendijeron a Dios. Tratemos de participar de iguales sentimientos. “Amemos, dice san Bernardo, amemos tiernamente en Dios a los Ángeles, esos espíritus bienaventurados que serán un día compañeros nuestros y coherederos en la gloria, y que actualmente son nuestros tutores y custodios. Seamos devotos y agradecidos para con semejantes protectores, y amémosles y honrémosles en cuanto somos capaces”.
Debemos tener además una tierna confianza en la protección de nuestro Ángel custodio. “Por débiles que seamos, dice también san Bernardo, por miserable que sea nuestra condición y grandes los peligros que nos rodean, no hemos de temer bajo la protección de tales custodios… Siempre que sean acometidos por alguna tribulación o tentación violenta, imploren el auxilio del que los guarda, los guía y los asiste en todas sus penas.”.
Pero para merecer su protección debemos, ante todo, evitar el pecado, pues las faltas le afligen, aunque sean veniales. “Así como el humo ahuyenta las abejas, dice san Basilio y el mal olor las palomas, del mismo modo la infección del pecado ahuyenta Ángel encargado del cuidado de custodiarnos”. La impureza es especialmente un vicio que horroriza sobremanera a los espíritus celestiales, y los Ángeles de los niños que escandalizamos claman venganza contra nosotros. “Enviaré, dice el Señor, mi Ángel que vaya delante de ti, y te guarde en el camino y te introduzca en el lugar que he preparado. Reverénciale, y escucha su voz, ni juzgues que se le ha de despreciar; porque cuando pecares no te lo pasará, y en él está mi nombre. Mas si oyeres  su voz, e hiciéres todo lo digo, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligen. E irá delante de ti mi Ángel, y te  introducirá en la tierra que te ha preparado”
Oración
Dios mío que eres todo amor, te doy gracias por haber enviado tus Ángeles para custodiarme: dame la gracia de que yo sea un ángel delante de ti por la pureza de mi corazón y mi prontitud en hacer tu santa voluntad. Me propongo amar a Dios sobre todas las cosas, y a mi prójimo como a mí mismo por amor a Dios; y en testimonio de este amor, rezaré todos los días con fervor a mi Ángel custodio.

HOY 29 SEPTIEMBRE RECORDAMOS A SAN MIGUEL ARCANGEL

"¿QUIÉN COMO DIOS?"
 

-Obra de Madre Adela Galindo, Fundadora
SCTJM
Se lo representa con el traje de Guerrero o de Soldado Centurión como Príncipe de Milicia Celestial que es.
¿Quién es San Miguel Arcángel?
San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama "Príncipe de los espíritus celestiales", "jefe o cabeza de la milicia celestial". Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.
Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno.
La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.
Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad. Significa "Quién como Dios".
Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles. San Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la corte celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza: "¡¿Quién como Dios?!." Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen.

En el Antiguo Testamento
San Miguel aparece como el guardián de la nación hebrea.
En el libro de Daniel, Dios envía a San Miguel para asegurarle a Daniel su protección.
"Y ahora volveré a luchar con el príncipe de Persia...Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro príncipe, mi apoyo para darme ayuda y sostenerme." -Daniel 10:13.
"En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" -Daniel 12:1
El pueblo del profeta eran los judíos. Por lo tanto, es aceptado que el ángel que el Señor había asignado a los Israelitas en los días de Moisés, para guiarles a través del desierto y llevarlos por las naciones idólatras que destruiría por medio de ellos, es el mismo San Miguel.


En el libro del Exodo el Señor dijo a los Israelitas:
He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado. Pórtate bien en su presencia y escucha su voz: no le seas rebelde, que no perdonara vuestras transgresiones, pues en el esta mi Nombre. si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios. Mi ángel caminara delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y yo los exterminaré. No te postrarás ante sus dioses, ni les darás culto, ni imitaras su conducta; al contrario, los destruirás por completo y romperás sus estelas. Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios". -Ex 23:20.
Después de la muerte de Moisés, según la tradición judía (referida en Judas 9) San Miguel altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés. En obediencia al mandato de Dios, San. Miguel escondió la tumba de Moisés, ya que la gente y también Satanás querían exponerla para llevar a los Israelitas al pecado de idolatría.
San Miguel recibió de Dios el encargo de llevar a término sus designios de misericordia y justicia para su pueblo escogido. Vemos como Judas Macabeos antes de iniciar cualquier batalla en defensa de la ley y del Templo clamaba la ayuda de San Miguel y le confiaban su defensa:
En cuanto los hombres de Macabeos supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lagrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.... Cuando estaban cerca de Jerusalén apareció poniéndose al frente de ellos un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro. Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y sintieron enardecerse sus ánimos  -2 Mac 11:6
Tu, soberano, enviaste tu ángel a Exequías, rey de Juda, que dio muerte a cerca de ciento ochenta y cinco mil hombres del ejercito de Senaquerib. Ahora también, Señor de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para infundir el temor y el espanto. ¡Que el poder de tu brazo hiera a los que han venido blasfemando a atacar a tu pueblo santo! -2 Mac 15:22.
En la actualidad, los judíos invocan al Arcángel Miguel como el principal defensor de la sinagoga y como protector contra sus enemigos. En la fiesta de la expiación concluyen sus oraciones diciendo: "Miguel, príncipe de misericordia, ora por Israel".
En la Nueva Alianza
La posición de San Miguel es también muy importante en el N.T. donde continúa su poderosa defensa.  Con sus ángeles, el libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles rebeldes, los cuales son arrojados del infierno.  Es por eso venerado como guardián de la Iglesia.
"Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron pero no prevalecieron y no hubo ya en cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero"   -Apocalipsis 12,7-9
La carta de Judas se refiere a San Miguel en batalla contra Satanás.
El honor y la veneración a San Miguel, como testifican los padres de la Iglesia, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se le han atribuido un sin numero de beneficios espirituales y temporales. El emperador Constantino, atribuyó a este arcángel, las victorias sobre sus enemigos y por ello le construyo cerca de Constantinopla una magnifica iglesia en su honor. Esta se convirtió en lugar de peregrinación y muchos enfermos recibieron sanación gracias a la intercesión de San Miguel.

Se nos enseña en la Tradición que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y esta de pie ante el altar como nuestro intercesor y el portador de las oraciones de la Iglesia ante el Trono de Dios. En el Canon #1 de la Misa: "que tu ángel presente ante Ti las oraciones de tu Iglesia"
Es muy interesante notar en las apariciones marianas que han incluido manifestaciones de San Miguel, que su relación con la Eucaristía, y a la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad:
Fátima: En 1916 se les aparece el ángel por primera vez. Se arrodilla en tierra inclina la frente hasta el suelo y pidió que oraran con el: "Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman".
Segunda aparición: "¡Rezad, rezad mucho. Los corazones de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!"
Tercera aparición: Se aparece con un cáliz en sus manos sobre el cual esta suspendida una Hostia, de la cual caían gotas de sangre al cáliz. Dejando el cáliz y la hostia suspensos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces: "Santísima Trinidad, Padre , Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores".
Después se levantó y dio la Hostia a Lucia, y el contenido del Cáliz a Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: "Tomad el Cuerpo y bebed la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

San Miguel continua su ministerio angélico en relación a los hombres hasta que nos lleva a través de las puertas celestiales. No solo durante la vida terrenal, San Miguel defiende y protege nuestras almas, el nos asiste de manera especial a la hora de la muerte ya que su oficio es recibir las almas de los elegidos al momento de separarse de su cuerpo.
En la liturgia la Iglesia nos enseña que este arcángel esta puesto para custodiar el paraíso y llevar a el a aquellos que podrán ser recibidos ahí. A la hora de la muerte, se libra una gran batalla, ya que el demonio tiene muy poco tiempo para hacernos caer en tentación, o desesperación, o en falta de reconciliación con Dios. Por eso es que en estos momentos se libra una gran batalla espiritual por nuestras almas. San Miguel, esta al lado del moribundo defendiéndole de las asechanzas del enemigo.
Anécdota: San Anselmo cuenta de un religioso piadoso que a punto de morir recibía grandes asaltos de demonio. El demonio se le apareció acusándole de todos los pecados que había cometido antes de su bautismo (tardío). San Miguel se aparece y le responde que todos esos pecados quedaron borrados con el Bautismo. Entonces Satanás le acusa de los pecados cometidos después del Bautismo. San Miguel le contesta que estos fueron perdonados en la confesión general que hizo antes de profesar. Satanás, entonces, le acusa de las ofensas y negligencias de su vida religiosa. San Miguel declara que esos han sido perdonados por sus confesiones y por todos los buenos actos que hizo durante su vida religiosa, en especial la obediencia a su superior, y que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de su enfermedad vividos con resignación y paz.
En los escritos de San Alfonso de Ligorio encontramos: "Había un hombre polaco de la nobleza que había vivido muchos años en pecado mortal y lejos de la vida de Dios. Se encontraba moribundo y estaba lleno de terror, torturado por los remordimientos, lleno de desesperación. Este hombre había sido devoto de San Miguel Arcángel y Dios en su misericordia permitió que este arcángel se le apareciera.   San Miguel le alentó al arrepentimiento, diciéndole que había orado por el y le había obtenido mas tiempo de vida para que lograra la salvación. Al poco rato, llegan a la casa de este hombre 2 sacerdotes dominicos, que dijeron se les había aparecido un extraño joven pidiéndoles que fueran a ver a este hombre moribundo. El hombre se confesó con lágrimas de arrepentimiento, recibió la Santa Comunión y en brazos de estos dos sacerdotes murió reconciliado con Dios.

ORACIONES A SAN MIGUEL
    La oración a San Miguel del Papa León XIII
En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?
El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.
¿Qué vio León XIII?  "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito.
Oración:
"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."
(Aunque no es obligación, se puede continuar con gran provecho  la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Conc. Vat. II.) 
Un día San Miguel Arcángel apareció a la devota Sierva de Dios Antonia De Astónac. El arcángel le dijo a la religiosa que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones. Estas nueve plegarias corresponden a los nueve coros de ángeles. La corona consiste de un Padrenuestro y tres Ave Marías en honor de cada coro angelical.
Promesas: A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones: Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aun mas, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.
En esta coronilla invocaremos a los nueve coros de ángeles. Después de cada invocación rezaremos 1 Padre Nuestro y 3 Avemarías. Ofreceremos esta coronilla por la Iglesia, para que sea defendida de todas las asechanzas del demonio, y por los que están mas alejados de Dios.
CORONILLA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Se comienza la Corona rezando en la medalla, la siguiente invocación:
En el Nombre del Padre....
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, etc.
I. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas y así recibir dignamente en nuestros corazones, el fuego de la Caridad Perfecta. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
II. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado, y seguir el camino de la Perfección Cristiana. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
III. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones, el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
IV. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Potestades, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
V. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Dominaciones, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
VI. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de las Virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
VII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de obediencia. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
VIII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Los Arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la perseverancia final en la Fe, y en las buenas obras, y así nos lleve a la Gloria del Paraíso. Amén.

IX. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal, y nos guíen a la Gloria Eterna. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías
Se reza un Padre Nuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles:
*En honor a San Miguel ...... 1 Padre Nuestro
*En honor a San Gabriel...... 1Padre Nuestro
*En honor a San Rafael........ 1 Padre Nuestro
*En honor a nuestro ángel de la Guarda..... 1 Padre Nuestro
O Glorioso Príncipe San Miguel, Jefe Principal de la Milicia Celestial, Guardián fidelísimo de las almas, Vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel Servidor en el Palacio del Rey Divino,...Sois nuestro admirable Guía y Conductor.
Vos brilláis con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, libradnos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a vos. Asistidnos con vuestra afable protección para que seamos mas y mas fieles al servicio de Dios todos los días de nuestra vida.
V. Rogad por nosotros, O Glorioso San Miguel,
Príncipe de la Iglesia de Jesucristo....
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor.
Oración
Omnipotente y Eterno Dios, os adoramos y bendecimos. En vuestra maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, habéis escogido al Glorioso Arcángel, San Miguel, como Príncipe de Vuestra Iglesia.
Humildemente os suplicamos, Padre Celestial, que nos libréis de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitáis que ningún espíritu maligno se nos acerque, para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor Nuestro, guiadnos por medio de este mismo Arcángel. Enviadle que nos conduzca a la Presencia de Vuestra Excelsa y divina Majestad. Os lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Novena a San Miguel Arcángel

¿Por qué necesitamos a San. Miguel en estos tiempos?
Como remedio contra los espíritus infernales que se han desencadenado en el mundo moderno, somos llamados a invocar y buscar la ayuda de San. Miguel Arcángel. Dice el Cardinal Mermillod: "En estos tiempos, cuando la misma base de la sociedad esta tambaleándose como consecuencia de haber negado los derechos de Dios, debemos revivir la devoción a San Miguel y con el gritar: "¡¿Quién como Dios?!"
San Francisco de Sales: "La veneración a San Miguel es el mas grande remedio en contra de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos de Dios, en contra del ateísmo, escepticismo y de la infidelidad."
Precisamente, estos vicios son muy evidentes en nuestros tiempos. Mas que nunca en nuestra era actual necesitamos la ayuda de San. Miguel en orden a mantenernos fieles en la Fe. El ateísmo y la falta de fe han infiltrado todos los sectores de la sociedad humana. Es nuestra misión como fieles católicos confesar nuestra fe con valentía y gozo, y demostrar con celo nuestro amor por Jesucristo.
Como individuos, como naciones, como Iglesia, estamos en gran batalla espiritual. Es nuestro deber de amor usar todas las armas espirituales para batallar con amor, fortaleza y astucia. La Virgen dijo a la Venerable María Agreda: "Mi hija, no hay palabras humanas que puedan describir el horror del mal que hay en Lucifer y en sus secuaces; y como sus dardos están dirigidos a la destrucción del hombre. Su gran malicia, su astucia, sus mentiras, sugerencias, sus insinuaciones y tormentos se dirigen a la mente y al corazón humano. El trata de aplastar toda obra buena, de destruirla, de esconderla. Toda la malicia que su mente es capaz de poseer quiere inyectarla en las almas. Contra estos ataques, Dios da su admirable protección, si el hombre tan solo cooperara y correspondiera.
En 1994, antes de la Conferencia en el Cairo, donde se libraba una gran batalla entre la luz y la oscuridad; donde se determinaban temas de gran impacto para el futuro moral y social de la humanidad, su SS Juan Pablo II, pidió a todos los fieles católicos, que rezáramos la oración de San Miguel por la intención de esa conferencia.
Si en tiempo de tentación, tenemos el coraje de reprender al maligno y clamar la asistencia de San Miguel, el príncipe de la milicia celestial, el enemigo por seguro saldría huyendo. Si deseamos tener su protección, debemos imitar sus virtudes, especialmente su humildad y su celo por la gloria de Dios.

San Miguel ha aparecido en muchas ocasiones a aquellos que invocaron su ayuda. He aquí algunas:
ESPAÑAGarabandal
FRANCIA:
Juana de Arco, Santa. Un caso muy conocido y autentico es la asistencia que este arcángel dio en la extraordinaria misión que el Señor le había encomendado de ayudar al rey francés a restaurar la paz y prosperidad en su reino y expulsar a los enemigos de sus costas.
Monte de San Miguel.
En Francia, también se apareció en el Monte San Miguel, donde hay un famoso santuario consagrado a este Arcángel. Tiene la característica de que 2 veces al mes, las olas cubren la carretera de acceso y el lugar se convierte temporalmente en isla.

ITALIA
Roma, Santa María la Mayor

Gargano

KOREA
Naju

Donde una estatua de la Virgen ha estado llorando sangre y dando mensajes a Julia Kim, han habido ya siete milagros Eucarísticos. Entre ellos en presencia de Obispos y Cardenales, Julia recibió la Eucaristía de parte de San Miguel Arcángel.

MEXICOSan Miguel del Milagro, Tlaxcala

PORTUGALFátimaVer San Miguel y la Eucaristía, arriba
Estas son solo unas pocas de las conocidas apariciones de San Miguel. Aparte de las extraordinarias apariciones visibles, el arcángel San Miguel está invisiblemente activo para ayudarnos, ya que el Señor le dio un amor compasivo por los hombres y no hay alma que escape su atención.
San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.